El Diario de Hoy
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Ronald Reagan deja su marca en la Historia: impuso la agenda liberal,
contribuyó al derrumbe de la Unión Soviética, acabó
con el keynesianismo y abrió nuevos rumbos a los Estados Unidos
y al mundo. Un político de vocación que durante buena parte
de su vida actuó en el cine, Reagan brilló como comunicador,
mostró un instinto magistral para interpretar el espíritu
de una época y recuperó la dignidad de la presidencia, llevada
a muy bajos niveles por su predecesor Jimmy Carter.
El colapso del comunismo fue un proceso puesto en marcha por el
Papa Juan Pablo II, que culminó con el jaque-mate militar y tecnológico
de Estados Unidos a la Unión Soviética. La caída
del bloque no fue causada por el desastre económico ni por las
penurias que padecía la población, cuanto por el derrumbe
moral del imperio rojo. Como efecto del mensaje espiritual del Papa y
su enorme autoridad moral, es que se pudo formar y mantener el movimiento
sindical de los astilleros de Danzig, ejemplo que se propagó hasta
los últimos confines del bloque socialista de naciones.
Como un árbol podrido, lo que faltaba era el empujón para
derribarlo.
Reagan acordó con el premier Gorbachev, que a su vez estaba emprendiendo
la efectiva liberalización interna de la URSS, el glasnost,
dar fin en forma gradual a la carrera armamentista y terminar con las
guerras en Centro-América. Cuando se iniciaron las negociaciones
de paz en El Salvador, las bandas comunistas estaban derrotadas absolutamente,
aunque seguían destruyendo, secuestrando y asesinando.
Reagan abandonó el curso intervencionista que llevaba la economía
estadounidense, suprimiendo controles, bajando impuestos y privatizando
sectores claves. En la teoría simple, bajar impuestos reduciría
la recaudación fiscal e iba a incrementar el déficit presupuestario;
pero el efecto fue al revés: los bajos impuestos generaron una
mayor actividad económica y por ende mayor recaudación.
Los resultados de la llamada reaganomics fueron dramáticos,
generando uno de los más prolongados períodos de prosperidad
económica en la historia contemporánea. Muy pronto el ejemplo
fue seguido por Margaret Thatcher en Gran Bretaña y otras naciones;
la apuesta por el libre mercado y la desregulación, cambió
para siempre la economía mundial.
La contradicción en Centro-América
En 1980 El Salvador estaba al borde del colapso, pues la presidencia
Carter de Estados Unidos comenzaba a aplicar la misma estrategia que dos
años antes había hecho caer a Nicaragua en el comunismo.
Carter propició un golpe de Estado que a finales de 1979 llevó
al poder a una coalición de comunistas, democristianos y compañeros
de viaje, con una agenda radical. La teoría fue que adoptando las
políticas que propiciaba la extrema izquierda, el país se
iba a salvar de caer en la situación nicaragüense, pero el
objetivo de Carter era otro: entregar el país al comunismo.
La victoria de Reagan revirtió el plan: los Estados Unidos comenzaron
a armar a nuestro ejército y se conjuró la estrategia del
carterismo. Pero inexplicablemente, Reagan apoyó a la pandilla
de ladrones que Carter había instalado en el poder, resultando
en la quiebra del país y en una guerra de doce años, más
larga que las dos guerras mundiales juntas. Un presidente liberal, apóstol
del libre mercado, mantuvo un esquema intervencionista y ruinoso en El
Salvador, contradiciendo su enorme obra.