Salvador Castellanos*
El Diario de Hoy
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Tal parece que las manzanas siempre han estado involucradas en historias
trágicas. A nuestro padre Adán y a su mujer Eva, atreverse
a morder una de estas jugosas frutas les costó su estadía
en el paraíso terrenal.
Al pobre Alfredito, el finado hipopótamo de nuestro fatídico
zoológico, el placer de engullir una de ellas le significó
una mortal torcedura de tripa.
Me llama la atención que la dieta del monumental espécimen
incluyera manzanas, pues jamás, en mis continuos safaris por el
canal Animal Planet, he podido ver un árbol de manzana
plantado en las riberas de los ríos africanos, donde viven los
parientes de Alfredito, y mucho menos a alguno de ellos parado en dos
patas, intentando hacerse con una de estas delicias.
Hasta donde he podido entender, la dieta básica de un hipopótamo
es hierba y no manzanas, tampoco las coliflores, zanahorias y maíz
que decidieron incluir en su menú los especialistas del zoológico.
Sin embargo, esto de alimentar hipopótamos con manzanas no es nada
extraño, sobre todo en nuestro zoológico, donde las avestruces,
monos y otras especies ingieren, rutinariamente, envoltorios, tapones
de botellas y cualquier otro platillo exótico que provenga de las
cafeterías instaladas dentro del complejo, los que ignorantes visitantes
ofrecen gentilmente a los animales, a veces ante la mirada indiferente
de los vigilantes, quienes, por ser tan irresponsables en el cumplimiento
de su deber, deberían ocupar los aposentos de los indefensos huéspedes
y dejar a éstos en libertad.
Ahora bien, ante el deceso del buen Alfredito, que era difícil
de ocultar, no sólo por su voluminosa figura, sino por su fama
entre los visitantes, era necesario encontrar responsables, y en esto
se ha formado un buen rollo.
Los trabajadores acusan al director de ignorante en cuestiones de zoología,
y aseguran que su decisión de cambiar la dieta de la recordada
bestia es lo que lo llevó a la muerte.
El aludido ha respondido haciendo referencia al problema que ocasionan
los chalets propiedad de los mismos empleados y la fuente
de los antes mencionados ingredientes de la peligrosa dieta alternativa
de los animales.
O sea que en este caso, y para estar a tono con el tema animal, todos
tienen cola que patear.
Un problema serio es que la muerte de Alfredito no es la única,
según dicen los mismos empleados, pues más de 25 ejemplares
han fallecido durante la actual administración, incluyendo una
avestruz, el también famoso leoncillo Yulu Cova y quién
sabe cuántas especies más, a las que quizá ha sido
sencillo inhumar sin mucho aspaviento, debido a su reducido tamaño
o a la falta de una fama tan grande como la de Alfredito. Más excepcional
es el caso de la serpiente venenosa a la que un empleado, amigo del dios
Baco, decidió escamotear y luego vender, para poder financiar los
requerimientos de su tripa guarera.
Algunos buenos ciudadanos y viejos conocidos de Alfredito, que no salen
de su asombro y duelo, han sugerido soluciones interesantes ante los continuos
desatinos, por ejemplo, hacer un acuerdo entre el zoológico y las
instituciones educativas, para que sus estudiantes presten su servicio
social, vigilando que los visitantes no alimenten o abusen de los animalitos.
En fin, por ahora sólo nos queda resignarnos ante la pérdida
del amigo Alfredito, quien más de alguna vez debió lamentar
su suerte, la que le trajo de la tropical ciudad de Miami a este país
tercermundista, donde se vive mal, se come peor y todavía se deben
recibir las pedradas de los que llegan a divertirse a costa tuya.
¡Pobre Alfredito, pocos buenos recuerdos te llevaste a la tumba!
Excepto la vez del terremoto, cuando se cayó la pared de tu recinto
y pudiste escapar, aunque sea a la cancha de basquet del colegio vecino;
también me imagino que en tu nueva morada en el cielo de los hipopótamos,
te debe causar placer recordar cómo le lanzabas tu excremento a
los incautos visitantes, quienes también parecían gozosos
de recibir la lluvia de caca.
Lo que no debes dudar es que muchos te extrañamos, aunque tu deceso
ha dejado con una honda preocupación a la Manyula, pues no deja
de pensar en la posibilidad de que le cambien su actual dieta por una
de cocos sin pelar.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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