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Salvemos los primeros cien metros del río
Acelhuate, después otros cincuenta y después otros
veinticinco. Luego no permitamos que le entren quebradas contaminadas,
limpiando estas quebradas.
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Don Lito
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Creo que este refrán no se aplica aquí en nuestro medio,
porque los que viven a las orillas de los ríos, ahora en la época
lluviosa están culío de que se los lleve una
crecentada, y en el verano, cuando no llueve, tienen que aguantar hedores
que no hay nariz que aguante, en especial los que viven en las riveras
del Acelhuate.
Y es sobre este río, nuestro río, el río de los que
vivimos en la Capirucha, como se le llama a la ciudad capital, nuestra
violenta San Salvador. Así como los parisinos tienen su Sena, los
bagdalies su Éufrates y los londinenses su Tamesis, nosotros tenemos
nuestro Acelhuate ¡Y qué!
Bien recuerdo que cuando me metí a querer ser alcalde de San Salvador,
mis dos poderosos contrincantes, Luis Cardenal y Héctor Silva,
ahora uno diputado y el otro ministro (Y yo sigo escribiendo), el primero
le decía a Silva que iba a hacer del Acelhuate un vergel, Silva
sólo silbaba y yo me reía.
Seis años han pasado de aquellas interesantes campañas que
me dejaron más pobre, pero más rico en experiencias. No
hay duda que el pueblo sabio votó para que yo siguiera escribiendo.
Recuerdo que Luis Cardenal, ahora flamante ministro de Turismo, ministerio
sin oficina y sin siquiera una ley de turismo, tiene la oportunidad de
intentar rescatar el Acelhuate.
Todos los ríos se inician de la vertiente de una montaña,
lo que se llama nacimiento. Cuando esta agua vierte de la montaña
viene pura, más bien limpia, con las únicas impurezas de
los minerales de las mismas entrañas de las montañas que
filtran el agua llovida.
En otras palabras, el Acelhuate nace limpio, puro, potable y porque no...
embotellable y de fácil venta Tome agua pura del Acelhuate
(Claro que no ahora porque podría ser hasta ofensivo decir eso).
Escribo esto en alusión a un reportaje televisivo sobre nuestro
río Acelhuate, el cual se ve bajando cristalino y bullicioso entre
las rocas y la hojarasca mientras se desliza hacia su sucio destino.
Allí mismo en el reportaje, las cámaras enfocaron a un cipote,
el primer contaminador del río, porque se estaba bañando
con jabón. Del cipote en adelante ya el agua dejó de ser
potable pues llevaba residuos del jabón del pelo del inocente bicho.
¡Hay que eliminar al primer contaminador! ¿Habrá quien
podrá hacerlo?
Claro que si... don Hugo Barrera, el nuevo ministro del Medio Ambiente,
claro que primero hay que dejarle que medio se ambiente.
Pero lo que ustedes no saben y yo si, es que don Hugo y Luisito son bien
cheros y se los puede enyugar para echar andar este proyecto.
Yo sé que muchos que conocen el río, saben que cuando pasa
por la Colonia Málaga y el Modelo ya es una verdadera cloaca, pero...
porque no empezar desde el principio, o sea desde el nacimiento. Salvemos
los primeros cien metros del río, después otros cincuenta
y después otros veinticinco. Luego no permitamos que le entren
quebradas contaminadas, limpiando estas quebradas.
El principio será fácil, pero en la medida que avancemos,
ya no será de cien en cien metros, sino más bien de pulgada
en pulgada. Hasta que lleguemos al río Lempa, el mayor valuarte
de los salvadoreños.
Y es que sólo el río Lempa podría darnos toda la
electricidad que el país necesita con las presas del Chaparral,
El Cimarrón y El Tigre si es que algún día se construyen,
pero también sus embalses podrían ser fuente de alimento
con la piscicultura, el turismo con sus viajes en lancha por los embalses,
además de un turismo eléctrico, pues las generadoras de
energía eléctrica son de gran atracción turística,
como lo es la represa Hoover allá en el norte.
Pero volviendo a nuestro Sena, a nuestro Tamesis, porque no retomar la
idea del aquel joven candidato a Alcalde de San Salvador, quien por esas
cosas del destino, ahora está de ministro de lo que debería
ser nuestra principal fuente de ingresos en este país como lo es
el Turismo.
Yo creo que soñar se vale, el río ahí está
y ahí estará por muchas más generaciones, ahora nos
toca a nosotros, dejarle menos sucio el río a nuestros hijos y
nietos, para que éstos hagan lo mismo con sus hijos y nietos.
Se me ocurre una idea: Así como Juan Bautista bautizaba en las
limpias aguas del Jordán, así la alcaldía capitalina
o don Hugo del medio ambiente, les de un pedacito de Acelhuate a cada
pastor para que lo mantenga limpio y pueda bautizar en nuestro río.
Cada iglesia tendría su poza y cuidaría que las aguas que
le lleguen sean limpias, tal vez con las impurezas del pecado original,
pero eso, al fin y al cabo sería bien original.