Por Lito Moltalvo
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
No había duda que el tiempo había dejado
la huella en aquellos cuerpos, pero no ha podido quitar el amor por la
música y más que todo el arte de mover el cuerpo al ritmo
de la misma. A esto se le llama baile.
El humano baila, casi desde que nace y deja de hacerlo cuando se muere.
No había duda que era un cumpleaños peculiar, había
música de marimba, bebidas, almuerzo y un pastel gigantesco.
Una sola vela que representaba un buen numero de años, porque era
imposible poner todas las velas que además de no caber, podría
provocar un incendio.
Pero ¿por qué era un cumpleaños peculiar? Bueno...
para empezar la suma de los años de los que ahí nos encontrábamos
superaba varios milenios, contando los míos, que era uno de los
más bisoños de los participantes convocados.
Don Julio era el homenajeado y bailó con su madre de más
de noventa años al ritmo de la marimba Ecos del Pacífico
de Salcuatitán.
Los niños son el futuro de la patria, pero los ancianos son la
dicha de la misma, ya que no muchos seres humanos tienen la dicha de llegar
a la vejez y mueren prematuramente y si no lean los diarios y vean la
tele, ¡no mejor no!
Don Julio, un hombre moreno de tez y Moreno de apellido, tiene, ha tenido
y creo que seguirá teniendo un amor especial por aquellos que han
logrado llegar a la tercera edad, también llamada edad de oro.
Quizá, había más mujeres, o tal vez a las mujeres
les gusta más bailar y a los hombres ver bailar, pero a la hora
que sonaba la marimba, con sus teclas de madera y su dulce sinfonía,
si no había suficientes hombres, las ancianas bailaban entre ellas
mismas, pero de que bailaban, bailaban.
Pero ¿que tiene que ver el cumpleaños de don Julio Moreno
y los ancianos, o los compañeros de edad adulta o de la tercera
como le llaman algunos, o más bien los dichosos seres humanos de
la edad de oro?
Pues don Julio es una persona que se dedica a ayudar a los que han llegado
a esas alturas de la vida, lo hace de una manera completamente anónima,
lo mismo sus cheros que le ayudan.
Muy poca gente lo sabe y los que tenemos la dicha de compartir la obra
de este hombre nos llenamos de dicha y de orgullo no sólo de conocerlo,
sino de estar incorporados en la lista de sus amigos, aunque yo como nuevo
del grupo tan sólo llego a la categoría de conocido.
Lo simpático de este caso tan peculiar, es que don Julio no tiene
un ancianato, o una casa o asilo donde alojar a aquellos que han llegado
bien lejos en el camino de la vida, sin una pensión y hasta sin
un pariente que vele por ellos, no. La técnica de don Julio es
diferente.
Los ancianos que este buen señor protege viven en sus casas, con
amigos y parientes, pero don Julio, como si fuera una AFP o el Seguro
Social o INPEP, les pasa una pequeña pensión, les ayuda
con medicina, les consigue alguna cama, ropa, medicina y otras necesidades,
que son muchas, pero que mitiga hasta donde alcanza la cobija a estos
hombres y mujeres, gloria de décadas pasadas.
Para jubilarse con don Julio no se necesitan papeles, ni cuentas, con
sólo ser anciano desprotegido es suficiente.
Pero no termina ahí la labor de don Julio Moreno, una vez al mes
hace una reunión con los que todavía pueden asistir y bailan,
juegan, se divierten, ríen y lloran, pues lo peor que les puede
pasar a los que llegan a la vejez, es sentirse solos y don Julio les sirve
de compañía, les escucha sus penas, como también
sus anécdotas, porque los mayores quieren ser escuchados, que sus
experiencias sean tomadas en cuenta, que tienen valor a pesar de la artritis,
el Parkinson o el Alzhaimer.
Al Papa se le escucha a pesar de la edad, y nadie le dice viejo,
también estos ancianos deben ser escuchados.
Y... la obra de don Julio se proyecta hasta el desconocido más
allá, pues a aquellos que no tienen quien los entierre, don Julio
lo hace cariñosamente, y los acompaña hasta su última
morada en una bonita caja de palo.
Yo no sé si hasta les hace novenario y los va a visitar, pero de
lo que si estoy seguro es que don Julio se saca de su bolsa lo que estas
personas necesitan.
Aunque les voy a decir, que lo que don Julio no sabe, y esto es secreto
entre ustedes y yo, es que entre más se saca de la bolsa derecha,
Dios más le mete por la izquierda, o al revés por aquello
de ideologías.
Lo que don Julio no sabe, y esto es secreto entre ustedes y yo, es que entre
más se saca de la bolsa derecha, Dios más le mete por la izquierda

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