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La nota del día
Hay lindas playas pero muy sucias

Un lugar potencialmente bueno es el puerto de La Libertad, pero antes hay que ayudar a los lugareños a organizarse, limpiar sus playas, brindar seguridad.

Publicada 3 de agosto 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Turistas sobran en el mundo, pero atraerlos a un país, conseguir que la pasen bien y además lograr que vuelvan una y más veces, es la parte difícil del asunto.

Desarrollar el turismo implica crear antes la adecuada infraestructura vial y hotelera, entrenar a los agentes que se relacionan con los viajeros, ocuparse de su seguridad y velar por la higiene y belleza de los parajes que visiten. Hay turistas, pero son pocos los que andan tras los sitios “nuevos” y exóticos, aunque la mayoría busca comodidad, buenos precios y limpieza.

O como decía el anuncio de una importante cadena hotelera: “¡Qué grato es volver a un hotel donde funciona el aire acondicionado y hay agua corriente, después de pasarse el día en monumentos, ruinas arqueológicas y mercados populares!”

En otras palabras, contar con lindas playas, hermosos volcanes y pueblos coloridos, no es suficiente: las playas deben ser limpias, tiene que haber fácil acceso a los volcanes y uno debe andar por las plazas de un pueblo sin que lo asalten. Nada de eso está garantizado en El Salvador.

Comencemos por las playas. Las hay muchas y lindas, pero no tan lindas como las del Caribe. Además la mejor parte de ellas está invadida de champas insalubres, prostíbulos, bebederos llenos de borrachos, suciedad por doquier, niños desnudos y con frecuencia gente mal educada.

Encima de eso las alcaldías locales venden o regalan espacios en las playas para que toda clase de gente haga allí construcciones permanentes y alquilen habitaciones que no cuentan con servicios sanitarios.

Con probabilidad, cada cierto número de esas champas tiene su bebedero y su lupanar, lo que puede ser muy pintoresco para un aficionado a la fotografía pero que causa náuseas a los turistas que queremos atraer al país.

Mientras no se recuperen y limpien las playas en estricto cumplimiento de las normas constitucionales, es utópico pensar que con ellas se va a levantar una industria turística.

Además hay que poner orden en la anárquica costumbre de disponer de bienes nacionales (las playas) para beneficio de aprovechados y sinvergüenzas, lo que causa grave daño a los lugareños al ahuyentar potenciales compradores de servicios y comida.

El turista versus los asaltantes

Los accesos a volcanes y parajes de interés turístico han mejorado muchísimo con la obra vial realizada por la anterior administración de Flores. Se puede ir rápidamente y en excelentes caminos y carreteras, a la mayor parte del territorio; el único problema son los “puntos de asalto”, como los hay hacia el Boquerón, existen por todo Usulután, abundan en la carretera que une Sonsonate y Santa Ana, se dan camino al Cerro Verde y surgen espontáneos por todo el territorio.

A esto se agrega que tan pronto se inaugura una carretera, se llena de vendedores que estrechan su paso.

En esto del turismo hay que ir en forma organizada creando los conjuntos de hotel, pueblo agradable, seguridad y limpieza. Un lugar potencialmente bueno es el puerto de La Libertad, pero antes hay que ayudar a los lugareños a organizarse, limpiar sus playas, brindar seguridad. Allí se encuentra un oleaje para “surfing” que está entre los mejores del mundo.

Por desgracia los surfeadores se exponen a asaltos y a enfermarse del estómago por comer chucherías sin control.

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