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La nota del día
El joven a la máquina, no la máquina al joven

En cosa de poco tiempo, los que llegan a aprender computación, donde sea, se convierten en maestros de sus hermanos y de sus amigos.

Publicada 29 de julio 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Lo propio no es llevar computadoras a los escolares, sino escolares a las computadoras. Idealmente todas las escuelas y centros de enseñanza del país tendrían que estar dotados de salas de computación, pero no hay ni el suficiente dinero para adquirirlas ni el personal idóneo para mantenerlas ni locales adecuados donde instalarlas.

En ciertos centros, especialmente institutos tecnológicos o escuelas como el Inframen, tiene sentido montar salas de computación, o tenerlas en una biblioteca.

Por desgracia, sin embargo, falta que entre los estudiantes haya una “cultura del cuidado”, que obligue a los jóvenes a velar por la seguridad y el buen funcionamiento de los equipos que utilizan. Se sufre de robos, descuido, maltrato y vandalismo.

Como en todo lo público, por ser de la generalidad muy pocos se toman el trabajo de cuidar sus cosas. Una mala experiencia tuvimos con costosos equipos que hace unos años este Diario donó a la Escuela de Ciegos: se robaron las buenas piezas y las sustituyeron por partes dañadas.

La solución lógica es establecer centros de cómputo y enseñanza de determinados oficios para servicio de varias escuelas de un distrito o población. La idea es que una vez por semana (o dos para grupos más avanzados) los alumnos de cada escuela vayan a recibir sus cursos a esos centros. Con eso se logran varios objetivos:

—Mantener los equipos en buenas condiciones y además cuidarlos;
—emplear personal especializado para impartir los cursos a los escolares;
—contar con la posibilidad de disponer de equipos auxiliares como cañones de proyección, pizarras digitales, conexión a la Internet, etc. Además esos centros pueden servir para enseñar a jóvenes y adultos por las noches que paguen por el servicio. “Se matan varios pájaros con un solo tiro”.

Adicionalmente, en esos centros se pueden instalar salones con uno de los más efectivos instrumentos de enseñanza: los libros, una tecnología vieja en milenios, para transmitir conocimientos y experiencias.

Unos y otros enriquecen su intelecto

La buena noticia en esto es que los niños y jóvenes aprenden con una pasmosa celeridad el uso de computadoras y tecnología digital. En eso nuestra experiencia en EL DIARIO DE HOY no puede ser más significativa: son pocos los empleados que comienzan que saben de computación, siendo muy raro, a la vez, que después de pocos meses no sepan usar con una medida de eficiencia dichos equipos, incluyendo acceder a la Internet para recopilar información. En cosa de poco tiempo, los que llegan a aprender computación, donde sea, se convierten en maestros de sus hermanos y de sus amigos.

Es por ello que EL DIARIO DE HOY patrocina el curso de enseñanza a quinientos jóvenes provenientes de un igual número de centros educativos de todo el país, para que ellos a su vez entrenen a otros cien jóvenes, con lo cual cincuenta mil estudiantes aprenderán las metodologías básicas para utilizar la Red, “The Web”.

Los centros de enseñanza de computación tienen otra gran ventaja: que reúnen bajo un mismo techo a jóvenes provenientes de distintos vecindarios, con lo que todos se enriquecen de las vivencias, saberes y conocimientos ajenos.

Esos centros fácilmente se pueden convertir en sitios de “fertilización cruzada para lo intelectual”, y no nos referimos sólo al entrenamiento en ciencias y tecnología.

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