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Conversando sobre política
Hechos, no palabras...

La tolerancia, paciencia, el don de escuchar y dialogar son las directrices que todos los funcionarios tenemos por parte del ciudadano Presidente y las que fortaleceremos.

Publicada 23 de junio 2004, El Diario de Hoy

Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Es difícil para un político satisfacer todas y cada una de las demandas ciudadanas, sobre todo cuando se trata de miembros de una sociedad en vías de desarrollo. Las necesidades son muchas, y los recursos, pocos. Sin embargo, lo que sí debe cumplir un político, o por lo menos intentar hacerlo, son aquellas promesas de campaña que le valieron los votos de todo un pueblo, producto de los cuales obtuvo un cargo de elección popular. Hechos, no palabras. Esa debería ser la mística de la nueva clase política.

A tres semanas de instalado un nuevo Gobierno, y después de un escabroso y difícil recorrido, cuya característica principal fue la ausencia de concertación, el Presupuesto General de la Nación ha sido aprobado, prácticamente por unanimidad, en la Asamblea Legislativa. Si bien no debemos perder de vista que el mismo tuvo que haber entrado en vigencia a partir del 1º de enero de 2004, y que su aprobación a mitad del año causará efectos negativos en la economía por el retraso en la ejecución de la inversión pública, no podemos menos que congratularnos, como funcionarios y ciudadanos, de contar con un Presidente que ha encontrado en el diálogo y la apertura una valiosa herramienta para la formulación de consensos sobre temas de trascendental importancia para el bienestar de todos los salvadoreños.

Sin duda alguna, los términos de la negociación hasta el 1º de junio fueron totalmente distintos a los que se pusieron sobre la mesa una vez juramentado el Presidente Saca. El presupuesto de la Universidad Nacional; el incremento del financiamiento para el desarrollo local; el aumento de la pensión mínima y la revalorización de las mismas, si bien con la corrección del defecto histórico que hubiera permitido erróneamente a muchos, incluyéndome, jubilarnos a los cuarenta y ocho años, en plena edad productiva; así como la firma de un protocolo de entendimiento con los partidos de oposición para que en el futuro cercano se sienten con el Gobierno Central a discutir puntos de agenda que le interesan a la actual administración, son realmente el vivo reflejo de un estilo de gobierno que Elías Antonio Saca pretende desarrollar a lo largo de los próximos cinco años.

Eso sí, para continuar por el camino del entendimiento se necesita de una oposición leal y constructiva. No se puede construir ahí donde no hay voluntad para hacerlo. Ahora vienen temas en los que deberán estar presentes la responsabilidad y la sensatez. La mesa de entendimiento y diálogo que se ha instalado a iniciativa del Ejecutivo con la participación de todos los partidos políticos es una histórica oportunidad para lograr un nuevo acuerdo, uno que permita señalar las deficiencias de la gestión del sistema actual, así como reforzar sus enormes fortalezas. El Presidente ha lanzado a la mesa dos temas de gran interés para los distintos actores sociales: la obtención de más recursos para el Estado y la descentralización municipal.

Para la consecución de estos fines, no basta con la voluntad del mandatario salvadoreño. El sector productivo, que incluye a trabajadores y empresarios, la sociedad civil, la iglesia, los medios de comunicación, las universidades y, claro está, los políticos, tenemos una cuota de participación, en donde la propuesta, la crítica constructiva, la responsabilidad fiscal, la sensibilidad social y, sobre todo, la esperanza, deben estar presentes.

No son pocos los escépticos que se encuentran esperando pacientemente que transcurran los primeros cien días del nuevo Gobierno, para criticar la falta de voluntad, el incumplimiento de promesas y los problemas no resueltos, como si en cien días un gobierno puede demostrar lo que en teoría tendrá que realizar en cinco años. Aún así, la aprobación del presupuesto, la voluntad presidencial de fortalecer el municipalismo y la educación superior de carácter público, la apertura para que el ataque a las denominadas maras se realice a través de reformas a los códigos Penal y Procesal Penal, la Ley del Menor Infractor y no necesariamente por medio de una ley especial antimaras, el giro de ciento ochenta grados en la relación con los jueces y el primer Órgano del Estado, son signos alentadores para toda la nación. Todo dentro de los “famosos” cien días.

Tampoco escasean los que consideran que pronto la oposición, principalmente el FMLN, se levantará de la mesa de entendimiento. El pretexto ideal para hacerlo sería la falta de voluntad del señor Presidente para continuar dialogando. Eso no sucederá. No sólo porque al frente de la mesa se ha encargado a la comisionada para la Gobernabilidad Democrática, política de larga data y reconocido prestigio, sino también porque hemos entrado en una nueva etapa, una donde no hay obstáculos para dialogar, porque el puente del que tanto se habló en el quinquenio anterior ahora sí se ha hecho realidad.

La tolerancia, paciencia, el don de escuchar y dialogar son las directrices que todos los funcionarios tenemos por parte del ciudadano Presidente y las que fortaleceremos con cada uno de los tópicos que debamos atender en la misión que nos ha sido encomendada.
*Secretario para Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia de la República.

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