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| Condiciones deplorables.
Foto EDH/Lissette Monterrosa |
Óscar Iraheta
El Diario de Hoy
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Unos con cartón y otros con plásticos. Y los más
afortunados, de lámina.
También están los que no cuentan con ninguno de estos recursos.
Este es el caso de María Galeas Hernández, de 44 años.
La champa donde vive, está cubierta únicamente de un lado.
Los otros están al descubierto, ya que no dispone de plásticos
o lámina, para protejerse.
La humilde mujer narró con tristeza la realidad en la que vive.
El poco dinero que gana con la venta de tamales no le alcanzó para
pagar la cuota de la pensión en donde alquilaba. Es por eso que
decidió unirse al grupo de damnificados.
Soy madre soltera con ocho hijos, y no tengo un lugar donde poder
ir a vivir, comentó la señora.
Dos viejas camas, una improvisada cocina de hierro, algunas cajas donde
guarda la ropa y una deshilada hamaca, en la que duerme a su última
hija, son la únicas pertenencias que tiene.
Esos bienes los ha adecuado a los tres metros de largo y dos cincuenta
de ancho, que mide el terreno donde vive.