Luis Mario Rodríguez
R.*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Es difícil para un político satisfacer todas y cada una
de las demandas ciudadanas, sobre todo cuando se trata de miembros de
una sociedad en vías de desarrollo. Las necesidades son muchas,
y los recursos, pocos. Sin embargo, lo que sí debe cumplir un político,
o por lo menos intentar hacerlo, son aquellas promesas de campaña
que le valieron los votos de todo un pueblo, producto de los cuales obtuvo
un cargo de elección popular. Hechos, no palabras. Esa debería
ser la mística de la nueva clase política.
A tres semanas de instalado un nuevo Gobierno, y después de un
escabroso y difícil recorrido, cuya característica principal
fue la ausencia de concertación, el Presupuesto General de la Nación
ha sido aprobado, prácticamente por unanimidad, en la Asamblea
Legislativa. Si bien no debemos perder de vista que el mismo tuvo que
haber entrado en vigencia a partir del 1º de enero de 2004, y que su aprobación
a mitad del año causará efectos negativos en la economía
por el retraso en la ejecución de la inversión pública,
no podemos menos que congratularnos, como funcionarios y ciudadanos, de
contar con un Presidente que ha encontrado en el diálogo y la apertura
una valiosa herramienta para la formulación de consensos sobre
temas de trascendental importancia para el bienestar de todos los salvadoreños.
Sin duda alguna, los términos de la negociación hasta el
1º de junio fueron totalmente distintos a los que se pusieron sobre la
mesa una vez juramentado el Presidente Saca. El presupuesto de la Universidad
Nacional; el incremento del financiamiento para el desarrollo local; el
aumento de la pensión mínima y la revalorización
de las mismas, si bien con la corrección del defecto histórico
que hubiera permitido erróneamente a muchos, incluyéndome,
jubilarnos a los cuarenta y ocho años, en plena edad productiva;
así como la firma de un protocolo de entendimiento con los partidos
de oposición para que en el futuro cercano se sienten con el Gobierno
Central a discutir puntos de agenda que le interesan a la actual administración,
son realmente el vivo reflejo de un estilo de gobierno que Elías
Antonio Saca pretende desarrollar a lo largo de los próximos cinco
años.
Eso sí, para continuar por el camino del entendimiento se necesita
de una oposición leal y constructiva. No se puede construir ahí
donde no hay voluntad para hacerlo. Ahora vienen temas en los que deberán
estar presentes la responsabilidad y la sensatez. La mesa de entendimiento
y diálogo que se ha instalado a iniciativa del Ejecutivo con la
participación de todos los partidos políticos es una histórica
oportunidad para lograr un nuevo acuerdo, uno que permita señalar
las deficiencias de la gestión del sistema actual, así como
reforzar sus enormes fortalezas. El Presidente ha lanzado a la mesa dos
temas de gran interés para los distintos actores sociales: la obtención
de más recursos para el Estado y la descentralización municipal.
Para la consecución de estos fines, no basta con la voluntad del
mandatario salvadoreño. El sector productivo, que incluye a trabajadores
y empresarios, la sociedad civil, la iglesia, los medios de comunicación,
las universidades y, claro está, los políticos, tenemos
una cuota de participación, en donde la propuesta, la crítica
constructiva, la responsabilidad fiscal, la sensibilidad social y, sobre
todo, la esperanza, deben estar presentes.
No son pocos los escépticos que se encuentran esperando pacientemente
que transcurran los primeros cien días del nuevo Gobierno, para
criticar la falta de voluntad, el incumplimiento de promesas y los problemas
no resueltos, como si en cien días un gobierno puede demostrar
lo que en teoría tendrá que realizar en cinco años.
Aún así, la aprobación del presupuesto, la voluntad
presidencial de fortalecer el municipalismo y la educación superior
de carácter público, la apertura para que el ataque a las
denominadas maras se realice a través de reformas a los códigos
Penal y Procesal Penal, la Ley del Menor Infractor y no necesariamente
por medio de una ley especial antimaras, el giro de ciento ochenta grados
en la relación con los jueces y el primer Órgano del Estado,
son signos alentadores para toda la nación. Todo dentro de los
famosos cien días.
Tampoco escasean los que consideran que pronto la oposición, principalmente
el FMLN, se levantará de la mesa de entendimiento. El pretexto
ideal para hacerlo sería la falta de voluntad del señor
Presidente para continuar dialogando. Eso no sucederá. No sólo
porque al frente de la mesa se ha encargado a la comisionada para la Gobernabilidad
Democrática, política de larga data y reconocido prestigio,
sino también porque hemos entrado en una nueva etapa, una donde
no hay obstáculos para dialogar, porque el puente del que tanto
se habló en el quinquenio anterior ahora sí se ha hecho
realidad.
La tolerancia, paciencia, el don de escuchar y dialogar son las directrices
que todos los funcionarios tenemos por parte del ciudadano Presidente
y las que fortaleceremos con cada uno de los tópicos que debamos
atender en la misión que nos ha sido encomendada.
*Secretario para Asuntos Legislativos y Jurídicos
de la Presidencia de la República.