El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Doscientos dólares es el promedio de los créditos que
otorgan las entidades de microfinanzas, lo que constituye un importante,
y con frecuencia decisivo, apoyo para las pequeñas y las microempresas
del país. Se nos dice que en Centro-América existe un déficit
de dos millones y medio de microcréditos, de los cuales medio millón
corresponde a El Salvador.
El microcrédito es la respuesta a las necesidades de consolidación
y crecimiento de los pequeños empresarios, que hasta la fecha,
en parte por desconocimiento, han dependido de usureros y extorsionistas.
Los préstamos al veinte por ciento mensual son la regla.
Se dan casos en que las pobres víctimas de los usureros pagan hasta
dos mil por ciento en un año. Cuando el deudor se atrasa, con frecuencia
queda encadenado por mucho tiempo al prestamista, al que regularmente
le paga intereses y minúsculos aportes al capital.
Cómo organizar el microcrédito, fortalecer a la banca y
las instituciones especializadas en ese rubro, y hablar del futuro, son
los temas de la Segunda Cumbre Centroamericana de Microfinanzas que se
inaugura hoy. Les deseamos éxito en su esfuerzo y un avance muy
rápido en los propósitos que tienen: abaratar el microcrédito,
incrementar los capitales y elevar la responsabilidad y capacidad de los
usuarios.
Se nos dice que a medida que respondan los beneficiarios y crezcan las
carteras de las instituciones, podrán bajar los costos y reducirse
los intereses que se cobran. Cuando inició el sistema, las tasas
rondaban alrededor del 120% anual; en la actualidad las tasas son de un
treinta por ciento y se tiene la esperanza de que en el futuro, se acerquen
a las tasas prevalecientes en el sistema financiero. Los intereses que
se pagan por las tarjetas de crédito son similares, pues es también
similar un crédito al otro en el promedio del préstamo.
Se apoya y se educa a la gente
Idealmente, a medida que se vayan extendiendo las oficinas y tramitadores
de los microcréditos, disminuirá la incidencia de la usura.
Debemos saber que la usura es una forma de esclavitud, pues los deudores
trabajan hasta un cincuenta por ciento de su tiempo para pagar a los usureros,
que además recurren a la violencia, y en ocasiones al homicidio,
para cobrarse.
La célebre novela Crimen y Castigo, de Dostoievski, parte del asesinato
de una usurera, historia que lleva a un profundo estudio de la moral y
la conciencia. Piénsese que durante toda la Edad Media el asunto
de los intereses embrollaba a los moralistas como ahora confunde a los
comunistas, incapaces de entender que el uso del dinero tiene un precio
muy legítimo.
El microcrédito apareció en El Salvador en los años
previos a la década de la demencia; funcionaba la Federación
de Cajas de Crédito, y la Banca de la Familia de Luis Escalante.
El ataque armado en combinación con la estatización de los
bancos nos hizo retroceder más de una generación; ha sido
con mucho trabajo que hemos superado los salvadoreños la ruina
del sistema financiero.
Son innumerables las historias de éxito del microcrédito:
vendedoras que escapan de la usura, pequeños talleres que se tecnifican,
negocios que se fundan, familias que se organizan como productores. El
sistema ayuda pero también, lo que es importantísimo, educa
y abre nuevos derroteros a la gente.