Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
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El año fiscal, presupuestariamente, está perdido, y nada
se puede hacer ya. Es grave el daño hecho a El Salvador por parte
de los miembros radicales del partido comunista, con la no aprobación
del presupuesto a los cinco meses del presente año.
Lo que ha causado, y continúa causando, serios e irreparables perjuicios
a todos los habitantes del país, pero de manera particular a los
de escasos recursos, quienes no pueden comprar las medicinas, que se han
vuelto un artículo de lujo. Y tampoco pueden pagar consultas médicas
caras ni mucho menos los altos costos de los hospitales privados.
Son a ellos y únicamente a ellos los desheredados de la fortuna
que debido a ese proceder legislativo ingrato, a quienes se golpea económicamente
y de manera inmisericorde en su bienestar.
Y nunca a los demás, porque éstos pueden costearse médicos,
medicinas, hospitales y educación para sus hijos. Siendo, por otra
parte, la repercusión de tan antipatriótico proceder, que
incide también en el desempleo, al no repararse las escuelas dañadas
y construir nuevas; tampoco hospitales, menos reconstruir edificios públicos.
Tampoco es posible crear nuevas plazas para profesores, incidiendo esto
último en el aumento del analfabetismo y por ende la ignorancia.
La anteriormente mencionada tragedia tiene sin cuidado a los diputados
ortodoxos radicales, del partido que todos sabemos, quienes, desilusionados
por su aplastante derrota en las recientes elecciones presidenciales,
se tranquilizan al recordar que gozan de jugosos sueldos aunque
no asistan a su trabajo, teniendo a su disposición vehículos,
combustible, motorista, guardaespaldas, ordenanzas, viajes e inmunidad
para hacer y deshacer lo que les venga en gana.
Por otra parte, como consecuencia de no tener hasta ahora presupuesto
aprobado, se vuelve negativo en la práctica todo derecho que los
salvadoreños pretendamos tener. No hay duda de que detrás
de todo esto está la intención malsana de los radicales
materialistas, quienes farisaicamente dicen velar por los desheredados,
cuando lo único que hacen es servirse de esa fracción ingenua
del pueblo, para usarla en marchas, huelgas ilegales y demás abusos.
Tratando de provocar desesperación y descontento y así entorpecer
la labor del Gobierno legalmente constituido. Sin embargo, es éste
un gran pueblo que saldrá adelante, pues está consciente
de que sin cultura, tanto ética como cívica, el progreso
es una falacia.
La reforma constitucional que proponemos es en el sentido de que sea el
Poder Ejecutivo el que esté facultado para hacer los ajustes necesarios
y oportunos, a las nuevas necesidades del Estado, en el año posterior
dentro del mes de enero siguiente al del presupuesto que no ha sido aprobado
al treinta y uno de diciembre del año que haya finalizado. Y el
cual así quedará automáticamente vigente con las
últimas modificaciones que el Órgano Ejecutivo haya hecho.
*Dr. en Derecho y Lic. en Filosofía.