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| 8.55 a.m. Cristian se reencuentra con su tía
Abigaíl, en el aeropuerto. Luego de 22 días de ausencia,
la mujer que ha criado al menor desde la edad de nueve meses pudo
estrecharlo de nuevo; algo que se le frustró a su madre, quien
reside en Nueva York. Foto EDH |
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Cristian Funes, un niño de ocho años y natural de Usulután,
llegó ayer a las 8:05 de la mañana,deportado, procedente
de México.
Le truncaron su viaje ilegal a los Estados Unidos para reunirse con su
madre.
Cuando sólo tenía nueve meses de edad, el menor quedó
bajo el cuido de su tía Abigaíl Funes, luego de que Lucrecia,
su madre, decidiera aventurarse yéndose de mojado a
los Estados Unidos. Siete años después, ella mandó
a traerlo, pagando $6,000 a un coyote.
Partió el 29 de mayo anterior. El traficante señaló
el sitio donde deberían entregárselo, luego decidió
otro, suponen que para despistar.
Fue la abuela, Juana Francisca Funes, quien entre lágrimas y oraciones
lo despidió con un vas a llegar bien, Dios te va a cuidar.
Pero la odisea de Cristian apenas comenzaba. Atrás dejaba a su
tía, abuelos y primos; abandonaba también la escuela donde
estudiaba Tercer Grado. Óscar Armando, un primo de 11 años,
le entregó una canica a guisa de recuerdo. Perdoná
que la perdí cuando me robaron el bolsón, le dijo
Cristian ayer, en el reencuentro.
Quería irme para poder estudiar y conocer a mi mamá.
Sólo la conozco en foto, repetía ayer Cristian, un
niño vivaz, abandonado en Veracruz, antes de caer en manos de la
policía mexicana.
El periplo de Cristian acabó 12 días después de haber
empezado, a pocos kilómetros de la frontera común entre
México y Estados Unidos. Estuve a punto de pasar, relata
el menor. El grupo de indocumentados era conducido en tres vehículos.
Sólo el primero pasó. Él iba en el segundo.
Entre 15 y 20 al mes
Cristian es sólo uno de los 74 casos de niños indocumentados
de los que ha tenido conocimiento la embajada salvadoreña en México,
en lo que va de 2004.
La cantidad de niños que viaja ilegalmente hacia
Estados Unidos y que han sido interceptados en México ha subido
en un 200 por ciento durante este año, según registros de
autoridades consulares salvadoreñas en México.
Hasta junio de 2003, la embajada salvadoreña en ese país,
conoció únicamente de 24 niños que fueron deportados
desde dicha nación. En el mismo período de este año,
ya suman 74.
El fenómeno parece agravarse, a pesar de la suerte de peligros
que los menores deben sortear.
Según la Dirección General de Migración de El Salvador,
a más de mil menores se les restringió la salida, bien por
no contar con la autorización de sus padres para viajar o por viajar
con personas no autorizadas.
De acuerdo con el vicecanciller salvadoreño, Eduardo Cálix,
un promedio de 15 o 20 niños salvadoreños que viajan ilegalmente
a los Estados Unidos, es deportado cada mes desde México y Guatemala.
Según Cálix, las autoridades salvadoreñas mantienen
de forma permanente campañas de concienciación a través
de medios de comunicación, en fronteras y albergues diseminados
en Guatemala y México.
También estamos tratando de que cuando a estas personas se
les detenga, se les trate como ilegales y no como delincuentes. Estamos
trabajando con organismos que protegen y defienden a los inmigrantes,
explicó el vicecanciller.
El funcionario también aseguró que reforzarán programas
en consulados, tendientes a que familiares en Estados Unidos no arriesguen
a sus niños.
Según Cálix, al mandar a un niño con un desconocido,
no sólo se le expone a los peligros del camino, sino también
a que estos pequeños sean explotados, más que todo sexualmente
en el caso de las niñas. El tráfico de personas y
la trata de blancas están siempre vinculados, advirtió.
Pero para Cristian, el sufrimiento de estar lejos de su familia y dormir
entre matorrales con poco abrigo, entre otros peligros, no le hace desmayar
en su intento por conocer a su madre.
Le digo que la quiero mucho y que algún día la voy
a conocer, dijo el chico ayer, mientras recibía múltiples
abrazos.