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La nota del día
Ronald Reagan, apóstol de la libertad

Un presidente liberal, apóstol del libre mercado, mantuvo un esquema intervencionista y ruinoso en El Salvador, contradiciendo su enorme obra.

Publicada 8 de junio 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Ronald Reagan deja su marca en la Historia: impuso la agenda liberal, contribuyó al derrumbe de la Unión Soviética, acabó con el keynesianismo y abrió nuevos rumbos a los Estados Unidos y al mundo. Un político de vocación que durante buena parte de su vida actuó en el cine, Reagan brilló como comunicador, mostró un instinto magistral para interpretar el espíritu de una época y recuperó la dignidad de la presidencia, llevada a muy bajos niveles por su predecesor “Jimmy” Carter.

 El colapso del comunismo fue un proceso puesto en marcha por el Papa Juan Pablo II, que culminó con el jaque-mate militar y tecnológico de Estados Unidos a la Unión Soviética. La caída del bloque no fue causada por el desastre económico ni por las penurias que padecía la población, cuanto por el derrumbe moral del imperio rojo. Como efecto del mensaje espiritual del Papa y su enorme autoridad moral, es que se pudo formar y mantener el movimiento sindical de los astilleros de Danzig, ejemplo que se propagó hasta los últimos confines del “bloque socialista de naciones”. Como un árbol podrido, lo que faltaba era el empujón para derribarlo.

Reagan acordó con el premier Gorbachev, que a su vez estaba emprendiendo la efectiva liberalización interna de la URSS, el “glasnost”, dar fin en forma gradual a la carrera armamentista y terminar con las guerras en Centro-América. Cuando se iniciaron las negociaciones de paz en El Salvador, las bandas comunistas estaban derrotadas absolutamente, aunque seguían destruyendo, secuestrando y asesinando.

Reagan abandonó el curso intervencionista que llevaba la economía estadounidense, suprimiendo controles, bajando impuestos y privatizando sectores claves. En la teoría simple, bajar impuestos reduciría la recaudación fiscal e iba a incrementar el déficit presupuestario; pero el efecto fue al revés: los bajos impuestos generaron una mayor actividad económica y por ende mayor recaudación.

Los resultados de la llamada “reaganomics” fueron dramáticos, generando uno de los más prolongados períodos de prosperidad económica en la historia contemporánea. Muy pronto el ejemplo fue seguido por Margaret Thatcher en Gran Bretaña y otras naciones; la apuesta por el libre mercado y la desregulación, cambió para siempre la economía mundial.

La contradicción en Centro-América

 En 1980 El Salvador estaba al borde del colapso, pues la presidencia Carter de Estados Unidos comenzaba a aplicar la misma estrategia que dos años antes había hecho caer a Nicaragua en el comunismo. Carter propició un golpe de Estado que a finales de 1979 llevó al poder a una coalición de comunistas, democristianos y compañeros de viaje, con una agenda radical. La teoría fue que adoptando las políticas que propiciaba la extrema izquierda, el país se iba a salvar de caer en la situación nicaragüense, pero el objetivo de Carter era otro: entregar el país al comunismo.

La victoria de Reagan revirtió el plan: los Estados Unidos comenzaron a armar a nuestro ejército y se conjuró la estrategia del carterismo. Pero inexplicablemente, Reagan apoyó a la pandilla de ladrones que Carter había instalado en el poder, resultando en la quiebra del país y en una guerra de doce años, más larga que las dos guerras mundiales juntas. Un presidente liberal, apóstol del libre mercado, mantuvo un esquema intervencionista y ruinoso en El Salvador, contradiciendo su enorme obra.

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