Señor presidente de la honorable Asamblea Legislativa y señores
diputados.
Señor presidente de la honorable corte suprema de justicia y señores
magistrados.
Excelentisimos señores jefes de estado y sus distinguidas esposas.
Señora vicepresidenta constitucional de la republica, señor
Carlos Patricio Escobar y distinguida familia.
Excelentisimos señores vicepresidentes y jefes de misiones especiales
de paises amigos que nos acompañan.
Señores diputados al Parlamento Centroamericano.
Señor expresidente de la Repúplica y señora de Flores.
Señor exvicepresidente de la República y señora de
Quintanilla.
Señor presidente de la corte de cuentas de la República
y señores Magistrados.
Señor presidente del tribunal supremo electoral y señores
magistrados.
Señor Fiscal General de la republica.
Señor procurador general de la República
Señora procuradora para la defensa de los derechos humanos.
Señores expresidentes y exvicepresidentes de la República
Señores alcaldes municipales.
Señores miembros del gabinete de gobierno.
Señores gobernadores departamentales.
Excelentisimo y reverendisimo monseñor Fernando Saenz Lacalle,
arzobispo Metropolitano de San Salvador y señores miembros de la
conferencia episcopal salvadoreña.
Señores representantes y miembros de las iglesias evangelicas.
Señores representantes de partidos politicos.
Señores presidentes de gremiales empresariales y miembros de sus
juntas directivas.
Autoridades civiles y militares.
Amigos de la prensa.
Pueblo salvadoreño.
Asumo este día, por voluntad expresa y masiva de los salvadoreños,
la máxima responsabilidad que puede ser encargada a un ciudadano:
la de conducir los destinos del país desde la Presidencia de la
República.
En primer lugar, quiero agradecer a Dios todopoderoso el que me haya concedido
esta suprema oportunidad para servirle a mi gente. A él le ofrezco
el mandato de gobierno que este día comienza.
A los salvadoreños que me concedieron el honor de su confianza
les reitero mi gratitud más sincera. En homenaje a esa confianza,
me convierto hoy en Presidente de todos, entendiendo a cabalidad que la
esencia de la democracia exige que el Presidente gobierne para todos por
igual.
A mi partido ARENA, bajo cuya bandera joven y vibrante recorrimos el país
de punta a punta, formando una inmensa red de voluntades encendidas por
el anhelo de mejoramiento, de seguridad y de progreso, le reitero mi cariño
y mi gratitud.
Nuestro pueblo reconoce la lucha de ARENA para superar los tiempos oscuros
del populismo y de la guerra. A toda esa gente arenera, entregada y amante
de las libertades, nunca me cansaré de darle las gracias, por haberse
entregado a este nuevo proyecto de renacimiento y renovación.
Al iniciar este proyecto de servicio quiero manifestar que sin el apoyo
y el amor de mi esposa Ana Ligia y de mis hijos Gerardo, José Alejandro
y Christian no me sería posible enfrentar los enormes desafíos
que nos esperan.
Mi familia, que me acompaña y me da fortaleza, también me
sirve de estímulo para trabajar día tras día, con
entusiasmo y devoción, para que todas las familias salvadoreñas
tengan una vida mejor.
En este momento tan decisivo de mi vida quiero inspirarme en el recuerdo
de mis padres, Ricardo Saca y María Luisa González de Saca,
que ya gozan de la gloria de Dios. Fueron ellos quienes me enseñaron
los principios y valores que han hecho posible que hoy me encuentre aquí
ante ustedes.
Tenemos mucho que agradecerle a la comunidad internacional. Este día,
nos honra, nos estimula y nos compromete la asistencia gentil y solidaria
de altísimos dignatarios de muchos países.
Saludamos calurosamente a los Excelentísimos señores Presidentes
que están con nosotros en este momento tan significativo. Agradezco
también la presencia de honorables representantes de gobiernos,
organismos y organizaciones de todo el mundo.
El pueblo salvadoreño y su nuevo Gobierno los reciben con los brazos
abiertos y la disposición sincera de continuar trabajando con el
empeño y la fraternidad de siempre.
Recibimos la Presidencia de la República en una coyuntura nacional
e internacional a la vez, compleja y esperanzadora. El mundo vive una
ola de incertidumbre, y nuestro país no puede apartarse de los
efectos de situaciones adversas, como el terrorismo y los quebrantos económicos.
