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Patricia Rivas. Me retiré de la gimnasia a los 14
años por una lesión en la rodilla
Foto: EDH/Mauricio Castro
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Claudio Martínez
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Fue una llamada telefónica que cambió
todo. Ramón Enrique Nuila, director ejecutivo del COES, marcó
el número de Patricia Rivas. Eran las dos de la tarde del martes
16 de marzo.
¿Estás sentada?, le preguntó Nuila. No,
respondió con naturalidad Paty. Entonces sentate, porque
te vas caer..., le anticipó. Y esperó un par de segundos
para soltarle la noticia: ¡Te llegó la invitación
para los Juegos Olímpicos. Vas a ir a Atenas!.
A casi dos meses de ese episodio, Patricia lo recuerda como si fuera hace
un instante. Pegaba gritos en la casa. Pensé que era una
broma y no quería hacerme ilusiones, explica.
Sin embargo, la excelente noticia no le permitió sentirse completamente
feliz. Hubo algo que la angustiaba y que le costó varios días
dejarlo atrás.
Es que el hecho de que hayan elegido a Patricia para participar en Atenas
significaba también que Tirso Molina y Luisa Maida, dos de sus
colegas y amigos que estaban a la espera de esa invitación, se
quedarían sin viajar.
Sentí una angustia muy grande por Tirso, ya que él
había hecho muchos méritos para ir, incluso había
quedado mejor ubicado en el Panamericano que yo, dice Rivas. Y agrega
otro detalle: Tanto yo como Luisa Maida nos habíamos retirado,
por lo que Tirso tenía esperanzas de que fuera él.
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Amigas a la distancia
Por su personalidad amigable, Patricia está
llena de amigas. Pero es curiosa su excelente relación con
la ciclista Evelyn García, a quien ve solamente una o dos
veces al año. Nos vimos en los Panamericanos y ahora
estaremos juntas en Atenas, pero somos muy amigas. Tanto es
así que Evelyn la despierta todas las mañanas con
sus mensajes de texto a su celular a las cinco de la mañana.
Como ella vive en Francia y hay ocho horas de diferencia me
escribe que me levante, que no sea haragana, comenta Paty.
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Como Patricia sabía que el año 2004 no sería
de los más activos, decidió abandonar momentáneamente
el tiro para dedicarse de lleno a los estudios: cursa cuarto año
de Mercadeo en la Universidad Matías Delgado. Lo que nunca
imaginé es que iría a los Olímpicos, así que
apenas recibí la invitación me puse a entrenar otra vez,
explica.
El único problema era Tirso Molina, que es mi mejor amigo.
Yo tenía miedo de llamarlo y contarle porque no sabía cómo
iba a reaccionar. Pero Tirso le solucionó las cosas: le llamó
para felicitarle. Hasta a llorar me puse cuando él habló,
me devolvió la felicidad
, reconoce ella.
A los 24 años, Patricia Rivas ya es una veterana del deporte. Lleva
exactamente dos décadas desde que, a los 4 años, empezó
a practicar gimnasia.
Me retiré a los 14, cuando se me rompió el ligamento
de una rodilla. La gimnasia es muy desgastante. Justo cuando iba a entrar
al trabajo mas intenso llegó esa lesión. Fue una frustración
muy grande. Aún tengo el tendón roto, el anterior cruzado.
Fue una decisión médica, no quise operarme porque no me
garantizaban que quedara bien, afirma.
Unos años después desembarcó en el ciclismo, una
etapa de la que no guarda buenos recuerdos. Lo practiqué
desde 1996 y estuve casi dos años, pero un día nos caímos
con un grupo de seis chicas y muchas nos retiramos. Yo me quebré
la rodilla y pasé enyesada un mes y medio. Fue la misma rodilla
que ya tenía lesionada. Esto no va, me dije. Y opté
por retirarme, aunque no me costó porque todavía no le había
tomado amor al ciclismo.
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Mi sueño no es participar en los Juegos
Olímpicos sino ganar una medalla. Lo que pasa es que para
eso primero tenía que asistir
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A eso le siguió un breve y frustrante paso por
el tiro con arco, que sólo duró dos semanas.Vi que
era realmente mala para eso, dice. Y recaló en el tiro olímpico,
una disciplina en la que ya lleva cuatro años y le ha permitido
viajar por todo el mundo y colgarse varias medallas representando a El
Salvador.
No sólo ella encontró su lugar en el deporte, también
lo hizo su padre Juan, quien de tanto acompañar a su hija en las
diferentes competiciones terminó siendo dirigente deportivo. Antes
él trabajaba en la banca, pero acabó en el deporte por mí.
Vieron que se preocupaba y lo llamaron para la Federación de Gimnasia,
luego el Comité Olímpico y luego al INDES, donde es el gerente
técnico.
El único tema que le hace borrar su sonrisa es cuando en algún
lugar se habla de fútbol. Es una de sus fobias. Los futbolistas
salvadoreños son muy engreídos, tienen que haber futbolistas
buenos, pero los que yo conozco no lo son, dice enojada. Se
gasta mucho pisto en ese deporte y no hacen nada, agrega.
Pero cuando la plática retorna al tiro y a los Olímpicos,
recobra la calma, la misma que necesita para lograr un disparo perfecto
a la hora de competir.
Sueño olímpico
Patricia, como casi todos los atletas salvadoreños, sabe que la
posibilidad de ganar una medalla es utópica, pero eso no le quita
las ganas: No tenemos ninguna medalla, nos hace falta.
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Consuelo. Juan Rivas, su padre, la consuela después
de una día frustrante en los Juegos Centroamericanos y del
Caribe 2002.
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En mi deporte, una presea equivale a 400 puntos. Mi puntaje
son 390, pero esos 10 puntos que parecen poco en realidad son muchos.
Con esos 390 fui quinta en los Panamericanos, pero podría quedar
debajo de los 50 en unos Olímpicos o en el Mundial.
Sin embargo, lo último que pierde es la esperanza. Este es
un deporte raro aclara, nunca se sabe. Quizá me levante
con el pie derecho y alguien se enferme y me pueda colar por ahí.
En lo más íntimo, sueña con hacer historia y colgarse
una medalla. Sí, claro que me veo con una medalla. Mi sueño
no es asistir a los Juegos Olímpicos sino poder ganar una medalla.
Lo que pasa es que para eso primer tenía que ir a los Juegos. El
primer paso está dado.
Patricia lo confiesa sin problemas. Cuando duerme, su sueño la
transporta a una competencia en los Juegos Olímpicos, donde se
ve coronada con una medalla en un podium. Pero hay algo curioso,
cada vez que me veo como campeona olímpica me veo como gimnasta
y no como tiradora.