Luis Mario Rodríguez
R.*
El Diario de Hoy
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(Primera parte)
1. Nos encontramos frente a un agotamiento de los acuerdos de paz
y no logramos identificar las condiciones necesarias para un nuevo acuerdo.
No cabe duda de que los Acuerdos de Paz representaron para todos los salvadoreños
un avance extraordinario en materia de fortalecimiento y consolidación
de la democracia. Nadie puede negar que la reducción de la fuerza
armada; la transformación de los cuerpos de seguridad y su profesionalización,
a través de la creación de la Policía Nacional Civil;
el nacimiento de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos
Humanos; la conversión de la ex guerrilla en un partido político,
entre otros, son avances trascendentales que vinieron a renovar los cimientos
de una patria que durante muchos años transitó por el camino
del conflicto armado con el objetivo de obtener al final del camino, la
vía del diálogo y la concertación.
Estas dos últimas alternativas, diálogo y concertación,
son realmente el logro más importante de los Acuerdos de Paz. La
cultura del diálogo no se construye con el simple intercambio de
palabras e ideas. Se necesita de cordura, tolerancia, serenidad y, sobre
todo, de la apertura suficiente para aceptar las ideas de la contraparte
si realmente se quiere tener unos resultados fructíferos. Pero
los acuerdos de paz fueron más allá: del diálogo
pasaron a la concertación.
Esta última hizo posible el cese de la violencia armada, así
como la evolución del sistema democrático a través
de los grandes logros que señalamos en el párrafo anterior,
pero no involucró los instrumentos a seguir para el desarrollo
económico, condición indispensable para llegar al fin último
y más trascendental: el desarrollo social.
El Foro Económico y Social, producto de los Acuerdos de Paz, fue
tan sólo un intento de concertación en dichas áreas
por parte de los distintos actores sociales. Su fracaso aún es
discutible. Los empresarios alegan la incapacidad de los representantes
del FMLN para lanzar sobre la mesa propuestas razonables, y los que participaron
como miembros del partido de izquierda, culpan a la voracidad del capitalismo
y a la ortodoxia de la derecha, como el punto de quiebre de las discusiones
en dicho foro.
Lo cierto es que los Acuerdos de Paz lograron poner fin a un conflicto
que nos dejó más de ochenta mil hermanos salvadoreños
fallecidos. Lograron iniciar un sendero importante para la consolidación
democrática. Pero no fueron suficientes, o por lo menos no lo han
sido para resolver los problemas económicos y, sobre todo, las
carencias sociales que existen en el país.
Necesitamos concertar un nuevo acuerdo, uno que nos permita consolidar
en una sola visión las acciones estratégicas para avanzar
hacia un crecimiento sostenido, donde la pobreza estructural pueda ser
atacada desde sus raíces. Para el logro de este objetivo debemos,
y lo reitero una vez más, promover la concertación social.
Torcuato di Tella resume en términos sencillos lo que debemos entender
por concertación social: Se denomina así una forma
de resolver problemas de índole socioeconómico mediante
el acuerdo de entidades que representan a los grupos sociales o sectores
directamente interesados, con el auspicio y la participación más
o menos activa del gobierno. Esta modalidad puede institucionalizarse,
con carácter permanente, a través de un consejo económico
y social u otros órganos de este tipo con facultades consultivas....
Di Tella integra un elemento estratégico para la práctica
de la concertación social: la creación de un marco institucional
para practicarla. Actualmente, es el Consejo Superior del Trabajo (CST)
el ente bajo cuya cobija se practica el diálogo social en El Salvador.
Aunque personalmente lo considero como un buen intento de los que, ante
el fracaso del foro económico social, vieron en el CST el instrumento
idóneo para la generación de consensos entre las fuerzas
productivas, me parece que falta otro espacio aún más dinámico,
donde tengan cabida los consumidores y entidades representativas de la
sociedad civil.
Este es el reto que debemos asumir para vislumbrar una solución
factible al primer problema planteado. El nuevo acuerdo debe ser producto
de la concertación social, y esta última debe contar con
una entidad al estilo del Consejo Económico y Social de España,
donde se pueda dialogar y finalmente concertar las bases de esa nueva
visión que nos permitan llegar al país que describen los
miembros de la Comisión Nacional de Desarrollo: Aspiramos
a un país moderno en el que todos los habitantes tengan cubiertas
sus necesidades básicas:, en el que se multipliquen y aseguren
opciones de presente y de futuro para nuestros hijos y para las generaciones
sucesivas. Necesitamos un país en el que se desate y aproveche
toda la energía individual y colectiva de la población.
Un país en el que todos nos sintamos seguros y contribuyamos decididamente
a vivir una nueva cultura de honradez, responsabilidad, productividad,
solidaridad, tolerancia, humanismo y respeto a las leyes. Queremos también
un país limpio y verde; un país abierto, sin fronteras y
decidido a impulsar la integración centroamericana. Queremos, en
resumidas cuentas, un país del que todos podamos sentirnos orgullosos.
*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia
de la República