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La nota del día
La “función social” es ser eficiente

La principal consideración es que aquello que la ley no exige no constituye obligación para nadie

Publicada 24 de julio 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Walter Rostow “el bueno” -pues hubo un intelectualoide de izquierda con el mismo nombre-señaló que la responsabilidad social del empresario consiste en ser eficiente y ser exitoso. No importa si participa o no en proyectos sociales, o sostiene entidades benéficas, o se desvive por dotar de obras a su comunidad: lo esencial es que sea un excelente productor.

Por vocación, conveniencia o casualidad, un empresario puede ser un pilar de su “comunidad” y ocuparse de ayudar a otros, lo que agrega a sus méritos y sirve de ejemplo al resto de ciudadanos. La caridad es una de las virtudes teologales y nos acerca a Dios. ¡Bienaventurados aquellos que socorren a sus semejantes!

Pero “zapatero a tus zapatos”, y el que sobresale como cirujano, o es un consumado comerciante, o tiene el instinto del gran agricultor, o destaca por sus cualidades administrativas, beneficia a muchísimas más personas haciendo lo suyo, que en cualquier otro afán.

Esto vale todavía más en los pueblos pobres, que necesitan vitalmente personas que organicen, produzcan, sean altamente competitivas, generen trabajo, obtengan muchas ganancias e inviertan en nuevos proyectos y actividades.

Rostow señaló que siempre hay que estar en guardia frente a conceptos como el de “función o interés social”, entendidos como deberes más allá de la ley que en alguna manera obligan a personas, sectores o empresas. La principal consideración es que aquello que la ley no exige no constituye mandato para nadie.

Es inválido invocar una imaginaria “función social” para imponer limitaciones o tareas sobre grupos de hombres, incluidos los empresarios. Si es necesario, poniéndolo de ejemplo, que los dueños de automóviles se ocupen de que sus unidades no contaminen el ambiente, hay que regular esto por ley, no dejándolo a la voluntad de nadie.

Unos dan el dinero y otros lo despilfarran

En muchísimos casos lo que vagamente pueda entenderse como “función social” o “vocación de servicio” coincide con el interés del empresario y el profesional en ser más eficientes y productivos. Una empresa que se ocupe de su personal, que tenga buenas o excelentes prestaciones y se esfuerce por proyectarse hacia la comunidad, por regla general obtendrá mayores beneficios que otras.

Son innumerables las empresas que participan en obras de beneficencia y hacen donativos, debido a que eso agrega a su buena imagen pública. De igual forma, contar con un buen ambiente interno eleva la productividad de todos.

De hecho, y es indiscutible que sea de beneficio a un país, la ley impone, sobre las empresas organizadas, obligaciones que son una forma de “función social”, como son las cuotas que se pagan a las administradoras de pensiones, al ISSS, a los fondos de vivienda y al Insafocoop. Estas prestaciones, sumadas a muchas otras, tienen sus aspectos positivos, pero por otro lado reducen los salarios reales que el trabajador recibe directamente y además suben los costos de producción.

Las prestaciones se terminan pagando por los compradores de los bienes y servicios que suministran las empresas. Lo grave es que una parte de la sociedad -la mayoritaria- termina viendo tales beneficios como otorgados por el gobierno, que así “saluda con sombrero ajeno”. Por desgracia, el Estado toma en sus manos administrar esas prestaciones con los consiguientes despilfarros, saqueos e ineficiencia propios de entes como el ISSS.

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