 |
Tributo. Federico Colorado Torres recoge un
recuerdo por el esfuerzo de su abuelo.
Foto EDH / Omar Carbonero |
Florencia Couto
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Con una vida exitosa, pero difícil, ya que como diputado por
el departamento de Santa Ana (1933-1934) debió renunciar al cargo
por su desacuerdo con el régimen del General Maximiliano Hernández
Martínez, Rodrigo H. Guerra fue un hombre que defendió la
democracia y los intereses gremiales de los empresarios.
Por otro lado, don Luis Torres, reconocido en la industria láctea,
y quien trabajó por su empresa de queso Petacones, es en la actualidad
valorado por su esfuerzo.
Estas dos personas fueron recordadas por la Sociedad de Comerciantes e
Industriales Salvadoreños en un emotivo homenaje póstumo.
Ambos diplomas fueron recibidos por sus respectivos nietos, quienes en
la actualidad siguen el ejemplo de sus fallecidos abuelos.
Tengo el honor de representar a la tercera generación de
don Rodrigo H. Guerra, dijo el Ing. Hugo Ernesto Guerra Morán,
nieto de don Rodrigo, quien agregó que deseaba compartir con los
presentes el sentirme junto con mi familia sumamente privilegiados
de heredar el espíritu de lucha de mi abuelo.
Desde su juventud, don Rodrigo tuvo inquietudes para lograr el apoyo técnico
y financiero a los pequeños comerciantes e industriales del país
por parte del Estado salvadoreño.
Algo que logró en los años 40, cuando inició una
agrupación gremial, núcleo de la posterior SCIS, fundada
en 1944, siendo el primer presidente de la misma.
La micro, pequeña y mediana empresa han sido fundamentales para
don Rodrigo, quien es recordado en el 60 aniversario de la SCIS por su
extraordinario apoyo al sector.
Federico Colorado Torres, presidente de la ANEP y nieto de don Luis Torres,
rememoró los inicios de su abuelo.
La empresa de mi abuelo surgió en 1935 como una manera de
conservar la leche. Así empezó con la producción
del queso, el cual se distinguió por su color amarillo, comentó
orgulloso Federico.
Otro aspecto importante de don Luis Guerra es que no sólo fue presidente
de la gremial, en 1963/66, sino que también regaló la casa
en la que funcionó la primera sede.