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Sólo el final fue terrible

La tan esperada pelea del Famoso Hernández y Erick Morales, se definió por decisión. La verdad, fue muy pareja

Publicada 1 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Deportivismo. Como buen perdedor y gran profesional, Carlos “Famoso” Hernández felicita por el triunfo al mexicano Erick Morales, ahora campeón CMB y FIB de las 130 libras. Foto EDH / Alvaro López

En las Vegas
Rafael Cárcamo
El Diario de Hoy

deportes@elsalvador.com

El MGM de Las Vegas fue escenario ayer de una pelea inusual para el gusto de los mexicanos.

Su ídolo Erik Morales, debió recurrir a la condena de los jueces para poder vencer al salvadoreño Carlos “Famoso” Hernández, quien pasa a la historia como uno de los grandes, que puñetazo a puñetazo ha sabido ser tan famoso como su nombre de batalla le reconoce.
La condena fue “Terrible” para Carlos, un gran alivio para Eric, quien nunca encontró la fórmula para doblegar al salvadoreño y a su nutrido grupo de seguidores, quienes al momento de las exclamaciones fueron tantos, como los miles de mexicanos que con susgritos trataron de revivir las fuerzas de Morales.

Y es que el campeón mexicano, si bien se agenció la unificación de los títulos de las 130 libras, no resultó el terrible que todos conocen y fue el motivo de muchas congojas y caras largas, de quienes le vieron esforzarse al máximo sin poder realizar sus promesas de noquear.

Ventaja. Cada vez que pudo, Famoso Hernández sacó ventaja de la pelea en el cuerpo a cuerpo, haciendo sentir sus puños al mexicano. Foto EDH / Alvaro López

Por el contrario, su rostro registró las huellas de Hernández, que le demostró que pega y pegó fuerte durante toda la pelea.

El tradicional estudio del round inicial nunca fue tal, y ambos expusieron lo que traían: un par deganchos de Carlos hizo que el sudor que emanaba del nerviosismo de los salvadoreños se calmara un poco, pero la pelea estaba para romper cualquier estado de ánimo, tan intensa como el honor de ambos gladiadores, tan pareja como sus ansias de victoria, donde aquella rivalidad entre mexicanos y salvadoreños quedó equilibrada.

En el cuarto capítulo, Carlos corto la ceja derecha de Eric, el “chulo” mexicano registró su primera marca para siempre, y fue entonces cuando quiso guapear desmeritando la sorpresa.

Pero el “Famoso” estaba para fajarse y pese a que por momentos el mexicano lo metía en sus combinaciones, el salvadoreño siempre tuvo una por donde salir, para continuar y buscar lo propio en el cuerpo a cuerpo.

Precisamente, la pelea cuerpo a cuerpo era la estrategia de “Famoso”, ya que la pelea a distancia sólo era negocio para el largo alcance del mexicano.

Se dieron. La foto es elocuente y la acción se sucedió en casi todo el combate: el intercambio de golpes fue una constante, asalto por asalto.Foto EDH / Alvaro López

Cuando un gancho del mexicano hizo perder el equilibrio a Carlos en el noveno asalto, el silencio se apoderó de los salvadoreños, la preocupación salió a flote, porque el castigo no cesaba de ninguno de los dos lados y tal parecía que, como aquellas cintas de Hollywood en las que todo puede ocurrir, el desenlace apuntaba a una caída de cualqquiera de los dos pugilistas, sin embargo, el salvadoreño tuvo fuerzas para recuperarse, pasar la tormenta y nuevamente encontrar un cierre de round en el que los dos arremetieron con el alma.

El abrazo y el saludo del inicio del final, demostró el respeto que ambos se tuvieron, y si bien, pese a la pujanza de los compatriotas salvadoreños, la decisión de los jueces no alcanzó para la victoria. Pero “Famoso” terminó de pie, peleando hasta el final.

Debemos decir que Carlos fue grande, muy grande, tanto como su famoso distintivo, su bravura, su preparación para la pelea, únicamente podía ser doblega de la manera que se sucedió: con los jueces definiendo una terrible condena.


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