Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Fulear el carro, pasar unos minutos antes por los bichos al colegio,
dejar pendiente los pendientes del viernes por la tarde, meter unos dólares
a la cartera y jalar para Guate el fin de semana, es uno de los planes
favoritos de los salvadoreños.
Guatemala es un país que vale la pena por los cuatro costados.
Por eso, y por los tantísimos buenos amigos que tenemos por allá,
siempre nos inquietaron los desmanes que hacía el gobierno del
ex Presidente Portillo.
Este caballero ha dejado a Guatemala malmatada y en alitas de cucaracha.
Si exprimimos la gestión de Portillo, obtendremos un viscoso y
pestilente jugo de corrupción, ineficiencia, déficit y,
sobre todo, de inseguridad en la Seguridad Pública.
El viernes pasado cayó otra banda de crimen organizado integrada
por agentes de la Policía Nacional Civil guatemalteca, que asaltaban
y saqueaban en la zona de la carretera a El Salvador ¡Oh sorpresa!.
A los sinvergüenzas les capturaron en Villa Canales, justamente donde
hace ocho años unos bandoleros asaltaron y asesinaron al hijo de
un diputado salvadoreño. Los maleantes operaban con vehículos,
pistolas, chapas y uniformes de la policía. Asunto nada nuevo.
Los asesinatos, extorsiones, violaciones y secuestros, en los que se han
visto involucrados miembros de las fuerzas de seguridad pública
de ese país, y que en tantas ocasiones han causado luto y dolor
a la familia salvadoreña por vejaciones a nuestros paisanos
en las carreteras de ese país, se incrementaron considerablemente
durante la administración del señor Portillo.
Si para los salvadoreños la Policía Nacional Civil es sinónimo
de seguridad, para los guatemaltecos, su policía sigue siendo un
cuerpo que genera inseguridad y temor. Son los mismos chontes vestidos
de peenecés, me dijo el otro día el empleado de un
hotel. Y se nota a la legua: poca instrucción, pobre trato humano
y afición por el mordisco.
Al Presidente Berger, aparte del oscuro y esperpéntico barranco
fiscal que heredó de don Alfonso, le está tocando toca lidiar
con una institución nacida de nacimiento. El hombre
tiene una papota caliente entre manos. Por eso ha comenzado a soltar planes
de seguridad como quien suelta confeti en el estadio: comprar 1500 motos,
800 carro patrullas, organizar a los vecinos, promover la despistolización,
someter a 22,000 agentes al polígrafo(?) y hasta importar el plan
Súper Mano Dura de su colega salvadoreño, Tony
Saca (según publica Prensa Libre el día 25 de
junio).
El Salvador y Guatemala tienen índices de criminalidad importantes.
Ambos países continúan sufriendo la violencia de criminales
que en forma sádica se ensañan contra sus víctimas,
cometiendo atrocidades inimaginables como la ocurrida la semana pasada
en Apastepeque con el pequeño Maycol. Pero nosotros tenemos una
ventaja que no tiene Guatemala: nuestra policía es una policía
de verdad.
La PNC de El Salvador, aunque perfectible, es un cuerpo de seguridad que,
con profesionalismo, ha sabido ganarse la confianza y el respeto de los
ciudadanos. Luego de un período lógico de acomodamiento,
transición y depuración, la PNC salvadoreña se ha
convertido en un digno ejemplo a imitar. Aquí, hace 20 años,
la policía, más que generar tranquilidad, infringía
miedo. Eso terminó. En Guatemala, en esta materia y con esta policía,
la vida sigue igual.
La cumbre presidencial que hoy se desarrolla en aquel país tiene
la mira puesta en la seguridad. Incluso se ha publicado en medios guatemaltecos
que en la reunión, El Salvador espera expandir a toda Centro
América su plan País Seguro. (Plan que los salvadoreños
deberemos conocer de una buena vez, cuando finalicen las reuniones intersectoriales
de las que, se dice, saldrán reformas legales importantes encaminadas
a defender a los ciudadanos de tanto malandrín que anda por ahí
suelto).
Ojalá que el hermano país no se ande por las ramas y le
dé vueltegato a esa institución. Antes de pensar en más
agentes, más patrullas, más polígrafos... más
súper manos duras, al Gobierno de Guatemala le convendría
depurar su policía, y a fondo. Sin eso, poco o nada cambiará.
*Columnista de El Diario de Hoy.