Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
He recibido un correo electrónico en el que un
amigo de un amigo mío pone en el ciberespacio (¡maravillas
de la técnica!) un poema titulado: Elegía por la muerte
de la Tuncona.
La Tuncona no es otro que Alfredito, el célebre hipopótamo
que desde los años ochenta hacía compañía
a la Manyula y al Pavián, el mismo que se tragaba todo lo que el
público aprovechaba para lanzarle cuando abría sus desmesuradas
mandíbulas, el mismo que murió por una manzana atravesada.
¿De dónde el nombre de la Tuncona? De la sabiduría
popular. El autor de la elegía cuenta que una vez estando en el
zoológico, de pie al lado de la baja protección que rodeaba
el recinto de Alfredito, y rodeado de zopilotes, escuchó cómo
un niño decía a su papá: Papi, papi, ya va
a salir la tuncona.... El nombre le hizo gracia y ahora poeta
aficionado, le dedica unos versos.
Empezando por el final, el novel autor consigna quizá con pobre
arte, pero más gracia: Para cerrar esta elegía, improvisado
réquiem / cito libremente al divino Rubén: / Ha muerto la
Tuncona / El mundo pesa menos... Es verdad: el mundo
pesa menos.
Pero no sólo el mundo físico pesa menos, también
la conciencia popular pesa ahora menos. Dejando de lado consideraciones
circunstanciales acerca del buen o mal cuidado que se da a nuestros animales
en el zoológico pero que son importantes, he considerado
oportuno compartir algunas reflexiones con los lectores, tomando pie de
la muerte del hipopótamo.
Es conocido que uno de los problemas más importantes que enfrentamos
en el Gran San Salvador es la escasez de parques y lugares de entretenimiento.
La lógica indica que esa falta de lugares de esparcimiento puede
ser uno de los factores que contribuyen a la inestabilidad familiar.
Una familia que sale junta a pasear los fines de semana, que comparte
una sencilla comida, que tiene oportunidad de que el padre y la madre
jueguen con sus hijos pequeños disfrutando de áreas verdes
parece tener muchas menos probabilidades de ser presa de las lacras que
descomponen la sociedad.
Si la familia comparte el descanso y la diversión, también
compartirá los problemas y las situaciones difíciles, las
alegrías, las tristezas. Es decir, se consolidará como familia
y sus miembros más jóvenes no se verán en la necesidad
de buscar familias sustitutas (como las pandillas juveniles),
ni valores sustitutos (que suelen ser nocivos) para reponer los del respeto
a la autoridad, la solidaridad con los más necesitados, el respeto
a la diversidad, el ceder en cosas que no gustan en beneficio de los demás,
etc. Que son valores que se aprenden en familia.
No sin razón, otro de mis amigos, en este caso filósofo
aficionado y padre de familia numerosa, afirma que los hijos son como
las piedras de los ríos, que de tanto rozarse entre sí por
la convivencia diaria, terminan pulidos y relucientes, terminan siendo
personas de bien.
Da gusto ver los ojos de los niños y de las niñas abiertos
como platos a la vista de la Manyula, o alejarse temerosos y abrazarse
a la pierna de su papá cuando los monos araña extienden
sus huesudas manos pidiendo un churro que llevarse a la boca
El
zoológico es un mundo mágico, es parte de la ciudad educadora,
es parte de todos los salvadoreños que nos sentimos un poco tristes
no sólo por la muerte de Alfredito sino por las circunstancias
en que se dio.
De hecho, pienso que todos los habitantes de San Salvador podemos contar
varias anécdotas personales que tienen como escenario el parque
zoológico, y eso tan cotidiano y tan sencillo es parte
de nuestra cultura, es parte de nuestro orgullo (del que a veces sólo
nos damos cuenta cuando estamos lejos del terruño).
La imagen de Alfredito, descrita en la elegía a su muerte: Te
escondías, bajo el agua sumergido/y emergías, espléndido,
con un soplido/para caminar regio a los montarrascales/dejando a tu paso
hedores colosales...
Evoca, sin duda, ratos de vida familiar, risas, ilusiones, temores infantiles
y recuerdos de juventud. Y más de algún amigo con el apodo
bien ganado.
¿Quién reemplazará a la Tuncona? ¿Quién
ocupará el lugar de Alfredito? La vida es mucho más que
trabajo, lo más importante que tenemos en esta tierra es cómo
no, la familia, pero la familia necesita lugar para fortalecerse,
necesita un hogar donde medrar, necesita también aire puro, campo
abierto.
*Ing. Industrial, Dr.en Filosofía y columnista
de El Diario de Hoy.