Mario Lima*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En la región centroamericana,
pero quizá con más énfasis en El Salvador, estamos
observando casi a diario noticias relacionadas con la conflictividad por
el agua potable.
Las temáticas son muchas, como muchas son las tonalidades de los
reclamos ciudadanos por el agua.
Los reclamos más urgentes están relacionados con el sector
de personas que no tienen acceso al agua potable; luego, aquellos que
teniendo las instalaciones y pagando cuotas mensuales no reciben el líquido.
Por otra parte, está el campesino que no siembra o pierde su cosecha
por la escasez de agua; después, están también las
quejas contra las instituciones del Estado en las que funcionarios han
cometido desmedidos actos de corrupción.
Estudios han demostrado que Centro América es una de las regiones
más privilegiadas respecto a la captación de aguas lluvias
por la cantidad de precipitaciones que ocurren en el año, por lo
tanto, debería haber suficiente acceso al agua potable.
La lógica nos debiera conducir a la conclusión de que el
agua no debería ser un tema de conflicto social.
La región cuenta con 23 cuencas compartidas en las que se concentra
el 40 por ciento de su población; en las partes altas de dichas
cuentas existen grandes formaciones de acuíferos de los que se
abastece el 75 por ciento de la población centroamericana. Centro
América está surcada de ríos y en ella hay numerosos
y grandes lagos.
Lo asombroso es que los mismos centroamericanos, por irresponsabilidad
institucional y ciudadana, estamos dañando constantemente nuestras
fuentes de abastecimiento de agua, tanto de las aguas superficiales como
las subterráneas.
Esta es una de las causas por las cuales, a pesar de contar con una cantidad
de fuentes, las mismas, muchas veces, no pueden ser usadas.
La responsabilidad institucional ha fallado cuando no procura el establecimiento
o cumplimiento de leyes que obliguen a cuidar las fuentes de agua y que
penalicen eficazmente a quien viole dichas leyes.
También es necesario que la ciudadanía con acciones responsables
actuemos demandando a quienes hacen uso inadecuado de las aguas o aquellos
cuyas acciones contaminan los mantos acuíferos.
En los informes sobre el Desarrollo Humano en Centro América y
Panamá (2001 y 2003), se indica que en la región existe
una gran fragilidad del recurso hídrico, lo cual se vuelve un imperativo
cuidarlo ya que sin agua no habrá desarrollo sostenible para Centro
América y sin desarrollo, la vida se atrofia.
Para comenzar, es imperativo que Centro América desarrolle una
visión y una acción integradas en el manejo del recurso
hídrico, ya que las cuencas no respetan las divisiones políticas
y lo que un país haga, tiene implicaciones en otros.
Un ejemplo, nuevamente, es la cuenca del río Lempa, la cual nace
en Guatemala, pasa por Honduras pero concluye en El Salvador. Las medidas
que se tomen o dejen de tomar en uno de los dos primeros territorios afectará
invariablemente a El Salvador.
Por otra parte, se requiere de una agenda regional sobre el tema, alimentada
constantemente de información que produzcan investigaciones y monitoreos
del recurso que por el momento no se tienen y que hace difícil
el establecimiento de políticas institucionales para establecer
las prioridades en el tema.
Hacia la ciudadanía, a fin de que adquiera responsabilidad en el
tema, se requiere de una participación, organización y educación
en busca de solucionar los problemas de la escasez del agua, pero también
para su cuidado permanente.
La responsabilidad con el agua nos obliga a convertirnos de despilfarradores
en guardianes del buen manejo de las aguas. Ello atañe tanto a
los estados como a los ciudadanos.
*Director de CARE El Salvador.