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Juego del limón
El centro Amalia Vda. de Menéndez se volvió un espacio
para la distracción de los padres, quienes participaron en
diferentes concursos. Foto EDH / Gustavo Rico |
Alfonso Reyes
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
En los centros escolares, el Día del Padre no se celebra con
la misma intensidad ni tiene el arraigo de la fiesta en honor de la madre.
Ayer, sin embargo, los alumnos se esforzaron por cambiar esta realidad
y demostraron, con el cariño en las actuaciones y los obsequios,
su amor por los progenitores.
El entusiasmo se contagió igual en centros públicos y privados,
en niños y niñas.
En el Colegio Guadalupano, y después de la celebración de
agradecimiento a Dios en el gimnasio del centro, llegó la sorpresa:
las niñas de kínder 4 y 5 esperaban con ansias la salida
de sus papás para hacerles entrega de los regalos, realizados en
las semanas anteriores.
Los abrazos, las sorpresas y alguna que otra lágrima bendecían
el Día del Padre.
En otras escuelas, como el Centro Escolar Amalia Viuda de Menéndez,
las horas de clases estuvieron dirigidas a los papás.
Regalos
Los maestros prepararon un programa que incluyó romper piñatas
y la participación de los invitados en distintos concursos.
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Todas en fila.
Alumnas de kínder 5 del Colegio Guadalupano se forman en el
patio con su regalo en mano. La finalidad es darle una sorpresa a
los padres que aún no han salido de la celebración.Foto
EDH / Gustavo Rico |
Nosotros estimamos a los padres de familia, quienes son padres
responsables, expresó Berta Lyla de Salazar, directora del
centro escolar de Mejicanos.
Quiero felicitar a los padres que están aquí por esa
gran responsabilidad, por sacrificarnos por los hijos que de esta forma
serán mejores, dijo uno de los invitados al agasajo.
Aunque otras escuelas del país no paralizaron sus clases, lo cierto
es que dedicaron algunas horas para que los alumnos hicieran su mejor
trabajo para luego entregarlo a su progenitor.
En el Centro Escolar Santa Eduviges, Soyapango, los alumnos del sexto
grado del turno de la mañana se acercaban a su maestro, Alfredo
Enrique Martínez, para hacer su respectivo obsequio en forma de
flor.
Un regalo que el niño llevó luego hasta el seno del hogar.