elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

La nota del día
Haciendo negocio con el “sobador”

Los estafados aceptaban como documentos legales los que no pasaban de ser papeles sin valor; todo se hacía a base de palabras y promesas

Publicada 21 de julio 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La serie de estafas e irregularidades que afectan a una “cooperativa” agraria de Nahulingo ilustran la triste situación en que se encuentran grandes extensiones de tierra del país, como resultado directo de la “reforma” de los duartistas. La “cooperativa” está en la bancarrota, con deudas que superan los dieciséis millones de colones.

Los “cooperativistas”, todos nombrados a dedo, han sido incapaces de salir del problema, como han sido incapaces de asesorarse debidamente para solventar en alguna medida su situación. Para ponerlo en términos simples, cayeron en manos del “sobador” del cantón.

Hacer dinero con parcelaciones o urbanizaciones no es asunto fácil. La regla es que no se pueden anticipar todos los costos, lo que aprovechan los sinvergüenzas cuando los contratos quedan abiertos.

En el caso que nos ocupa, los pobres “cooperativistas” fueron víctimas del vivo que les pintó maravillas para caerle encima a su propiedad, la que también fue robada a sus legítimos dueños en marzo de 1980. Los estafados aceptaban como documentos legales los que no pasaban de ser papeles sin valor; todo se hacía a base de palabras y promesas.

Pero por encima del caso de Nahulingo, expuesto con mucho detalle en la revista Vértice del domingo pasado, la verdadera tragedia es la situación en que se encuentran las mejores tierras de labranza del país, como consecuencia de los robos a mano armada perpetrados por los duartistas hace casi un cuarto de siglo. Hasta donde sabemos, todas las “cooperativas” están endeudadas y ninguna es capaz de saldar sus compromisos. Esa situación, a su vez, ha reducido la cantidad y la calidad del empleo en las zonas aledañas a las tierras, contribuyendo en alto grado a la general depresión del sector rural.

La quiebra de los incapaces

Si los jornaleros miembros de la “cooperativa” han sido incapaces de hacerla producir, nadie esperaría que se conviertan en exitosos parceladores. Su primer error fue hacer de lado un requerimiento básico a las “cooperativas”, cual es que toda venta se tiene que efectuar en pública subasta. Cumplir con ese requisito les habría forzado a asesorarse mejor y a quedar bajo la tutela del ISTA.

Al estar las “cooperativas” en quiebra, carecen de los recursos para incorporar nueva tecnología y adquirir equipos, cuidar la naturaleza, diversificar cultivos, lograr economías de escala. Las “cooperativas” acabaron con las infraestructuras que había en esas propiedades, no pudieron mantener los niveles previos de producción y además talaron la mayor parte de árboles que había en las haciendas y fincas.

A resultas de la “reforma agraria”, el campo se empobreció y a causa de eso forzó a la gente a emigrar a las ciudades o a salir del país. De una agricultura próspera y progresista, caímos en una agricultura de subsistencia; encima de ello, con el pretexto de que se necesitaban recursos financieros para apoyar la reforma, el régimen duartista estatizó los bancos, los que también cayeron en la bancarrota. Ha sido sólo después de la privatización de la banca, que el sistema se pudo de nuevo regenerar y fortalecer, al punto de que la banca salvadoreña es la más avanzada en Centro América.

Recomendamos a nuestros lectores releer con mucha atención la crónica de Vértice, para comprender los motivos por los cuales se sufre de bajos niveles de vida en nuestra campiña.



elsalvador.com WWW