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Cinco años en cinco minutos con Flores

El ex mandatario de la República realizó un rápido recorrido por lo que fue su despacho en la Casa de Gobierno, antes de entregar el poder a Antonio Saca

Publicada 2 de junio 2004, El Diario de Hoy

Entre ex gobernantes. La foto de Manuel José Arce decora la oficina del Presidente de la República. Foto EDH/Omar Carbonero

Ana Giralt
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

“Esquivo hasta el final”, pensé cuando me percaté de que llevaba más de dos horas afuera de la casa de la familia Flores, a la espera de que el ahora ex Presidente de la República aceptara que le hiciéramos compañía poco antes de irse a la Feria Internacional.

-¿Le puede decir al licenciado Flores que si nos permite pasar y conversar con él un ratito?-le solicité a uno de los más de diez agentes de seguridad que estaban en la acera.
-¡Hay que esperar unos minutos. Ya se le llamó por teléfono a la habitación pero no contestan!-respondió el interlocutor, refiriéndose a Francisco Flores y a su esposa, Lourdes.

La espera desespera. A las 7:27 de la mañana -una hora y doce minutos después de mi llegada-la puerta negra de metal que da a la calle se abrió. Ani Zaldívar puso el maletín del mismo color en el suelo, a la espera de que le fueran a dejar al Salón “90 Grados”.

La estilista llegó muy temprano hasta la residencia de los Flores para peinar a la todavía Primera Dama, Lourdes de Flores, y a su hija Gabriela.

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Cumplió... al final

A las 8:35 de la mañana, justo cuando la caravana en la que venía el hoy Presidente Antonio Saca pasó frente a la casa de su antecesor, caí en la cuenta de que mi tercer intento, realmente súplica, por estar junto a Flores no sería atendido.

Nada ocurre en vano. Cuando la desesperación había sobrepasado el límite, Flores, de la mano de su esposa, salió de la casa.

“¡No sabía que estabas aquí!”, me dijo. Sin comentarios... pensé.
Después de una rápida plática, en la que reiteró su deseo de dormir por tres días, acotó: “¡Me voy en deuda contigo!” Él se refería a una promesa que me había hecho de llevarme a conocer su oficia en Casa Presidencial.

“¡Tengo cinco minutos... vamos! ‘Seguí la camioneta verde. ¡Ella irá detrás de mí!”. Y así fue.
Al filo de las 9:00 de la mañana, llegamos hasta su oficina.

Su despacho, el escritorio de la secretaria, la sala de reuniones y el cuarto privado donde solía almorzar, usualmente una suculenta ensalada, fue el espacio físico que recorrimos en cinco minutos; pero en él estuvo los últimos tres años de su gestión.

Un estilo europeo. Cálido. Lujoso y muy sobrio. Así se puede resumir el ambiente de lo que ayer fue su oficina y hoy será la de Saca.
“Ana, gracias por todo. ¡Se queda en su casa, ya me tengo que ir”, fue la despedida del ahora ex mandatario.

ESTÁ CONTENTO DE HABER DEJADO EL PODER • EL PLAN INMEDIATO ES DORMIR POR TRES DÍAS SEGUIDOS • DESEMPACAR TODO LO QUE ESTÁ EN LAS CAJAS DE CARTÓN ES LA GRAN TAREA DE LOURDES, SU ESPOSA

 

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