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El precio de una mentira

Aborto. Una joven ocultó su embarazo de ocho meses por temor a que le echaran de casa. Los médicos determinaron que se había provocado la pérdida. Hoy le acusan de matar a la bebé.

Publicada 29 de julio 2004, El Diario de Hoy

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Es la mañana del pasado martes 27. Claudia B. (nombre imaginario) se repone en una cama del hospital de Maternidad, del aborto que tuvo el domingo anterior.

En el mismo cubículo varias mujeres abrazan a sus críos recién nacidos.

Uno de éstos llora a todo pulmón.

Su madre fue al baño y es primera vez que lo abandona.

Claudia no sabe que se encuentra bajo custodia policial desde el mismo domingo tras ser entrevistada por varios investigadores que acudieron tras el llamado de un médico que determinó que la joven, de 20 años y ya madre de una niña de tres, se había provocado el aborto.

Según la policía, Claudia ha cometido, presuntamente, el delito de aborto propio consentido, el cual es penado con hasta diez años de cárcel.

Ella suelta a llorar suavemente cuando se entera. El llanto del bebé domina aún en la habitación.

No tenía dolores

Pero en su relato de los hechos, la mujer jura que no hizo nada para interrumpir el embarazo.

“Es que fui al baño. Yo no tenía dolores ni nada. Y entonces sentí como diarrea. De repente sentí un piquetazo y un ruido que le hizo “psst”. De ahí, cuando me iba a limpiar, vi a la niña que estaba dentro de la taza y la agarré rápido. Agarré una colcha que ocupamos para planchar y la envolví”.

“Luego mi mamá me preguntó qué tenía. Yo no le quería decir que era la niña la que tenía”.
“Pero después de todo, mis hermanas me trajeron al hospital.

Aquí los doctores me encontraron placenta y cordón ombilical y me dijeron que había abortado. Entonces les dije que la había dejado en la cama”.

“Mi familia no sabía que estaba embarazada porque tenía miedo de que mis papás me echaran de la casa”.

El día del aborto, Claudia asegura que estaba por cumplir los ocho meses de embarazo.
Aun siendo su cuerpo esbelto, dice que nadie había notado su preñez.

Pretendía comunicárselo a sus padres hasta el último mes. Sin embargo asegura que no sabe cuál habría sido la diferencia entre decírselos antes o esperar a la hora del parto.

Claudia asegura que la niña nació muerta y que ella no la mató. No obstante, extraoficialmente se supo que la bebé murió por asfixia.

Ella asegura que no se dedica a vender servicios sexuales, como inicialmente dijo a la policía.

Dice que salió embarazada de una relación pasajera. El padre de la niña, en cuanto supo lo del embarazo, desapareció.

Hasta el día de la entrevista, la joven no sabía cómo sus padres y hermanos habían encajado en el problema, luego que médicos de Maternidad se apersonaran a su casa, ubicada en un extremo de la Avenida España, en San Salvador, a recoger a la bebita muerta.

Salió libre

Claudia esperaba un espaldarazo de su familia. “Cuando llegue a mi casa a saber qué me van a decir”, asegura.

Ayer se efectuó la audiencia inicial en el Juzgado Quinto de Paz. La Fiscalía decidió acusarla de homicidio agravado (intencional). La pena por ello podría sobrepasar los diez años con que se castiga el aborto.

Claudia acudió ayer al tribunal escoltada por un vigilante judicial. Ahí la esperaban dos de sus hermanas que le llevaban ropas limpias, unos panes con queso y una bebida embolsada.

La audiencia comenzó sin que la jueza tuviera en sus manos la autopsia practicada a la bebé. La suerte le sonrió ayer a Claudia; por lo menos judicialmente: no continuará encarcelada.

La jueza cambió el delito de homicidio agravado a homicidio simple. En consecuencia, ordenó que Claudia se presente cada quince días a un juzgado de instrucción mientras la Fiscalía trata de probarle el delito.


“Me parece rarísimo que le haya sucedido”

A la ginecóloga Dalila Cerón le parece “rarísimo” que Claudia haya abortado sin tener dolores o sangramientos previos. “La posibilidad de que no haya sentido (algo) es remota”, asegura.

Según la profesional, si Claudia no hizo maniobras abortivas (hacer algo para provocarlo), podría ser que ella padezca de alguna infección en las vías urinarias”, sostuvo.

“También puede que haya tomado algo (para abortar) y que le haya hecho efecto tardío”, manifestó Cerón durante una entrevista.

La profesional agregó que hay partos intempestivos o precipitados, pero se dan en raras ocasiones.

“Ese tipo de partos no es de todos los días. La posibilidad de que se dé es de uno entre mil”, sostiene Cerón.

La ginecóloga dice que esos casos suceden cuando la mujer tiene alguna incompetencia en el cuello uterino (dilatación) o cuando es un niño con mucho líquido, pero generalmente se dan antes de las 20 semanas.

“Hay casos académicos de partos intempestivos prematuros sin dolor pero son pocos los que se dan”, explicó la facultativa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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