Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
(pintorbalaguer@hotmail.com)
El rumor, al fin, de las hojas doradas barridas por el viento sobre
las baldosas grises. Buscando ¿qué? Al fin un viajero más
en el regreso; que vuelve, desandando sus pasos, los rastros del sueño
de lo que ayer perdió.
Entonces me introduje entre los secos rosales y -por un sendero de lajas
y helechos- llegué hasta la derruida fuente. Algunos pájaros
se asustaron al verme llegar y dejaron de chapotear en el agua para buscar
el aire. Sólo quedaron unas cuantas avecillas perversas, de esas
que aman a los poetas.
A esos cantores de otras lunas, que vuelven desde ayer, a buscar los dispersos
despojos del amor, de la ilusión perdida; de algún otro
engaño más del corazón. El desdeñado corazón
de las estrellas, palpitando insaciado de vivir, como los soles distantes
de su inmensa noche.
Eran unas oropéndolas cantoras y unos rojos gorriones emigrantes
que quedaron. Avecillas pérfidas del viento, me habían ganado
la partida, llegando antes que yo, hasta su olvidado reflejo en la fuente
abandonada. Aquella fuente de los rostros del tiempo, cuando encontré
a Mara, buscando escarabajos esmeraldinos y tímidos entre las hojas
secas.
Entonces nos veíamos en el espejo de la mágica fuentecilla.
Y la niña del reflejo me veía, diciéndome muchas
cosas. Y mi niño en el reflejo, diciendo que la amaba, que era
mi acariciado sueño, mi amiga del traspatio, detrás de los
muros, detrás de la vida.
Y nos decíamos cosas que no podíamos decirnos frente a frente.
Y lo decíamos nada más que en el trémulo reflejo
del agua estancada.
Día a Día
Mundo ideal
En un mundo ideal y deseable, como es el caso de las grandes democracias,
los niños asisten a la escuela hasta pasada la pubertad. También
ayudan en labores domésticas; los que más lo hacen son los
que más tarde sobresalen en la vida. Pero una cosa es el sueño
y las metas que una nación se traza, y otra las concretas realidades
de un pueblo pobre.