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“Don Quijote”: 400 años hace

La niñez, la juventud estudiosa, los cervantistas, tienen una magnífica oportunidad para rendir un justo homenaje a este gran ejemplo, no repetido, de las armoniosas letras castellanas.

Publicada 1 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Guillermo A. Cortés*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Así como continúan discutiéndose las fechas exactas del nacimiento y muerte de don Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), se polemiza incansablemente sobre el día en que vio la luz la primera edición de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, 1605.

Mientras en Europa y el resto del mundo se popularizó el papel, la pólvora, la imprenta y la brújula, y quienes faltan por enumerar: Copérnico, Galilei, Kepler, Veaslio, Harvey, España en los siglos XVI-XVII impregna el ambiente de un voto sentimental y religioso: la fe, que enseña a ser magnánimo y perdonar a nuestros enemigos; un atributo propio del hombre: el honor, cómo manejar el valor y la osadía ante la vida, y una actitud sublime: el amor, respeto y cortesía para la mujer. En esta atmósfera cuando parecía decaer la novela caballeresca, Siglo XVI, “de desacoradas patrañas y no de verdaderas hazañas”, surge “Don Quijote”, quien iluminó el ocaso de aquella literatura, considerado por algunos como una sátira, y por otros, como una elegía del espíritu medieval. Menéndez y Pelayo dice que Cervantes no mató un ideal, sino que lo transformó y enalteció.

En el prólogo de la primera entrega, escribió Cervantes que su libro: “no es invectiva contra los libros de caballería”. En un intento por definirlo, consignó: “El melancólico se mueve a risa; el risueño la acrecienta; el simple no se enfada; el discreto se admira de la invención; el grave no la desprecia; ni el prudente deja de alabarla”. Y en cuanto a su fondo: con apacible estilo y con ingeniosa invención, que tira lo más que fuese posible a la verdad”.

Si la real orden de “imprímase” (de “Don Quijote”) está fechada en Valladolid, el 26 de septiembre de 1504, y si el 20 de diciembre de dicho año, le devolvieron a Cervantes el ejemplar, es fácil deducir que su venta se inició en enero de 1605. Sin embargo, en el Libro de la Hermandad de Impresores de Madrid, España, nótase registrado el 26 de mayo de 1604, lo cual se ha pretendido interpretar si se admite que “Don Quijote” salió de prensas en 1604, y se publicó hasta 1605, explicación que, a su vez, necesita una explicación.

La duda es aún más sorprendente, ya que el erudito Cristóbal Pérez Pastor refiere que aquel 26 de mayo de 1604, a la directiva entrante de la Hermandad de Impresores, se le entregó: “lo que se había recibido, pero no vendido”, entre otros: “2 Don Quijote a 83 pliegos”, que sugiere una edición anterior a la del famoso mayo de 1604. Por supuesto, nos estamos refiriendo a la primera parte de “Don Quijote”.

Por fin, si se aceptase que “Don Quijote” dejóse ver en 1605, en España, en este año se hicieron nueve publicaciones: tres en Madrid, dos en Valencia, tres en Lisboa, y una en Barcelona. En la biblioteca de The Hispanic Society of America, hay un ejemplar que pertenecía a una 10a. edición, según Homero Seris. En 1607, se publicó en Bruselas; en 1610, en Italia; en 1614, en inglés, y en 1618, en francés.

“Don Quijote”, permanentemente, es un rico caudal de perspectivas, en el reciente Congreso Internacional “El Quijote”, Barcelona, España, junio-04, se dijo que “si la erudición y la excentricidad son peligrosas”, el clima fue de risas, y se sumergió a Don Quijote en el bosque de la ciencia y los tiempos modernos: todo un clásico de inagotable actualidad en pleno Siglo XXI.

Y el próximo año, aceptaremos el compromiso de celebrar el IV Centenario de la controversial primera edición de “Don Quijote”. Ojalá, fuese el “Año Escolar de Don Quijote”, la niñez, la juventud estudiosa, los cervantistas, tienen una magnífica oportunidad para rendir un justo homenaje a este gran ejemplo, no repetido, de las armoniosas letras castellanas.
* Dr. en Medicina.

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