Ruth Candray*
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Un nuevo caso de violencia, cuya víctima es una pequeña
criatura de escasos cuatro años, ha conmovido a nuestra sociedad,
hecho que recuerda el de aquel otro infante cruelmente asesinado por el
propio padre en el baño de su casa.
En ambos homicidios, según lo que hasta ahora se presume en el
ocurrido en Apastepeque, hay varios detalles comunes: las víctimas
fueron dos varoncitos menores de cinco años de edad, había
separación de los padres y los niños no vivían con
él, y existía un fuerte componente de patrones culturales
machistas de los padres implicados en los homicidios, que fueron cometidos
con lujo de barbarie, con saña. En ambos hechos había un
mensaje en contra de las madres de los niños: DEMOSTRAR QUIÉN
TIENE EL PODER, porque fueron precisamente las mujeres quienes decidieron
dejarles a ellos, aunque fuertes razones habrán tenido para tomar
esa decisión.
El segundo niño además era víctima de la emigración
de la madre, pues quedó a cargo de una tía, sin padre ni
madre, problema social ahora muy frecuente, que está dejando graves
secuelas en nuestra sociedad, como la participación de muchos jóvenes
en las maras.
Los padres de los niños han actuado impulsados por fuertes patrones
culturales machistas, ya que, al matar a los niños, a quienes han
querido castigar, de quienes se han querido vengar es de sus ex mujeres,
las madres de los niños. En los dos hechos ha habido celos de por
medio: el primero de los padres desconfiaba porque el niño era
chelito, y él, muy moreno, además, ninguno de los dos hombres
podía soportar que fueran las mujeres quienes les dejaran y menos
aceptar que ellas fueran a iniciar o ya tuvieran otra relación,
a pesar de que ellos ya te-nían otra mujer.
Toda la cólera, el despecho, la humillación, según
la entienden los hombres en estos casos, fue descargada contra pequeños
niños, víctimas inocentes de las circunstancias en que les
tocó nacer. De igual manera, día a día, muchos hombres
cometen delitos de violación sexual en contra de niños,
muchas veces menores de 18 años y en su mayoría son del
género femenino, aunque últimamente se están dando
casos de padres que abusan de sus hijos varones.
El trasfondo de todas estas aberraciones no es más que nuestros
patrones culturales patriarcales, machistas, con un dominio absoluto de
parte del hombre sobre la mujer y sobre los niños y niñas.
Estos patrones se deben cambiar educando a la población con otro
tipo de cultura, una cultura basada en la equidad de género, distinguiendo
equidad de igualdad, conceptos que debemos también saber entender
y distinguir, una cultura basada en el reconocimiento de los derechos
humanos de la mujer y de la niñez, adolescencia y juventud, una
cultura que evite, a través de la prevención, la violencia
de género manifestada a través de la violencia intrafamiliar
y el abuso sexual, una cultura que dé lugar a la construcción
de una nueva masculinidad mediante la cual el hombre desaprenda modelos
machistas tan arraigados y los niños y los jóvenes actuales
aprendan cómo ser hombres sin los patrones tradicionales que tanto
daño hacen a la sociedad.
Para trabajar estos componentes se tienen que unir esfuerzos institucionales
gubernamentales, ONG, medios de comunicación, iglesias, clubes
de servicio, empresa privada, bancos, organismos internacionales con representación
en nuestro país y cuantos podamos aportar, ya que es urgentísimo
combatir la violencia social y delincuencial que afecta grandemente a
los niños y niñas y a la mujer, como consecuencia de nuestra
cultura, la que debemos transformar entre todos en una cultura de paz.
*Lic. en Psicología.