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Fiebre de fútbol

Indudablemente, cuando falta la entrega, la garra y la estrategia, no hay factor humano que le permita recuperar el norte a una selección escasa de fuerza y de argumentos técnicos

Publicada 30 de junio 2004, El Diario de Hoy

Raúl M. Alas*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

La fiesta deportiva del fútbol europeo ha entrado en su recta final. Han pasado más de dos semanas desde que el inconfundible Pierluigi Collina arbitró el partido inicial y, sin embargo, las sorpresas no dejan de sucederse en esta intensa competición. De hecho, salvando algunas excepciones, hasta los jugadores más afamados han decepcionado a los aficionados de todo el mundo. Aun con todo, este “medio mundial” también está aportando nuevos mitos para el deporte rey.

Lo confieso, me declaro un fiel aficionado del fútbol de alto nivel y de sus exponentes internacionales más destacados. Sin embargo, para beneficio de mi salud y la de los demás conciudadanos, aclaro que no llego a la expresiva emoción de los “hooligans” ingleses, ni a la de los “forofos” españoles, ni mucho menos a la de los “hinchas” portugueses, que han celebrado por todo lo alto su clasificación a semifinales.

Es más, reconozco que en esta Eurocopa he cambiado durante la marcha mi habitual simpatía por la selección española a favor de la selección checa. Obviamente, este cambio de preferencia tiene que ver con el hecho de que España fue eliminada en la primera ronda y de que los checos están jugando con verdaderas ganas de llegar a la final y ganar la copa.

Ciertamente, las selecciones favoritas no han dado la talla y se han visto obligadas a ahuecar en beneficio de las más sobresalientes. Quién iba decir que Italia, España, Alemania y, posteriormente, Francia e Inglaterra, estuvieran ya eliminadas de la contienda.

Desde luego, estoy de acuerdo con que es importante que surjan equipos revelación, pero me ha sabido mal no seguir disfrutando de la magia de Zidane, Totti, Ballack y de mi tocayo Raúl, que por cierto me ha defraudado mucho. Además, estas estrellas vienen precedidas por la aureola que otorga la publicidad y por el prestigio que ostentan en sus clubes.

Sin embargo, no me parece justo achacarle la culpa sólo al ariete o al entrenador de turno, como ha sido el caso de Inglaterra y España, respectivamente. Perder un partido o una clasificación es consecuencia de un fallo generalizado de todos los componentes del equipo, incluso de figuras tan laureadas como Owen, Khan o Henry.

Indudablemente, cuando falta la entrega, la garra y la estrategia, no hay factor humano que le permita recuperar el norte a una selección escasa de fuerza y de argumentos técnicos. De hecho, esta Eurocopa ha puesto en evidencia a las selecciones más fuertes en apariencia, favoritas por sus antecedentes y, no obstante, las más rácanas y egoístas a la hora de demostrar sus talentos colectivos.

Quizá por esa razón ha resultado más exitoso el planteamiento ofensivo y defensivo de otras selecciones, especialmente de la República Checa y Portugal, las cuales no han especulado tanto con empatar o clasificar de carambola, sino que han dejado la piel en el intento de ganar.

Es verdad que la República Checa, Grecia e incluso Portugal no traían el sombrero de favoritos a esta competición, pero hay que ver lo que han conseguido con un fútbol más alegre, vibrante y creativo.

Por otro lado, también es justo decir que las expectativas que generan los medios con las selecciones favoritas generalmente resultan ser demasiado exageradas. Esta presión añadida en el vestuario de los equipos es un aspecto que distrae excesivamente la atención de los jugadores y provoca reacciones insólitas entre los aficionados.

Eso explica por qué las prácticas de estos equipos y las conferencias informativas de sus jugadores son tan concurridas como si se tratase de un renombrado político o de una estrella de rock.

En cierta forma, cabe decir que bastan pocos minutos para que los medios consagren a un jugador de fútbol o le acusen del fracaso de su selección. El ejemplo típico lo muestra Inglaterra, que nos dio a conocer a Wayne Rooney, quien con sus dieciocho años y cuatro goles en la primera ronda se ha convertido en uno de los astros sorpresivos del torneo.

Por el otro lado, David Beckham, quien después de fallar dos penaltis sucesivos y de haber jugado por debajo de su nivel habitual, ha sido objeto de fuertes y merecidas críticas en los principales medios deportivos del planeta.

Sin embargo, es evidente que el show debe continuar. El fútbol es un negocio multimillonario y, por lo tanto, esta máquina de hacer billetes no se parará porque Rudi Völler o Iñaki Sáez dimitan como directores técnicos, ni porque Rooney se haya lesionado en el partido de cuartos de final.

Además, la competición deportiva exige frescura, audacia, habilidad y un toque de fortuna para ganar. En efecto, algunos lo han entendido tan bien que ya han dado la vuelta a la página de los “cracks” con gancho publicitario y han fijado su atención en Nedved, Baros, Van Nistelrooy y Cristiano Ronaldo, las nuevas glorias que nos heredará este campeonato.

En definitiva, me parece que este torneo se lo llevará el equipo que logre combinar una potente estrategia defensiva con la creatividad y atrevimiento ofensivo de sus jugadores estelares. Por lo demás, el público seguirá encargándose de aderezar el ambiente de los partidos que faltan y de poner el toque de color a esta fiesta del fútbol.

*Doctor en Comunicación Pública, Universidad de Navarra, España.


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