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| Un sentimiento de angustia, excesivas palpitaciones
y opresión en el pecho también son focos de alerta.
Foto EDH |
Ana Giralt Quesada
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Un repentino dolor de cabeza se combate con un analgésico. Un zumbido
en los oídos se vincula con unas gotas de agua que cayeron dentro,
durante la ducha. Un mareo se relaciona con la falta de un alimento energizante.
Estados de salud que no merecen tener que esperar y mucho menos gastar
por una consulta medica... ¿verdad?
Si no los padece con frecuencia, el anterior razonamiento tiene algo de
cierto. Si uno de ellos o todos juntos le aquejan de manera
constante, debe comenzar a preocuparse.
Estos achaques son propios de un mal que según estadísticas
de la Organización Mundial de la Salud (OMS) causan entre el 40
y 50 por ciento de infartos y hasta un 60 por ciento de derrames cerebrales:
la hipertensión arterial.
Un sentimiento de angustia, excesivas palpitaciones y opresión
en el pecho también son focos de alerta.
Aunque no se confíe, usted puede sentirse muy bien y aún
así, entrar en la categoría de hipertenso.
Y es que por algo a esta enfermedad se le denomina: El Asesino Silencioso.
Una persona sana que hace ejercicio puede tener presión alta,
explica el cardiólogo Joaquín Esquivel.
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| Ejercicios. Son parte importante de nuestra
salud. Foto EDH |
Las consecuencias pueden ser devastadoras. Insuficiencia
renal y cardíaca, ceguera, diabetes y hasta la muerte es el futuro
clínico que le espera a quien reste importancia al que el bombeo
de la sangre sea más acelerado de lo normal.
Así, ejemplifica el especialista, la unidad funcional del riñón,
conocida como glomérulo, trabaja bajo presión.
Si ésta llega a ser muy elevada lo rompe. Haga de cuenta que ocurriría
lo mismo si le echa más aire de lo necesario a la llanta de un
carro.
El exceso de sangre puede dañar las arterias de los ojos, hasta
deteriorar la retina. La persona diabética e hipertensa tiene más
posibilidad de un infarto o un derrame, debido a la obstrucción
de las arterias.
Tratarla a tiempo disminuye hasta el 40 por ciento de riesgo de sufrir
los dos últimos daños, y un 50 por ciento (de disminución)
de insuficiencia cardíaca y renal, complementa el cardiólogo.
Estilo de vida
Cada mes o cada dos, debe revisarse la presión arterial. Hacerlo
le tomará unos cuantos minutos que le pueden descomplicar la vida.
El nivel adecuado es 120 sobre 80 (ver modulo de cifras).
En caso de que los números superen el límite, lo primero
que debe hacer es visitar a un especialista. No se automedique, ya que
podría lidiar con efectos secundarios, como la impotencia, espasmos
y tos.
Lo segundo es tener presente que la hipertensión se puede combatir,
aunque no desaparecer.
Es un mal que estará siempre a su lado, pero que tratado como se
debe no le resultará incómodo.
Lo último, pero no menos importante, es cambiar por completo su
rutina. La gente con sobrepeso está obligada a ponerse en forma.
Y al igual que ellos, los delgados deben bajar el consumo de alimentos
grasosos y con mucha sal.
El licor y el cigarrillos son incompatibles con la hipertensión.
El sedentarismo también. Hacer ejercicio resulta un complemento
perfecto del tratamiento médico.
Ojo, si jamás lo ha hecho, no pretenda convertirse en un atleta
de la noche a la mañana porque su cuerpo puede no responder como
lo planeado.
Comience por caminar unos 45 minutos al día o cada tres; o bien,
inscríbase en un gimnasio y siga las instrucciones de un entrenador.
El estrés lo puede volver hipertenso. No se exija más de
lo que puede dar. No intente combatirlo consumiendo estimulantes o productos
que lo hagan sentirse mejor o con mas energía.
Asimismo, verifique el estado clínico familiar. Si dos o más
parientes, resalta el doctor Joaquín Esquivel, tienen presión
alta, la posibilidad de padecer resulta mucho mayor. Nuevamente, los chequeos
constantes se vuelven indispensables.
