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Breve análisis
El relevo presidencial

Me parece positivo que se proponga estimular el diálogo y la concertación. Por lo tanto, en honor a la verdad, nuestro aporte consistirá en trabajar mejor, emprender nuevos proyectos.

Publicada 2 de junio 2004, El Diario de Hoy

Raúl M. Alas*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Los actos de toma de posesión han quedado atrás. El relevo presidencial se ha consumado ante los ojos de miles de espectadores, y los nuevos ministros han sido oficialmente juramentados en sus respectivas carteras. De momento, el nuevo Presidente tiene la enorme tarea de articular un plan de gobierno coherente con las necesidades reales del país y demostrar un talante político diferente al de su predecesor.

Ciertamente los niveles de aceptación popular con los que termina Francisco Flores dicen mucho de la eficacia de su gestión presidencial y del enorme mérito de gobernar un país asolado por todo tipo de circunstancias adversas. En efecto, enfrentarse con una oposición política tan beligerante, dos terremotos de gran magnitud y una delincuencia galopante en colonias y ciudades constituye un triple reto que Flores acertó parcialmente a resolver.

Asimismo, hay que encomiar la enorme labor diplomática del anterior Gobierno, particularmente en lo que respecta a la imagen positiva del país ante los gobiernos de Estados Unidos y varios países de la Unión Europea. En este sentido, España se alzó en las preferencias hacia El Salvador, como quedó demostrado desde el fatídico 13 de enero de 2001 hasta la fecha.

Sin embargo, uno de los aspectos más cuestionables de su mandato radicó en su falta de proyección nacional como un mandatario cercano y accesible. Obviamente, las distancias que estableció desde sus primeros meses de autoreclusión en la casona marcaron negativamente su relación con los medios y diversas instituciones políticas.

Ahora bien, desde el día de ayer contamos con un nuevo mandatario. Para sus colaboradores más cercanos, su período presidencial estará marcado por un discurso conciliador y dialogante, aunque para otros menos optimistas, éste será un quinquenio plagado de populismo y espectáculo. Indudablemente, nunca llueve a gusto de todos. Empero, es un hecho patente que sus antecedentes como comunicador y empresario perfilarán su estilo de gobernar. En otras palabras, tendremos un protagonista mediático de altos vuelos y un afamado gestor que liderará los destinos de la mejor empresa que Dios le pudo poner en sus manos: El Salvador.

No obstante lo anterior, Saca tiene dos limitaciones importantes que contrarrestar. Por un lado, la carencia de una suficiente formación académica que le permita abordar con un mejor criterio los problemas técnicos que encontrará a su paso durante la presidencia, y, por otro, la falta de una mayor experiencia política, la cual resultará importante para sacudirse la presión de las grandes decisiones.

Efectivamente, como bien apuntábamos arriba, su mandato deberá saber conjugar la iniciativa política y empresarial, para lograr que todos salgamos favorecidos con mejores oportunidades de progreso y bienestar. Asimismo, debe ser capaz de involucrar a los diversos sectores, incluso a la oposición más radical y tozuda, en un proyecto de interés nacional que oriente su atención a los aspectos socioeconómicos más prioritarios del país: salud, educación, empleo y desarrollo sostenible.

Como siempre, el punto neurálgico para agilizar oportunamente la actividad económica y social de El Salvador consiste en apoyar la creación de nuevas empresas, cuyo éxito se materializa en más empleos y en esperanzadoras prerrogativas para más personas. En efecto, el salto cualitativa de una nación de nuestras características está conectado con la capacidad de fomentar el espíritu emprendedor e innovador.

En esta tesitura, el nuevo Presidente tiene una enorme responsabilidad en otros ámbitos de amplio interés colectivo. En concreto, salvaguardar a la familia y todo lo relacionado con el desarrollo humano e intelectual de sus miembros. En este caso, consistirá en entrar de lleno en la cultura, puesto que como dice Alejandro Llano, “la cultura tiene que ver siempre con la perfección humana de la persona”, es decir, “la cultura es un avance del hombre hacia si mismo: un crecimiento del lo humano en el hombre”.

Por lo mismo, Saca debe impulsar en su gobierno el uso de un mayor número de becas de formación científica y técnica y, potenciar el arte en sus variadas expresiones —sin caer en excesos, vulgaridades o desviaciones—.

En definitiva, puesto que hay tanto por decir y hacer en los próximos cinco años, estoy consciente de que esta columna editorial no será capaz de resumir todos los retos que se aproximan. En este sentido, tengo claro que el nuevo presidente no debe perder el tiempo en conflictos estériles y contraproducentes para el provecho nacional y de nuestra gente.

En cierta forma, me parece positivo que se proponga estimular el diálogo y la concertación. Por lo tanto, en honor a la verdad, nuestro aporte consistirá en trabajar mejor, emprender nuevos proyectos y volver a convertir a El Salvador en un país de gente honrada, dinámica y creativa.

* Doctor en Comunicación Pública, Universidad de Navarra, España.

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