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“Mi trabajo es sinónimo de calidad”

Toda su familia se dedica a la elaboración de carteras y cinchos para almacenes de prestigio. Él afirma que los clientes reconocen que es un hombre que comprende los gustos de mujeres y hombres en materia de cuero.
Rubén Mariano Ortíz. Talabartero

Publicada 30 de junio 2004, El Diario de Hoy

Tenacidad. El fabricante ha hecho una gran variedad de artículos personales. Foto: EDH

Lorena Baires
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Don Rubén Ortíz es un talabartero empírico que con esfuerzo ha marcado un terreno que considera difícil, debido a la competencia con los productos chinos. Desde hace 25 años se dedica a fabricar bolsos para damas, billeteras para caballeros y cinchos para ambos sexos.

Su tono de voz se vuelve nostálgico cuando recuerda que en 1973 tuvo que emigrar de Sensuntepeque para buscar un mejor empleo. Eleva su mirada al cielo y reflexiona: “pero no me arrepiento de la decisión porque mi vida ha cambiado y ahora soy un hombre próspero”.

Gracias a las tareas y consejos de un tío, Rubén logró dominar a la perfección todo el proceso para convertir el cuero de un animal en una preciosa cartera. Afirma que al principio no fue nada fácil, pues tratar el cuero es un trabajo complicado y un poco largo, pero los resultados compensaban las horas de labores que invertía.

Con un poco de temor, pero con mucho entusiasmo, decidió emprender un camino propio. Montó su taller con pocos recursos y comenzó a producir artículos para las esposas de amigos y para los clientes que consiguió, mientras era aprendiz con su familiar.

Patrimonio

A los pocos años se enamoró de la que hoy es su esposa, Daisy Carranza de Ortíz, y juntos fortalecieron la pequeña empresa. Ambos se vuelven a ver con miradas de complicidad, pero pronto les brota una sonrisa cuando observan los productos terminados en una pequeña sala de exhibición de su taller.

Unos meses después de la boda, cuando consideraron que el negocio ya había tomado un rumbo, viajaron a México para aprender nuevas técnicas y se suscribieron a un catálogo italiano de carteras para mujer.

De ese muestrario, copiaron cientos de ideas que combinaron con los gustos personales de varias clientes. De ese modo, la creatividad de ambos se convirtió en la marca de calidad que ahora gozan. Sus principales clientes son los almacenes por departamentos, además de los viejos conocidos que hicieron en el camino para fortalecer el negocio.

El taller que tienen en la actualidad está en la final de la 25 avenida Sur, Calle Central, pasaje F, No. 211, de la Colonia San Juan, en San Salvador. Allí disponen de una pequeña sala de muestras, donde los clientes encuentran los principales estilos que están de moda.

Ahora, con el paso de los años, don Rubén eleva las manos y agradece a Dios por haberle dado las oportunidades que necesitaba. “También doy gracias a todos los amigos que creyeron en mi, al comprar mi trabajo. También a mi familia, que me dio fuerzas para crear el futuro que hoy disfrutamos”, finalizó.

Perfil

Rubén Mariano Ortíz emigró de Sensuntepeque en 1973. Aprendió el oficio de hacer carteras y cinchos con un tío. Años después conoció a su esposa y ambos iniciaron el negocio. Ahora, la empresa se ha convertido en uno de los principales proveedores de varios almacenes de prestigio del país. Preparan un catálogo virtual para enviarlo a Estados Unidos.


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