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Una Oreja muy prendida

Satisfechos. El público lo disfrutó a lo grande. El pop puede ser alternativo y Julieta así lo demostró. Ni siquiera la lluvia interrumpió el ánimos de los presentes


Publicada 24 de julio 2004, El Diario de Hoy

Motivada. Desde el principio Amaia estaba encantada con el público. En especial la motivó cuando los asistentes corearon de punta a punta las canciones La Playa y Soledad. Foto: EDH/Gustavo Rico

Carolina Trujillo
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com

Luis Guerra, de ocho años, estaba ansioso por ver salir a sus ídolos —La oreja de Van Gogh—, le parecía que la intervención del salvadoreño Armando Solórzano y de la mexicana Julieta Venegas lo ponían impaciente.

“Ya cantaron mucho, insistía”, mientras su madre, Katyiuzka Villalta lo entretenía con bocadillos.

El pequeño había insistido a su madre que lo llevara al concierto, desde el día en que se dio a conocer que este grupo español vendría a cerrar su gira: Lo que te conté mientras te hacías la dormida.

Dicho y hecho, Katyiuzka cumplió el deseo de su hijo. Asimismo la acompañaron a la presentación sus dos sobrinas y una amiga, quienes no pararon de corear y bailar los temas que interpretaba Amaia Montero.

Antesala. Julieta Venegas, demostró que además de atraer con su talento musical, la gente entra en confianza rápidamente con ella. La clave de su éxito es el carisma que proyecta. Foto: EDH/Gustavo Rico

Este grupo familiar al igual que los miles de fanáticos concentrados en el Anfiteatro de la Feria Internacional, ni siquiera se percataron de la fuerte llovizna que azotaba afuera del recinto.

Muchos peques

Así como Luis habían llegado muchos niños acompañados por sus padres, quienes cumplieron el sueño estar frente al quinteto español.

Una oportunidad que Alicia González aprovechó esta vez. Hace dos años ella sólo pensó en llevar a sus hijas; la semana pasada adquirió los boletos y el jueves junto a ellas asistió a la presentación.

La chispa de la vida. La noche fue propicia no sólo para los jóvenes que deseaban quitarse el estrés, también para aquellos que habían llevado a su media naranja. Foto: EDH/Gustavo Rico

La mayor de sus dos hijas, que lleva su mismo nombre —Claudia— no paraba de imitar cada baile y melodía que interpretaba la carismática vocalista de La oreja de Van Gogh.

Su hermana menor Adriana, quien era la más entusiasmada por ver al conjunto, se cansó tanto que no logró desafiar al sueño justo antes de la entrada triunfal de “La Oreja”.

Era curioso ver cómo entre el público abundaba la presencia de cientos de niños con sus padres.

Hechos que se ha vuelto habitual en la gira del grupo español.



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