El Diario de Hoy
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Turistas sobran en el mundo, pero atraerlos a un país,
conseguir que la pasen bien y además lograr que vuelvan una y más
veces, es la parte difícil del asunto.
Desarrollar el turismo implica crear antes la adecuada infraestructura
vial y hotelera, entrenar a los agentes que se relacionan con los viajeros,
ocuparse de su seguridad y velar por la higiene y belleza de los parajes
que visiten. Hay turistas, pero son pocos los que andan tras los sitios
nuevos y exóticos, aunque la mayoría busca comodidad,
buenos precios y limpieza.
O como decía el anuncio de una importante cadena hotelera: ¡Qué
grato es volver a un hotel donde funciona el aire acondicionado y hay
agua corriente, después de pasarse el día en monumentos,
ruinas arqueológicas y mercados populares!
En otras palabras, contar con lindas playas, hermosos volcanes y pueblos
coloridos, no es suficiente: las playas deben ser limpias, tiene que haber
fácil acceso a los volcanes y uno debe andar por las plazas de
un pueblo sin que lo asalten. Nada de eso está garantizado en El
Salvador.
Comencemos por las playas. Las hay muchas y lindas, pero no tan lindas
como las del Caribe. Además la mejor parte de ellas está
invadida de champas insalubres, prostíbulos, bebederos llenos de
borrachos, suciedad por doquier, niños desnudos y con frecuencia
gente mal educada.
Encima de eso las alcaldías locales venden o regalan espacios en
las playas para que toda clase de gente haga allí construcciones
permanentes y alquilen habitaciones que no cuentan con servicios sanitarios.
Con probabilidad, cada cierto número de esas champas tiene su bebedero
y su lupanar, lo que puede ser muy pintoresco para un aficionado a la
fotografía pero que causa náuseas a los turistas que queremos
atraer al país.
Mientras no se recuperen y limpien las playas en estricto cumplimiento
de las normas constitucionales, es utópico pensar que con ellas
se va a levantar una industria turística.
Además hay que poner orden en la anárquica costumbre de
disponer de bienes nacionales (las playas) para beneficio de aprovechados
y sinvergüenzas, lo que causa grave daño a los lugareños
al ahuyentar potenciales compradores de servicios y comida.
El turista versus los asaltantes
Los accesos a volcanes y parajes de interés turístico han
mejorado muchísimo con la obra vial realizada por la anterior administración
de Flores. Se puede ir rápidamente y en excelentes caminos y carreteras,
a la mayor parte del territorio; el único problema son los puntos
de asalto, como los hay hacia el Boquerón, existen por todo
Usulután, abundan en la carretera que une Sonsonate y Santa Ana,
se dan camino al Cerro Verde y surgen espontáneos por todo el territorio.
A esto se agrega que tan pronto se inaugura una carretera, se llena de
vendedores que estrechan su paso.
En esto del turismo hay que ir en forma organizada creando los conjuntos
de hotel, pueblo agradable, seguridad y limpieza. Un lugar potencialmente
bueno es el puerto de La Libertad, pero antes hay que ayudar a los lugareños
a organizarse, limpiar sus playas, brindar seguridad. Allí se encuentra
un oleaje para surfing que está entre los mejores del
mundo.
Por desgracia los surfeadores se exponen a asaltos y a enfermarse del
estómago por comer chucherías sin control.