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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Un decibelio más o uno menos no será la causa de su injusto
cierre. Que no se vaya la luna de esta noche urbanita. Que no amanezca
el día de los que nunca sueñan y que se quede brillando
la mística luna de los trovadores.
En este desierto fabuloso, donde los artistas no tienen a veces qué
comer ni qué soñar, la cultura se ha ido a los bares y cafés.
Y es desde allí en esos improvisados proscenios y teatros
de intelectuales, amantes del arte y vagos del amor que se proyecta
la música y el arte dramático de nuestro renacimiento cultural
post guerra.
Los pintores venden como fenicios sus cuadros, porque son mercancía
tangible, inversión y plus valía. Pero los músicos
y poetas ¿qué tienen qué vender sino sus sueños,
canciones y pájaros de algún amanecer de la ilusión?
Yo sé que en un valle de sombras de la cultura, como éste,
los artistas se tienen que reunir como los antiguos cristianos
en prohibidas sinagogas, en secretas catacumbas o en bares clandestinos
de la cultura para expresar su arte. Y sé que debe callar el arte
y vociferar la multitud que ya no sueña en la eterna vigilia de
su hastío. Que debe bajar el volumen de la música para poder
oír el susurro de los corazones o el sonar de las sirenas fabriles.
Pero por hoy, respetables señores del gobierno municipal, les pido
como mi buen amigo Miguel, que no se apague la Luna.
Día a Día
Democracias
No existe democracia en
la que los partidos opositores, si se lo proponen, son capaces de paralizar
a un país y hasta llevarlo a un caos institucional y social. Lo
podrían hacer los demócratas en los Estados Unidos; el PP,
en España, y los socialistas japoneses.
Pero no lo hacen por dos fundamentales razones: la primera, que sus dirigentes
no sufren de problemas mentales; la segunda, que los partidos y los ciudadanos
anteponen sus intereses al bienestar general y al progreso de sus respectivas
patrias.

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