Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
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Hoy inician, para muchos, las vacaciones de agosto. Segundo receso del
año que, por haber sido tan cercano el primero el de la Semana
Mayor a la entonces recién transcurrida elección presidencial,
nos proporciona ahora a cada quien la oportunidad de tomarnos el necesario
espacio para reflexionar cómo andamos tanto a nivel personal y
familiar, como qué queremos realmente hacer con el país.
El último informe de coyuntura económica de Fusades confirmó,
como bien lo puso ayer la periodista Karla Ramos, lo que es un secreto
a voces: (que) la economía salvadoreña sigue con lento crecimiento.
Benditas remesas, bien podríamos decir los seis millones de salvadoreños
que vivimos acá, que provenientes de nuestros hermanos cercanos
residentes en la sociedad más rica del planeta han aumentado este
año en un 20%, sumando ya en estos primeros seis meses $1,206 millones,
aun cuando vaya directamente hacia el consumo el 81.4%.
Ciertamente, como lo dice Fusades, la aprobación en extremo tardía
del Presupuesto General de la Nación nos privó en inversión
pública de unos $93.2 en crecimiento económico, un 0.6%
del PIB aproximadamente; lo cual, aunado a los altos precios internacionales
del petróleo nada que hacer en El Salvador, más que
ahorrar combustible, nos hizo erogar unos $139 millones adicionales,
equivalentes al 0.9% del PIB.
Más allá de las cifras, el punto es que no estamos creciendo
como país al ritmo que necesitamos, y la situación tiende
a complicarse por haberse insertado en nuestros esfuerzos por aprobar
el CAFTA en el Congreso estadounidense la política electoral de
esa nación, debido a la cerrada campaña presidencial que
se encuentra en marcha, cuyo resultado incidirá directamente en
la aprobación más temprano o más tarde
del estratégico Tratado de Libre Comercio Centro América-Estados
Unidos.
Así, a pesar de las buenas intenciones que se puedan tener, o de
los innovadores proyectos, los cuales llevan tiempo, en ruta hacia la
nueva economía, hay algo que sí podemos hacer, que ha venido
intentando el Ejecutivo pero que al final del día no es responsabilidad
exclusiva de él, pero de todos: despolarizar al país.
El pleito de semanas de duración por la elección del tercer
magistrado en el Tribunal Supremo Electoral, a manera de ejemplo de la
persistente polarización, me hizo tratar de averiguar qué
había en realidad sucedido en este tema; era real o inflado, me
pregunté. Pues bien, lo que encontré es que en efecto hubo
un pacto PDC-CDU, cuando ambos conformaban la Coalición.
El pacto, se me dijo, es que como el CDU llevaba la candidatura presidencial,
el magistrado propietario iba a ser del PDC, y el suplente, del CDU.
Hubo después, entiendo, un segundo acuerdo, en el cual se estipuló
que el CDU iba a proponer al propietario por el PDC, y el PDC propondría
al suplente por el CDU, lo cual hasta me pareció de buen gusto,
al evitar proponerse cada quien a sí mismo. A mitad de período,
podría haber pasado el propietario a suplente y el suplente a propietario.
Pero quedó un detalle, aparentemente pasado por alto por los verde
amarillo: que la representación legal de la Coalición quedó
en manos de un miembro del PDC.
Cuando hubo entonces propuesta del CDU para magistrado propietario, proponiendo
a uno de ellos mismos para el cargo, quien legalmente era la voz de la
Coalición no estuvo de acuerdo, armándose así la
de San Quintín. Cayó entonces la decisión
en manos de la Asamblea Legislativa, según el Artículo 208
de la Constitución de la República. Troya sigue ardiendo
hasta este momento y se fue el tema para después de las fiestas.
Tengo mucha esperanza de que al regresar de vacaciones, todos con
la mente fresca, podamos negociar y elegir a los magistrados del Tribunal
Supremo Electoral, dijo anteayer el Presidente de la República,
Elías Antonio Saca.
Para quien esto escribe, lo que en realidad ilustra el capítulo
anterior no cerrado todavía, además de la clara
conformación de dos bloques en la Asamblea Legislativa, uno con
45 votos y el otro con 39, es la tremenda polarización política
que persiste en el país. Polarización que, de no hacer cada
quien lo que le compete por reducirla, nos imposibilitará alcanzar
los resultados que anhelamos la mayoría de salvadoreños,
especialmente en seguridad y bienestar económico.
Propicia se vuelve entonces la época festiva que para muchos inicia
este día, para reflexionar, recargar baterías y continuar
aportándole con mayor energía a nuestro país. ¡El
Salvador se lo merece!
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista
de El Diario de Hoy.