 |
|
Atardecer. Gilberto Murgas, Isaac Zelaya, Santos Rivera, Eric Prado
y Nelson Nerio posan como si fueran un grupo de rock & roll
luego de la práctica de ayer en Florencio Varela. Foto:
EDH/Arberto Raggio
|
Buenos Aires
Julián Mansilla
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
El frío, inusualmente intenso en los primeros días de
julio, cedió esta semana. Buenos Aires recibió a la selección
salvadoreña con sol y un invierno no demasiado áspero, ideal
para aquellos que deben habituarse rápidamente al cambio de temperatura.
Sin embargo, para los 22 jugadores y el cuerpo técnico encabezado
por Juan Ramón Paredes, la capital argentina todavía está
lejos.
La Selecta quedó concentrada en el hotel Área Grande, un
complejo ideal para el trabajo de un equipo de fútbol, con tres
campos en muy buen estado y la comodidad que supone tener el hospedaje
unido al lugar de entrenamiento. Sólo que se encuentra en Florencio
Varela, un suburbio ubicado treinta kilómetros al sur del centro
de la ciudad y por esa razón, para este grupo, Buenos Aires todavía
es una ilusión: la de tener, finalmente, un puñado de horas
libres para poder conocerla.
Por lo pronto, la ciudad sigue su ritmo habitual, con las marcas que deja
el conflicto social siempre presente (lo que supone la presencia constante
de manifestantes por las calles, consecuencia inocultable de la crisis)
pero también, con sus innegables atractivos: una oferta cultural
siempre múltiple, muchos lugares para conocer y un estilo de vida
propio de una ciudad europea. Y en cuanto al fútbol, los porteños
palpitan por estas horas el choque de mañana con Brasil, que significará
la definición de la Copa América.
Los unos y los otros
Mientras tanto, en Área Grande, los adelantados, aquellos
que llegaron en la madrugada del jueves, cumplieron ayer con su segunda
tanda de entrenamiento y por la tarde, se sumaron los que arribaron a
Buenos Aires un día después, entre ellos, el entrenador
Paredes.
Lo cierto es que el lugar es óptimo para un trabajo serio y ordenado:
hay pocas razones para distraerse y la posibilidad de ensayar en el campo
a toda hora. El complejo es propiedad del empresario Carlos Quieto, un
hombre que se hizo famoso en el fútbol argentino por gestionar
muchas importantes transferencias a Colombia, en tiempos en los que el
fútbol cafetero se nutría de talentos pamperos. Y el encargado
de todo, en estas tierras, es Néstor Fernando Villarreal, un buen
ex futbolista que apareció en el Independiente de finales de los
ochenta y que desarrolló lo mejor de su carrera en Colombia y Ecuador.
 |
|
Control. El plantel completo se entrenó ayer por primera
vez. Foto: EDH/Arberto Raggio
|
Villarreal pertenece a la empresa World Eleven, encargada de la organización
de encuentros amistosos internacionales. Y lo cierto es que los directivos
de esta delegación salvadoreña llegaron sensibilizados.
Dicen que vinimos a jugar contra equipos de tercera categoría,
explica alguno de ellos, preocupado. Pero la realidad no indica eso. El
calendario de actividades, si bien no está definitivamente confirmado,
incluye muy buenos partidos.
Mañana por la mañana, el rival de la selecta será
el Deportivo Táchira, que viene de cumplir una muy buena actuación
en la Copa Libertadores de América y que ha elegido a Buenos Aires
como su lugar de pretemporada, aprovechando los precios accesibles y la
posibilidad de enfrentar a buenos rivales.
Hasta aquí, también se han confirmado otros dos partidos:
ante Independiente, que dirige el ex entrenador de la selecta José
Omar Pastoriza, y frente a Racing, que tiene como conductor a Ubaldo Fillol,
el ex portero de la selección argentina campeona del mundo en 1978.
Además, Villarreal está trabajando sobre otras dos posibilidades:
la de jugar con Estudiantes de La Plata (club del que acaba de desvincularse
el entrenador Carlos Bilardo) y con San Lorenzo, que tenía intenciones
de enfrentar a El Salvador (incluso en un amistoso formal y con la posibilidad
de televisarlo), pero no puede hacerlo antes del próximo viernes
30, la fecha en la que este grupo emprenderá el regreso.