elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Tema del momento
Rebelión en la granja

En el debate interno en el FMLN sobre el correcto análisis de la coyuntura política y el futuro de la sociedad, la gran ventaja la tienen los viejos cuadros del Partido Comunista, porque controlan el partido, la doctrina.

Publicada 29 de julio 2004, El Diario de Hoy

Marvin Galeas*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

No falla: inmediatamente después de cada evento electoral hay rebelión en la granja efemelenista. Otra vez está en primer plano el enfrentamiento entre los llamados renovadores y ortodoxos.

Sin embargo, aparte de cuestiones de estilo, discurso y edades, no parece haber mayores diferencias. Las dos facciones (no fracciones) dicen ser democráticas, revolucionarias y socialistas.

Las dos facciones a las que me refiero son propiamente del partido FMLN y no de la izquierda en general. Creo que hay un esfuerzo serio, fuera del Frente, por generar un pensamiento novedoso que apunta a rescatar las mejores tradiciones de la izquierda y a desechar lo peor.

A pesar del final de la Guerra Fría y de la caída del Muro de Berlín, los referentes de izquierda y derecha, aunque difusos, siguen siendo útiles a la hora de marcar diferencias entre agrupaciones políticas. Bill Clinton, por ejemplo, hizo duras críticas a la derecha estadounidense en la inauguración de la convención del Partido Demócrata.

En el lío interno del FMLN, la gran ventaja que tienen Handal y compañía es que, aparte de mantener el control del partido y de sus instancias determinantes, como el oscuro Tribunal de Honor, poseen un mayor soporte teórico, errado si se quiere, pero lo tienen.

Hay que reconocer que la mayoría de líderes del antiguo Partido Comunista Salvadoreño ha forjado su visión de mundo sobre la base de apasionadas lecturas de libracos, catecismos, manuales e interpretaciones del marxismo editados por la desaparecida “Editorial Progreso”, de Moscú. No es gran cosa. Pero aportan conceptos aparentemente científicos para el debate interno y para alimentar el dogma... y el error.

La visión de mundo de la llamada Corriente Revolucionaria Socialista no se ha movido un ápice desde los tiempos de Lenín. Por supuesto que hay variantes en cuanto a métodos, tácticas y estrategia. Pero el propósito histórico es el mismo: la sociedad comunista sin explotadores ni explotados, en donde quedará abolida la propiedad privada fuente de todos los males que ha padecido y padece la humanidad. Que nadie se haga ilusiones: en este aspecto no hay concesión posible. Ello explica, entre otras cosas, la tozudez, la rigidez y hasta el mal genio que les achacan a los iluminados líderes comunistas.

Para los viejos comunistas que dominan el FMLN, la democracia no es otra cosa que una estación de tren en el camino hacia el socialismo y luego al comunismo. Pero ojo, la democracia tal como se vive en occidente, se asume nada más como una bandera de lucha para movilizar las masas, nunca como un estado ideal. Ese tipo de democracia (llamada democracia burguesa) es más bien vista con desprecio y hostilidad. Por ello aparece en el discurso leninista, como conejo del sombrero de un mago, el término “democracia popular”.

La revolución es concebida como un permanente estado de tensionamiento y confrontación con el enemigo de clase, ya sea éste la oligarquía, el gobierno de turno o el imperialismo yanqui. Este permanente estado mental de guerra es muy útil a los líderes para justificar su presencia eterna al frente del Estado, el gobierno o el partido. Nada mejor que inventar o sobredimensionar a un enemigo externo para cohesionar a las fuerzas internas o al menos para intentarlo.

Hugo Chávez, por ejemplo, ante el referéndum revocatorio, está tratando de establecer que el pleito no es entre la oposición democrática y un abusivo Presidente, sino entre un Presidente patriota contra George Bush. Consejos de Fidel Castro, sin lugar a dudas.

El socialismo en el que creen los llamados ortodoxos no es obviamente en el de Zapatero, sino en el de Fidel Castro. ¿Y en qué creen los llamados renovadores? También se autodenominan democráticos, revolucionarios y socialistas. ¿Cuál es la diferencia? La mayoría de líderes de los amotinados, se nota, no son de muchas lecturas. Pareciera que sus mayores fuentes de ideas y conceptos vienen más de revistas y periódicos. Muchos de ellos estaban muy jóvenes o en la guerra, cuando Handal y Norma Guevara todavía se quemaban las pestañas en Managua, estudiando a Lenín, Rosa Luxemburgo o Gramschi. Y lo vienen haciendo desde hace décadas.

Definitivamente en el debate interno en el FMLN sobre el correcto análisis de la coyuntura política y el futuro de la sociedad, la gran ventaja la tienen los viejos cuadros del Partido Comunista, porque controlan el partido, la doctrina y el lenguaje.

Pareciera, quizá por estas razones, que las diferencias en la granja son más bien de estilo (es que Schafik es muy enojado), de discurso (debemos ser menos confrontativos) o simplemente de edades. Pero también es probable que haya diferencias de fondo que los llamados renovadores no han sabido expresar o comunicar.

Hay por lo menos tres preguntas básicas que los llamados renovadores deben responder, para saber si sus diferencias con los ortodoxos son de fondo. ¿Creen todavía en el viejo concepto de la lucha de clases? ¿Están dispuestos a apoyar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos? ¿Apoyan o no a la dictadura de Fidel Castro y a la organización terrorista colombiana FARC?

*Columnista de El Diario de Hoy.
marvingaleas@yahoo.com.mx

elsalvador.com WWW