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Morales, vivo en una de sus hijas

María Axinia Zepeda escribió un poema en memoria a su padre muerto


Publicada 29 de junio 2004, El Diario de Hoy

Recordado y querido. El fallecido periodista Alfonso Morales. Fotos EDH / Alex Sanabria

Redacción Gente
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com

María Axinia Zepeda, hija del poeta Alfonso Morales, escribió a la sección Gente con motivo del reconocimiento a su padre, en la edición del 21 de junio de El Diario de Hoy.

Zepeda viajó a Houston, Texas, hace aproximadamente unos 25 años, junto a su hermana Carmen Idalia, también hija de Morales.

“Que tristeza la que siento, aquí sentada en esta silla , pensando en todos mis recuerdos, pensando en usted como mi guía... Lágrimas corren por mis mejillas, sin poder correr a su lado, así como de chica lo hacía”.
Fragmento del poema

A continuación un fragmento del correo electrónico que envió María Axinia.
“No le conozco, pero le expreso mis más grandes gratitudes por haber hecho posible que leyera el homenaje que se le hizo a mi padre Alfonso Morales.

No se imagina la alegría que me causó. Al mismo tiempo, no dejó de causarme tristeza el no poder despedirme de él.  

Al leer lo que se escribió de mi padre, recordé que a casi todos los escritores y poetas de un tiempo atrás se les ha dado crédito después de muertos. ¿Qué tristeza, no lo cree?  
Cuando me enteré de que había fallecido, me sentí desconcertada. Sin embargo, mi terapia fue escribirle este poema:

(A papá. Con el dolor que mi corazón siente) No fui notificada de su muerte, pero quiero despedirme para siempre, de mi padre que ahora descansa en paz. Padre mío querido, sangre de mi sangre, sangre roja como el vino, ya no lo veré jamás. Qué tristeza... A dónde están sus palabras, papá. Quiero oírlo de nuevo, quiero gritarle cuánto lo quiero, pero ya todo es envano, no hay remedio.

Dolor más grande penetrante, dolor que me quema en mis adentros, gritos en el silencio de la noche, resonantes palabras sin reproches. Yo no pretendo ser un poeta, más esta noche hablo entre lenguas, papá querido, papá mío, ¿por qué se fue sin aviso? Qué tristeza la que siento, aquí sentada en esta silla, inútil sin poder hacer nada, más que llorar ahora su partida. Que Dios me lo bendiga por siempre, que Dios lo tenga en su apogeo, papá querido, papá mío, aquí ahora me despido”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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