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Opinando
Caray, “Negro”...¿De qué lado debemos estar?

Verónica luchó para llegar a convertirse en catedrática. Su padre mil veces pidió prestado para pagarle sus estudios. Mil veces ella también le recompensó. A Verónica le enterrarán hoy. La bala de un asesino le mató, hace dos noches

Publicada 14 de julio 2004, El Diario de Hoy

Lafitte Fernández*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Verónica estaba radiante y feliz, muy feliz, hace muy pocos días, cuando obtuvo su maestría en Educación Superior. Ese fue su segundo título. Hace algunos años, se licenció en Comunicaciones y Relaciones Públicas. Más orgullosa se puso el día en que le anunciaron que sería catedrática de la Universidad Tecnológica. Con destreza y éxito, asumió, ahí, el reto de enseñar, que no cualquiera lo puede desempeñar bien. Verónica se sentía una mujer completa.

Una verdadera profesional. Detrás de ella siempre estuvo el esfuerzo de sus padres. Sé, y me consta, que su papá, Porfirio Osorio, editor fotográfico de EL DIARIO DE HOY, arañó, hasta donde pudo, esta democracia, para pagarle los estudios a Verónica.

Estaba convencido de que sería una mujer de bien. Mil veces pidió prestado Osorio para pagarle los estudios. Mil veces también se sintió él feliz cuando miraba que se graduaba con notas sobresalientes. Esa mujer era sus ojos.

Todavía recuerdo todas las ocasiones en que el “Negro” Osorio entraba en mi oficina a contarme las conquistas académicas de su hija y el brillo con el que se abría paso en esta sociedad. Y, cada vez que podía, ella agradecía, a sus padres, los enormes sacrificios que hicieron para que ella pudiera estudiar. Sabía que el mejor camino para triunfar que pueden escoger quienes apenas tienen lo justo, es el estudio.

Hace dos noches, Verónica no llegó a dormir a su casa. Fue hasta la mañana siguiente que el “Negro” supo lo que le sucedió.

Verónica está muerta. Anoche le velaron. Hoy le enterrarán. La noche del lunes le mataron unos delincuentes que se subieron al microbús en el que viajaba hacia su casa en Soyapango. Dicen que en el autobús se armó una balacera cuando un hombre intentó defender sus bienes ante esos analfabetos del espíritu. Una bala disparada por los asaltantes le perforó el pecho a Verónica.

Supe de la muerte de Verónica la mañana de ayer, mientras desayunaba con un amigo.
Camino a EL DIARIO DE HOY me dijeron algo más: el “Negro” Osorio estaba en la morgue judicial. Quería recoger el cuerpo para velar a Verónica.

Fue entonces cuando enderecé el carro hacia la morgue judicial. Pero, no tuve el coraje de llegar, ahí, a abrazar al “Negro” Osorio, el mismo amigo que conocí cuando, hace 10 años, llegué a EL DIARIO DE HOY.

Soy padre de mujeres. Sé lo que puede doler la muerte de una niña que se ama como él amó a Verónica.

Preferí tomar el teléfono celular y le llamé. Cuando escuchó mi voz, se puso a llorar. No podía hablar. Sólo tuve tiempo decirle: “Agarrate de Dios, Negro, agarrate de Dios”.

La muerte de Verónica me recordó una conversación que, hace ocho días, sostuvimos un grupo de periodistas centroamericanos en Guatemala. El tema se sobremesa se centró en el papel del periodismo y la delincuencia.

Quienes todo lo abonan a las leyes que rigen la sociedad dijeron que deberíamos concentrarnos en el análisis de las causas. Hubo quien aseguró que así contribuiríamos a hacer periodismo para mayorías.

Entonces alcé la mano y pregunté: ¿Y qué hacemos cuando un 90% de las personas te dice que se haga lo que sea para frenar a los delincuentes? ¿De qué lado nos colocamos? ¿ Del 90% o nos acercamos al 10% restante? ¿De qué lado debe estar, en un caso como ese, un periodismo que sirve a las mayorías?

Ahora que Verónica murió asesinada, comprendo por qué muchos no pudieron responder coherentemente, a mis preguntas, esa helada tarde de Guatemala.

*Gerente de Redacción.



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