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Educación musical, en extinción

El primer Congreso de Educación Musical inicia hoy. El evento es un llamado a valorizar la enseñanza musical en la formación del alumno.

Publicada 23 de junio 2004, El Diario de Hoy

Músico. Elmer Amaya ama la música y a través de su academia intenta formar nuevos talentos.
Foto EDH / Mauricio Castro

Adda Montalvo
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com

A la mayoría de los jóvenes, sin duda alguna, les fascina la música. Muchos forman sus propios grupos, aprenden a tocar algún instrumento y hasta se las ingenian para grabar un disco. Su capacidad es innata, ya que pocos han recibido algún tipo de enseñanza al respecto dentro de las escuelas o colegios al que pertenecen.

Lo anterior resume la visión de los organizadores del Primer Congreso de Educación Musical de Centroamérica (Fladem ) y, por supuesto, la razón por la cual lo están realizando.

A criterio de Elmer Amaya, de la Orquesta Sinfónica y promotor del encuentro, a raíz de la última reforma educativa –hecha en la década de los 90– la materia de música “está casi desapareciendo dentro de los programas educativos”.

Cincuenta años de pura música
  El profesor Benjamín Solís tiene 72 años. 50 de ellos los ha dedicado a enseñar música.

Y es que no existe en el pénsum un apartado exclusivo para dicho aprendizaje, sino que ha sido integrado a la asignatura de educación artística, que abarca la danza y la plástica. Queda a criterio del maestro impartirlo o no.

Fuentes del Ministerio de Educación destacaron que la materia antes citada, que se imparte de Primero a Noveno grados, da los lineamientos básicos sobre música y que la carencia de tiempo impide profundizar más, al grado de que el estudiante pueda aprender a tocar un instrumento.

Queda, entonces, a criterio del maestro o del centro educativo elaborar programas de educación musical más específicos.

Los primeros pasos

La escuela no lo es todo. El incentivo que los futuros talentos reciben de su familia –según Amaya– es fundamental para su desarrollo.

Así, es común que cuando un joven anuncia que desea dedicarse a músico, la primera frase que escucha es: “de eso no vas vivir”. Eso convierte a la música en un pasatiempo u oficio, que se desvaloriza.

A esta desvalorización se le suma que ante la carencia de un conservatorio o institución dedicada sólo al aprendizaje de la música como carrera, los salvadoreños que apuestan a hacer de ésta su profesión optan por estudiar en el extranjero. Conclusión: más migración de talento.

“Los antiguos maestros se formaban en la Escuela Nacional de Música y el Centro Nacional de Artes (Cenar)”, recuerda Amaya.

Hoy, el Mined no incluye ninguna materia sobre especialización en música para los actuales y futuros docentes. Y por supuesto, son escasas las capacitaciones en dicha área artística.

En los próximos cuatro días –que cuentan a partir de hoy con la inauguración–, El Primer Congreso de Educación Musical de El Salvador se pretende solventar parte de ese déficit, a través de conferencias y talleres a cargo de profesores de música de la región.

El objetivo final es crear una red de educadores musicales a nivel nacional, para que en un futuro asegurar capacitaciones en esta área.

“El Fladem persigue que los maestros de música sean reconocidos como personas dignas de una profesión”, dijo Amaya.

La musicóloga salvadoreña Marta Rosales espera eso y más. Su meta es lograr que la educación musical vuelva a los currículos escolares, pues, sostiene, le permite a los estudiantes adquirir disciplina, coordinar sus músculos, concentrarse más, desarrollar su sensibilidad y creatividad y en especial, a compartir un lenguaje universal.


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