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La nota del día
Una nueva ley contra la delincuencia

La “ley Mano Dura” devolvió seguridad a muchas comunidades, y ha conseguido que mareros comiencen a desertar de las bandas.

Publicada 22 de julio 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Las nuevas propuestas de ley para combatir las pandillas del crimen, principalmente las maras, fue presentada ayer martes por el gobierno de Saca a la Asamblea Legislativa, proyecto que ha sido respaldado por los participantes en un foro de discusión.

Dada la naturaleza tan heterogénea de los concurrentes, de las escondidas agendas de algunos, de la confusión que hay respecto a estos temas y del deseo de sacar raja política de muchos, se llegó a buenas conclusiones; tenemos un punto de partida para mejorar.

El principal escollo en el combate contra el crimen ha sido la excesiva protección que se brinda a los maleantes, unido al menosprecio a las víctimas. En el mundo sobran quienes simpatizan con el secuestrador y desprecian a los secuestrados, como es el caso de los fundamentalistas del Medio Oriente.

A esto se agregaron en El Salvador las distorsiones morales que fueron parte del escenario para la reforma de los códigos, uno de cuyos engendros fue precisamente la llamada “Ley del Menor Infractor”.

Es natural que la gente piense que es necesario asistir a los jóvenes criminales a rehabilitarse; en su momento alguien tuvo la descomunal ocurrencia de forzar a las empresas a emplear a pandilleros a la salida de los penales, medida que habría causado un éxodo de maquileras. De nuevo, gran preocupación por rehabilitar a delincuentes y ni una palabra sobre lo que se debe hacer por las víctimas. Si pretenden dar asistencia sicológica a un violador de quince años, es de mucha mayor urgencia darla a las jovencitas violadas, las que ni siquiera pueden denunciar en privado sus casos en las delegaciones policiales, donde se ven forzadas a hablar en cuartos llenos de extraños.

El joven sin oficio cae en las maras

Por encima de estos comentarios muy lógicos, se debe destacar un componente que está en el trasfondo del drama que viven tantos jóvenes: se unen a las maras por falta de ocupación y por el descuido de sus familias.

Pero la principal causa de que no haya ocupación para ellos, es la ley de aprendizaje vigente, decretada por vez primera en los tiempos del infame “Directorio Cívico Militar”, de inicios de los años sesenta.

El pretexto para acabar con el régimen de los aprendices, que consistía en acuerdos voluntarios entre padres y los responsables de pequeños negocios fue ocuparse de “su bienestar”. Y tan bien se ocuparon de él que en este país no existen aprendices por ningún lado.

La ley vigente obliga a “salarios dignos”, afiliación al Seguro, vacaciones, posibilidad de hacerse miembros de sindicatos, etc., lo que para algunos suena bien en el papel pero que ha tenido consecuencias nefastas: no hay aprendices.

Al no haber aprendices, los jóvenes quedan sin tutela en la calle. Y al estar en la calle, caen presa de las maras. Cuando se lee sobre los cabecillas de las pandillas y se les contempla en fotos y noticieros televisivos, una persona decente no puede menos que espantarse de la situación.

La “ley Mano Dura” devolvió seguridad a muchas comunidades, y ha conseguido que mareros comiencen a desertar de las bandas. Por desgracia continúan los homicidios horrendos y sin sentido, como el caso de la joven catedrática de la UTEC y la ejecutiva de Telefónica. Pensemos en las víctimas.

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