Medicamentos de por vida
Un reciente estudio realizado en 15 mil pacientes hipertensos,
en 931 centros hospitalarios de 31 paises, reveló que Valsatrán,
de la casa Novartis, no sólo combate el mal, sino que evita el
aparecimiento de efectos secundarios.
De acuerdo con el cardiólogo Joaquín Esquivel, existe un
sin fin de medicamentos que pueden mantener la presión en un nivel
óptimo, pero con el riesgo de sufrir otros males.
La impotencia sexual, espasmos musculares, tos recurrente, engrosamiento
de las paredes del corazón y las arterias; y efectos negativos
sobre la membranas que recubre a estas últimas, pueden reflejarse
en el paciente.
Valsatrán, explica Esquivel, no sólo ayuda a combatir la
hipertensión arterial sino que además contribuye a controlar
la insuficiencia cardíaca.
El estudio mostró que el producto produce efectos beneficiosos
en pacientes que sobreviven al infarto del miocardio, resalta el
cardiólogo, quien recientemente estuvo en la presentación
de los resultados en Estados Unidos.
La ingesta de esa medicina también impide el aparecimiento de la
diabetes en los hipertensos. Un 23 por ciento de las personas examinadas
y diabéticas, reflejaron una disminución del último
padecimiento en su sangre.
La cantidad de Valsatrán dependerá de la necesidad del hipertenso.
Lo normal es consumir una pastilla diaria. Los resultados se reflejarán
en 6 a 8 días.
El doctor Esquivel recuerda que el sentirse bien no exime al hipertenso
a abandonar el tratamiento. Es para toda la vida, subraya.
¡No se asuste! El mantenerse en control médico permite que
la dosis baje, más no desaparezca.
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¡Ayúdese así mismo!
- Tres veces a la semana es una dosis apropiada de ejercicios:
30 minutos de banda (caminadora eléctrica) y 20 de bicicleta estacionaria.
- Si tiene más de 50, debe ser una rutina cardiovascular.
- Una dieta balanceada permite ver resultados prontos.
- Los ejercicios aeróbicos ayudan a la resistencia cardíaca.
- Agotarse por cumplir una rutina puede causarle estrés.
- Un tenis de botín protege a los tobillos del impacto que provoca
el brincar o caminar.
El estres: el enemigo del ser humano
El estilo de vida actual dentro de la sociedad implica correr y realizar
todas las actividades al mismo tiempo. ¿No me lo puede terminar
antes? No creo que me dé tiempo, por favor,
dese prisa, ¿cómo hago con los niños?
Mi esposo llegará a las siete, ¿cómo
hago con la cena?, ¿cómo hago con las tareas?
Tengo que terminar hoy mismo, sólo me quedan
15 minutos, no puedo esperar más. Estas expresiones
son las necesidades de hacer muchas cosas, y cada vez con mayor velocidad.
La mayoría de personas comen con prisa, hablan deprisa, caminan
aceleradamente de un lado para otro y cambian su estilo de vida con
frecuencia en períodos cortos. Pero al final de todo, muy pocas
personas pueden decir lo logré, ha merecido la pena.
Las actividades que se realizan sin disfrutarlas a causa de la cargada
tensión, provocan que las relaciones con los demás se deterioren
y, la salud física y mental sufra daños por completo.
Cuando esto último ocurre, es un indicativo de que estamos siendo
atacados por el estrés. Un mal que no es sólo de ejecutivos,
políticos, empresarios, trabajadores asalariados, amas de casa;
sino pertenece a todas las personas. Debemos combatirlo y prevenirlo.
Cuidar de nosotros mismos: esto implica tomar tiempo para recrearnos,
dormir, hacer ejercicio físico, tener una alimentación adecuada.
Incorporar hábitos agradables como leer y escuchar música.
Tolerar la incertidumbre, tratar de buscar soluciones sin apresurarnos,
resolver conflictos y, sobre todo, organizar nuestro tiempo, para prevenir
frustraciones, agresividad, ansiedad, dolores de cabeza, estómago,
colitis, úlceras gástricas, insomnio, diabetes, hipertensión,
etc.

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