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Reportan 74 casos en este semestre

Incremento. Según la embajada de El Salvador en México, en lo que va del año son 74 los niños deportados. En el mismo período de 2003, sólo habían conocido de 24 casos. El aumento llega al 200%.

Publicada 20 de junio 2004, El Diario de Hoy

8.55 a.m. Cristian se reencuentra con su tía Abigaíl, en el aeropuerto. Luego de 22 días de ausencia, la mujer que ha criado al menor desde la edad de nueve meses pudo estrecharlo de nuevo; algo que se le frustró a su madre, quien reside en Nueva York. Foto EDH

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Cristian Funes, un niño de ocho años y natural de Usulután, llegó ayer a las 8:05 de la mañana,deportado, procedente de México.

Le truncaron su viaje ilegal a los Estados Unidos para reunirse con su madre.

Cuando sólo tenía nueve meses de edad, el menor quedó bajo el cuido de su tía Abigaíl Funes, luego de que Lucrecia, su madre, decidiera aventurarse yéndose “de mojado” a los Estados Unidos. Siete años después, ella mandó a traerlo, pagando $6,000 a un coyote.

Partió el 29 de mayo anterior. El traficante señaló el sitio donde deberían entregárselo, luego decidió otro, suponen que para despistar.

Fue la abuela, Juana Francisca Funes, quien entre lágrimas y oraciones lo despidió con un “vas a llegar bien, Dios te va a cuidar”.

Pero la odisea de Cristian apenas comenzaba. Atrás dejaba a su tía, abuelos y primos; abandonaba también la escuela donde estudiaba Tercer Grado. Óscar Armando, un primo de 11 años, le entregó una canica a guisa de recuerdo. “Perdoná que la perdí cuando me robaron el bolsón”, le dijo Cristian ayer, en el reencuentro.

“Quería irme para poder estudiar y conocer a mi mamá. Sólo la conozco en foto”, repetía ayer Cristian, un niño vivaz, abandonado en Veracruz, antes de caer en manos de la policía mexicana.

El periplo de Cristian acabó 12 días después de haber empezado, a pocos kilómetros de la frontera común entre México y Estados Unidos. “Estuve a punto de pasar”, relata el menor. El grupo de indocumentados era conducido en tres vehículos. Sólo el primero pasó. Él iba en el segundo.

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Cristian es sólo uno de los 74 casos de niños indocumentados de los que ha tenido conocimiento la embajada salvadoreña en México, en lo que va de 2004.

La cantidad de niños que viaja ilegalmente hacia

Estados Unidos y que han sido interceptados en México ha subido en un 200 por ciento durante este año, según registros de autoridades consulares salvadoreñas en México.

Hasta junio de 2003, la embajada salvadoreña en ese país, conoció únicamente de 24 niños que fueron deportados desde dicha nación. En el mismo período de este año, ya suman 74.

El fenómeno parece agravarse, a pesar de la suerte de peligros que los menores deben sortear.

Según la Dirección General de Migración de El Salvador, a más de mil menores se les restringió la salida, bien por no contar con la autorización de sus padres para viajar o por viajar con personas no autorizadas.

De acuerdo con el vicecanciller salvadoreño, Eduardo Cálix, un promedio de 15 o 20 niños salvadoreños que viajan ilegalmente a los Estados Unidos, es deportado cada mes desde México y Guatemala.

Según Cálix, las autoridades salvadoreñas mantienen de forma permanente campañas de concienciación a través de medios de comunicación, en fronteras y albergues diseminados en Guatemala y México.

“También estamos tratando de que cuando a estas personas se les detenga, se les trate como ilegales y no como delincuentes. Estamos trabajando con organismos que protegen y defienden a los inmigrantes”, explicó el vicecanciller.

El funcionario también aseguró que reforzarán programas en consulados, tendientes a que familiares en Estados Unidos no arriesguen a sus niños.

Según Cálix, al mandar a un niño con un desconocido, no sólo se le expone a los peligros del camino, sino también a que estos pequeños sean explotados, más que todo sexualmente en el caso de las niñas. “El tráfico de personas y la trata de blancas están siempre vinculados”, advirtió.

Pero para Cristian, el sufrimiento de estar lejos de su familia y dormir entre matorrales con poco abrigo, entre otros peligros, no le hace desmayar en su intento por conocer a su madre.

“Le digo que la quiero mucho y que algún día la voy a conocer”, dijo el chico ayer, mientras recibía múltiples abrazos.

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