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| Entre ex gobernantes. La foto de Manuel José
Arce decora la oficina del Presidente de la República. Foto
EDH/Omar Carbonero |
Ana Giralt
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Esquivo hasta el final, pensé cuando me percaté
de que llevaba más de dos horas afuera de la casa de la familia
Flores, a la espera de que el ahora ex Presidente de la República
aceptara que le hiciéramos compañía poco antes de
irse a la Feria Internacional.
-¿Le puede decir al licenciado Flores que si nos permite pasar
y conversar con él un ratito?-le solicité a uno de los más
de diez agentes de seguridad que estaban en la acera.
-¡Hay que esperar unos minutos. Ya se le llamó por teléfono
a la habitación pero no contestan!-respondió el interlocutor,
refiriéndose a Francisco Flores y a su esposa, Lourdes.
La espera desespera. A las 7:27 de la mañana -una hora y doce minutos
después de mi llegada-la puerta negra de metal que da a la calle
se abrió. Ani Zaldívar puso el maletín del mismo
color en el suelo, a la espera de que le fueran a dejar al Salón
90 Grados.
La estilista llegó muy temprano hasta la residencia de los Flores
para peinar a la todavía Primera Dama, Lourdes de Flores, y a su
hija Gabriela.
Cumplió... al final
A las 8:35 de la mañana, justo cuando la caravana en la que venía
el hoy Presidente Antonio Saca pasó frente a la casa de su antecesor,
caí en la cuenta de que mi tercer intento, realmente súplica,
por estar junto a Flores no sería atendido.
Nada ocurre en vano. Cuando la desesperación había sobrepasado
el límite, Flores, de la mano de su esposa, salió de la
casa.
¡No sabía que estabas aquí!, me dijo.
Sin comentarios... pensé.
Después de una rápida plática, en la que reiteró
su deseo de dormir por tres días, acotó: ¡Me
voy en deuda contigo! Él se refería a una promesa
que me había hecho de llevarme a conocer su oficia en Casa Presidencial.
¡Tengo cinco minutos... vamos! Seguí la camioneta
verde. ¡Ella irá detrás de mí!. Y así
fue.
Al filo de las 9:00 de la mañana, llegamos hasta su oficina.
Su despacho, el escritorio de la secretaria, la sala de reuniones y el
cuarto privado donde solía almorzar, usualmente una suculenta ensalada,
fue el espacio físico que recorrimos en cinco minutos; pero en
él estuvo los últimos tres años de su gestión.
Un estilo europeo. Cálido. Lujoso y muy sobrio. Así se puede
resumir el ambiente de lo que ayer fue su oficina y hoy será la
de Saca.
Ana, gracias por todo. ¡Se queda en su casa, ya me tengo que
ir, fue la despedida del ahora ex mandatario.
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ESTÁ CONTENTO DE HABER DEJADO
EL PODER EL PLAN INMEDIATO ES DORMIR POR TRES DÍAS
SEGUIDOS DESEMPACAR TODO LO QUE ESTÁ EN LAS CAJAS
DE CARTÓN ES LA GRAN TAREA DE LOURDES, SU ESPOSA
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