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Palabras
Los rostros de la fuente del tiempo

Como un borroso fantasma crucé el tapial del traspatio. Sí, tal vez fui una sombra, un ángel de la memoria o algo así...

Publicada 21 de julio 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

(pintorbalaguer@hotmail.com)

El rumor, al fin, de las hojas doradas barridas por el viento sobre las baldosas grises. Buscando ¿qué? Al fin un viajero más en el regreso; que vuelve, desandando sus pasos, los rastros del sueño de lo que ayer perdió.

Entonces me introduje entre los secos rosales y -por un sendero de lajas y helechos- llegué hasta la derruida fuente. Algunos pájaros se asustaron al verme llegar y dejaron de chapotear en el agua para buscar el aire. Sólo quedaron unas cuantas avecillas perversas, de esas que aman a los poetas.

A esos cantores de otras lunas, que vuelven desde ayer, a buscar los dispersos despojos del amor, de la ilusión perdida; de algún otro engaño más del corazón. El desdeñado corazón de las estrellas, palpitando insaciado de vivir, como los soles distantes de su inmensa noche.

Eran unas oropéndolas cantoras y unos rojos gorriones emigrantes que quedaron. Avecillas pérfidas del viento, me habían ganado la partida, llegando antes que yo, hasta su olvidado reflejo en la fuente abandonada. Aquella fuente de los rostros del tiempo, cuando encontré a Mara, buscando escarabajos esmeraldinos y tímidos entre las hojas secas.

Entonces nos veíamos en el espejo de la mágica fuentecilla. Y la niña del reflejo me veía, diciéndome muchas cosas. Y mi niño en el reflejo, diciendo que la amaba, que era mi acariciado sueño, mi amiga del traspatio, detrás de los muros, detrás de la vida.

Y nos decíamos cosas que no podíamos decirnos frente a frente. Y lo decíamos nada más que en el trémulo reflejo del agua estancada.


Día a Día

Mundo ideal

En un mundo ideal y deseable, como es el caso de las grandes democracias, los niños asisten a la escuela hasta pasada la pubertad. También ayudan en labores domésticas; los que más lo hacen son los que más tarde sobresalen en la vida. Pero una cosa es el sueño y las metas que una nación se traza, y otra las concretas realidades de un pueblo pobre.


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