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Sentido común
“Nacida” de nacimiento

La cumbre presidencial que hoy se desarrolla en aquel país tiene la mira puesta en la seguridad. Incluso se ha publicado en medios guatemaltecos que “en la reunión, El Salvador espera expandir a toda C.A. su plan País Seguro”.

Publicada 29 de junio 2004, El Diario de Hoy

Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

Fulear el carro, pasar unos minutos antes por los bichos al colegio, dejar pendiente los pendientes del viernes por la tarde, meter unos dólares a la cartera y jalar para Guate el fin de semana, es uno de los planes favoritos de los salvadoreños.

Guatemala es un país que vale la pena por los cuatro costados. Por eso, y por los tantísimos buenos amigos que tenemos por allá, siempre nos inquietaron los desmanes que hacía el gobierno del ex Presidente Portillo.

Este caballero ha dejado a Guatemala malmatada y en alitas de cucaracha. Si exprimimos la gestión de Portillo, obtendremos un viscoso y pestilente jugo de corrupción, ineficiencia, déficit y, sobre todo, de inseguridad en la Seguridad Pública.

El viernes pasado cayó otra banda de crimen organizado integrada por agentes de la Policía Nacional Civil guatemalteca, que asaltaban y saqueaban en la zona de la carretera a El Salvador —¡Oh sorpresa!—.

A los sinvergüenzas les capturaron en Villa Canales, justamente donde hace ocho años unos bandoleros asaltaron y asesinaron al hijo de un diputado salvadoreño. Los maleantes operaban con vehículos, pistolas, chapas y uniformes de la policía. Asunto nada nuevo.

Los asesinatos, extorsiones, violaciones y secuestros, en los que se han visto involucrados miembros de las fuerzas de seguridad pública de ese país, y que en tantas ocasiones han causado luto y dolor a la familia salvadoreña —por vejaciones a nuestros paisanos en las carreteras de ese país—, se incrementaron considerablemente durante la administración del señor Portillo.

Si para los salvadoreños la Policía Nacional Civil es sinónimo de seguridad, para los guatemaltecos, su policía sigue siendo un cuerpo que genera inseguridad y temor. “Son los mismos chontes vestidos de peenecés”, me dijo el otro día el empleado de un hotel. Y se nota a la legua: poca instrucción, pobre trato humano y afición por el mordisco.

Al Presidente Berger, aparte del oscuro y esperpéntico barranco fiscal que heredó de don Alfonso, le está tocando toca lidiar con una institución “nacida” de nacimiento. El hombre tiene una papota caliente entre manos. Por eso ha comenzado a soltar planes de seguridad como quien suelta confeti en el estadio: comprar 1500 motos, 800 carro patrullas, organizar a los vecinos, promover la despistolización, someter a 22,000 agentes al polígrafo(?) y hasta importar el plan “Súper Mano Dura” de su colega salvadoreño, Tony Saca (según publica “Prensa Libre” el día 25 de junio).

El Salvador y Guatemala tienen índices de criminalidad importantes. Ambos países continúan sufriendo la violencia de criminales que en forma sádica se ensañan contra sus víctimas, cometiendo atrocidades inimaginables como la ocurrida la semana pasada en Apastepeque con el pequeño Maycol. Pero nosotros tenemos una ventaja que no tiene Guatemala: nuestra policía es una policía de verdad.

La PNC de El Salvador, aunque perfectible, es un cuerpo de seguridad que, con profesionalismo, ha sabido ganarse la confianza y el respeto de los ciudadanos. Luego de un período lógico de acomodamiento, transición y depuración, la PNC salvadoreña se ha convertido en un digno ejemplo a imitar. Aquí, hace 20 años, la policía, más que generar tranquilidad, infringía miedo. Eso terminó. En Guatemala, en esta materia y con esta policía, la vida sigue igual.

La cumbre presidencial que hoy se desarrolla en aquel país tiene la mira puesta en la seguridad. Incluso se ha publicado en medios guatemaltecos que “en la reunión, El Salvador espera expandir a toda Centro América su plan País Seguro”. (Plan que los salvadoreños deberemos conocer de una buena vez, cuando finalicen las reuniones intersectoriales de las que, se dice, saldrán reformas legales importantes encaminadas a defender a los ciudadanos de tanto malandrín que anda por ahí suelto).

Ojalá que el hermano país no se ande por las ramas y le dé vueltegato a esa institución. Antes de pensar en más agentes, más patrullas, más polígrafos... más “súper manos duras”, al Gobierno de Guatemala le convendría depurar su policía, y a fondo. Sin eso, poco o nada cambiará.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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