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Conversando sobre política
Problemas políticos e ideológicos en el país

Necesitamos concertar un nuevo acuerdo, uno que nos permita consolidar en una sola visión las acciones estratégicas para avanzar hacia un crecimiento sostenido

Publicada 21 de julio 2004, El Diario de Hoy

Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

(Primera parte)
1. “Nos encontramos frente a un agotamiento de los acuerdos de paz y no logramos identificar las condiciones necesarias para un nuevo acuerdo”.

No cabe duda de que los Acuerdos de Paz representaron para todos los salvadoreños un avance extraordinario en materia de fortalecimiento y consolidación de la democracia. Nadie puede negar que la reducción de la fuerza armada; la transformación de los cuerpos de seguridad y su profesionalización, a través de la creación de la Policía Nacional Civil; el nacimiento de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos; la conversión de la ex guerrilla en un partido político, entre otros, son avances trascendentales que vinieron a renovar los cimientos de una patria que durante muchos años transitó por el camino del conflicto armado con el objetivo de obtener al final del camino, la vía del diálogo y la concertación.

Estas dos últimas alternativas, diálogo y concertación, son realmente el logro más importante de los Acuerdos de Paz. La cultura del diálogo no se construye con el simple intercambio de palabras e ideas. Se necesita de cordura, tolerancia, serenidad y, sobre todo, de la apertura suficiente para aceptar las ideas de la contraparte si realmente se quiere tener unos resultados fructíferos. Pero los acuerdos de paz fueron más allá: del diálogo pasaron a la concertación.

Esta última hizo posible el cese de la violencia armada, así como la evolución del sistema democrático a través de los grandes logros que señalamos en el párrafo anterior, pero no involucró los instrumentos a seguir para el desarrollo económico, condición indispensable para llegar al fin último y más trascendental: el desarrollo social.

El Foro Económico y Social, producto de los Acuerdos de Paz, fue tan sólo un intento de concertación en dichas áreas por parte de los distintos actores sociales. Su fracaso aún es discutible. Los empresarios alegan la incapacidad de los representantes del FMLN para lanzar sobre la mesa propuestas razonables, y los que participaron como miembros del partido de izquierda, culpan a la voracidad del capitalismo y a la ortodoxia de la derecha, como el punto de quiebre de las discusiones en dicho foro.

Lo cierto es que los Acuerdos de Paz lograron poner fin a un conflicto que nos dejó más de ochenta mil hermanos salvadoreños fallecidos. Lograron iniciar un sendero importante para la consolidación democrática. Pero no fueron suficientes, o por lo menos no lo han sido para resolver los problemas económicos y, sobre todo, las carencias sociales que existen en el país.

Necesitamos concertar un nuevo acuerdo, uno que nos permita consolidar en una sola visión las acciones estratégicas para avanzar hacia un crecimiento sostenido, donde la pobreza estructural pueda ser atacada desde sus raíces. Para el logro de este objetivo debemos, y lo reitero una vez más, promover la concertación social. Torcuato di Tella resume en términos sencillos lo que debemos entender por concertación social: “Se denomina así una forma de resolver problemas de índole socioeconómico mediante el acuerdo de entidades que representan a los grupos sociales o sectores directamente interesados, con el auspicio y la participación más o menos activa del gobierno. Esta modalidad puede institucionalizarse, con carácter permanente, a través de un consejo económico y social u otros órganos de este tipo con facultades consultivas...”.

Di Tella integra un elemento estratégico para la práctica de la concertación social: la creación de un marco institucional para practicarla. Actualmente, es el Consejo Superior del Trabajo (CST) el ente bajo cuya cobija se practica el diálogo social en El Salvador. Aunque personalmente lo considero como un buen intento de los que, ante el fracaso del foro económico social, vieron en el CST el instrumento idóneo para la generación de consensos entre las fuerzas productivas, me parece que falta otro espacio aún más dinámico, donde tengan cabida los consumidores y entidades representativas de la sociedad civil.

Este es el reto que debemos asumir para vislumbrar una solución factible al primer problema planteado. El nuevo acuerdo debe ser producto de la concertación social, y esta última debe contar con una entidad al estilo del Consejo Económico y Social de España, donde se pueda dialogar y finalmente concertar las bases de esa nueva visión que nos permitan llegar al país que describen los miembros de la Comisión Nacional de Desarrollo: “Aspiramos a un país moderno en el que todos los habitantes tengan cubiertas sus necesidades básicas:, en el que se multipliquen y aseguren opciones de presente y de futuro para nuestros hijos y para las generaciones sucesivas. Necesitamos un país en el que se desate y aproveche toda la energía individual y colectiva de la población.

Un país en el que todos nos sintamos seguros y contribuyamos decididamente a vivir una nueva cultura de honradez, responsabilidad, productividad, solidaridad, tolerancia, humanismo y respeto a las leyes. Queremos también un país limpio y verde; un país abierto, sin fronteras y decidido a impulsar la integración centroamericana. Queremos, en resumidas cuentas, un país del que todos podamos sentirnos orgullosos”.

*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia de la República


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