 |
|
Primero. Momento en el que recuperan el cuerpo de Leonel González,
ahogado el martes. Foto EDH
|
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Luego de más de 24 horas de permanecer desaparecidos, tras un
naufragio en el Lago de Ilopango, los cadáveres de Leonel Vinicio
González, de 17 años, y de Julia Elizabeth Aquino, de 20,
fueron rescatados por dos equipos de buzos del Cuerpo de Bomberos y de
la Cruz Roja Salvadoreña.
Las víctimas habían convivido maritalmente y la mujer tenía
cinco meses de embarazo.
El naufragio sucedió el pasado martes, poco antes del mediodía,
aproximadamente a un kilómetro de las riberas del lago, en el sector
conocido como Joya Grande, jurisdicción de Santiago Texacuangos.
Según los buzos que participaron en la recuperación, los
cuerpos y el cayuco estaban a una profundidad próxima a los cien
metros, a poca distancia entre sí.
Llantos e insultos
A la 1:05 p.m., tres buzos emergieron con el cadáver de Leonel.
Era la segunda inmersión que hacían.
En la tercera bajada dieron con el cayuco. Hacia él iban cuando
avistaron algo blanco en el fondo. Era el pantalón que Julia vestía
al momento de la desgracia. La sacaron como a la 1:30 p.m. Luego fueron
por el cayuco.
Los cadáveres fueron trasladados a Joya Grande, donde horas después
fueron reconocidos legalmente por las autoridades.
En la playa, decenas de parientes y amigos de las víctimas aguardaban
el rescate.
Al divisar los cuerpos, hubo llantos, desmayos y hasta insultos entre
familias, pues los parientes de la mujer culpaban de la desgracia al joven.
Estos repelieron la acusación.
Mientras tanto, Andrés López era cuestionado por la policía.
Él fue quien alquiló la frágil embarcación.
El hombre respondió que fue un joven quien llegó a rentar
el cayuco. Dijo que lo ocuparía para anzuelear (pescar
con anzuelo).
Según López, alquila esos cayucos por dos dólares,
sin incluir el manejo.
El hombre aseguró que la embarcación tiene capacidad para
transportar tres personas, pero, según declaraciones de sobrevivientes,
lo abordaron seis.
López aseguró que el cayuco no tiene averías y el
naufragio se debió a la imprudencia.
Nos bajamos del cayuco a bañarnos
Michel Quintanilla, de 13 años, es una de los cuatro
jóvenes que sobrevivió al naufragio del martes. El siguiente
es su escueto relato de lo que vivió.
Habíamos venido aquí porque Leonel cumpliría
años el domingo y queríamos celebrarlo antes.
 |
|
Espera. Michel acudió ayer a presenciar la búsqueda.
Foto EDH
|
Eran como las diez cuando nos subimos a la lancha.
Cuando llegamos allá (señala el lugar el naufragio) nos
bajamos y comenzamos a bañarnos.
Para no hundirnos, nos agarramos tres de cada orilla del cayuco y comenzamos
a chapotear. Así estuvimos un buen rato.
Después nos dio hambre y decidimos regresar a la orilla. Ya estábamos
cinco arriba de la lancha.
Sólo faltaba el que se ahogó. Cuando él quiso subirse,
la lancha se tambaleó y se le metió bastante agua.
Nosotros le gritamos que esperara, que lo ayudaríamos a subir,
pero quizá no escuchó. Cuando hizo el otro intento, fue
que la lancha dio vuelta (se volcó) y todos caímos al agua
y la lancha se fue a pique.
La muchacha (Julia) fue la que cayó primero, de cabeza. De ahí
todos quedamos gritando en el agua. Todos le gritábamos que agarrara
a la July.
Él la intentó agarrar, pero no pudo. Ella salió a
flote varias veces. Luego todos intentamos sacarla, pero nadie pudo. Ellos
podían nadar, pero no flotar.
Todos andábamos buenos. A él le gustaba tomar y quería
traer una botella, pero como venía la muchacha de él que
estaba embarazada, ya no la trajo.

|