El Diario de Hoy
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En el FMLN hay quienes son más iguales que otros,
lo que les da el derecho de expulsar a los que se oponen a sus patrañas,
negarles la inscripción como militantes y echarlos de sus curules
y canonjías. La tremolina se armó después de la patiada
de cantina sufrida por Handal y compañía en las pasadas
elecciones presidenciales; la práctica usual en las democracias
es que los candidatos perdedores renuncien de inmediato. Pero esto no
aplica a los comunistas.
Handal, Sánchez Cerén y compañía siguen aferrados
con las veinte uñas a sus puestos. Normalmente, el que se rebela
contra los cabecillas establecidos tiene dos salidas: o logra instalarse
en el poder, o le meten un balazo en la nuca. Así se echaron a
Roque Dalton y eso le pasó al general Ochoa en Cuba. El único
cambio en las FPL se dio después de que los sandinistas suicidaron
en Managua al líder histórico de la banda, al
carnicero Cayetano Carpio, quien a su vez mandó despachar a la
Mélida Anaya con ochenta estocadas de picahielo. Cayetano fue quien
ordenó el asesinato del ex canciller Borgonovo y del ministro Herrera
Rebollo.
Los actuales disidentes del FMLN están al tanto de esas tradiciones;
uno de ellos dijo al editor político de EL DIARIO DE HOY, que habiendo
sido todos matarifes, conocía los riesgos de rebelarse. Es
obvio que no están los tiempos para liquidar a los enemigos, pero
dejarlos con las asentaderas al aire, sin empleo y sin oficio, es lo peor
que puede pasarle a tanta gente que perdió su juventud corriendo
como locos tras el arco iris.
Hay importantes lecciones en estos acontecimientos. La primera de ellas,
es que el estalinismo es una faceta esencial de todo movimiento comunista.
Basándose en lo que en un tiempo llamaban el centralismo
democrático, los cabecillas se creen con el derecho divino
de perpetuarse en el poder.
El señor Handal lleva varias décadas como cabecilla del
PC y da por sentado que seguirá siéndolo hasta que deje
este valle de lágrimas. El círculo a su alrededor, los aferrados
a la doctrina que no admite cambio alguno, también se han autodesignado
de por vida; sólo Handal los cambia, o una orden procedente desde
La Habana.
Maras y BRES contra la gente
No cuesta imaginar lo que habría sido un régimen comunista
en El Salvador. De gente que no tolera la menor disidencia interna, no
esperemos otra cosa que una imposición por la fuerza de sus políticas,
sin posibilidad de oponerlas.
El aparato entero del Estado habría sido sometido a la voluntad
del partido, por miedo o por presiones de la más variada índole.
Al igual que en Cuba, se diría y se haría lo que ordene
la cúpula y lo que se le antoje a su líder máximo.
El país se habría petrificado en cuestión de meses,
como lo intenta Chávez en Venezuela.
Semejante a Lenín en Rusia y a los nacional socialistas de Hitler
en Alemania, la extrema izquierda siempre echa mano de bandas violentas
para someter a una nación. Las camisas pardas de Mussolini, los
defensores de la revolución de Castro, las turbas divinas de los
sandinistas y los círculos bolivarianos de Chávez, dan palos
y matan a los opositores. Aquí preparan al BRES y a los mareros
con el mismo fin.