El Salvador ha logrado notables progresos políticos, económicos
y sociales; pero eso mismo hace que esté cada vez más claro
todo lo que nos falta por avanzar en esos campos. Nos preocupa el presente
y nos inquieta el futuro; pero ya no estamos atados al pasado.
Es cierto que hay múltiples amenazas a nuestra estabilidad y a
nuestro modelo democrático de vida; sin embargo, la convicción
ciudadana es el mejor escudo frente a cualquier intento de regresión.
Nada ni nadie nos hará retroceder.
Por el contrario: nuestro compromiso democrático es cada vez más
vigoroso, y eso nutre nuestro capital nacional de esperanza.
Mi convicción, compartida con la inmensa mayoría de nuestra
población, es que hoy somos más fuertes que nunca para vencer
las adversidades, sustentar el optimismo y seducir el progreso.
Desde que los salvadoreños logramos resolver de una manera pacífica
y ejemplar un conflicto armado tan destructivo como el que sufrimos por
más de una década, El Salvador ha afianzado el camino hacia
la democracia plena.
Desde 1992, hemos ido construyendo, con sacrificio y dedicación,
la institucionalidad que se necesita para que nuestra sociedad sea segura,
estable, pacífica, progresista y moderna.
No podemos hablar de nuestra democracia y de El Salvador de hoy sin mencionar
a nuestra Fuerza Armada, cuyo carácter y profesionalismo son hoy
más ejemplares que nunca. Esta noble institución es el mejor
paradigma de lo que puede lograrse cuando hay verdadera capacidad de adaptación
a los nuevos tiempos y las nuevas misiones. Merece por eso nuestra admiración
y reconocimiento.Los gobiernos presididos por Alfredo Cristiani, por Armando
Calderón Sol y por Francisco Flores sentaron los cimientos de este
nuevo País, que hoy nos comprometemos a impulsar de manera decidida
e innovadora.
Gracias al coraje, visión y liderazgo de nuestros antecesores podemos
sentirnos seguros de que nuestro país está preparado para
enfrentar, de manera responsable y segura, las exigencias de una modernización
creciente, que es ejemplar en la región latinoamericana y en el
entorno centroamericano.
Gracias a lo logrado en estos quince años, nuestro país
ha ganado credibilidad internacional, respeto político y solidaridad
financiera. No estamos solos, porque hemos sido responsables. Se nos cree
y se nos reconoce, porque hemos sabido actuar coherentemente.
El Salvador se ha preparado para abrirse al mundo por primera vez en su
historia. Hechos sin precedentes como el Tratado de Libre Comercio entre
Centroamérica y Estados Unidos nos abren un espacio de desarrollo
incalculable. Hace cuatro días quedó firme el texto de dicho
tratado.
Con el TLC ganamos todos, porque es un instrumento excepcional para aterrizar
los beneficios de la globalización y las bondades de la apertura,
y convertirlos en oportunidades concretas de prosperidad para los salvadoreños.
Los frutos de la apertura ya comenzaron a beneficiar a nuestra gente a
través de acuerdos suscritos con México, Panamá,
Chile y República Dominicana. Ya iniciamos además un acercamiento
comercial con la Unión Europea, y muy pronto esperamos concluir
un acuerdo con Canadá.
Es de justicia reconocer la visión integradora del presidente Francisco
Flores. Quiero hacer una pausa en esta solemne ocasión para honrar
ante todo el país, el trabajo, la dedicación y su esfuerzo
de los últimos cinco años.Su liderazgo durante los terremotos
del 2001 y las obras completadas por su Gobierno nos han permitido vestir
al país con un rostro de modernidad. El país lo recordará
además como el Presidente que nos condujo a cruzar el puente hacia
la integración en el nuevo siglo.Hermanos salvadoreños:
Hoy comienza una nueva etapa en nuestra historia. Mi primera tarea es
presentarle al país y a la comunidad internacional mi visión
del tipo de gobierno que los salvadoreños dibujaron en las urnas
el pasado 21 de marzo.
Con claridad incuestionable los salvadoreños escogieron un gobierno
que ante todo defienda las libertades, que genere oportunidades, que se
abra a entendimientos, que vele por el cumplimiento de la ley y que garantice
la seguridad ciudadana.
En esta línea de valores, los salvadoreños se han pronunciado
masivamente por un gobierno que tenga como proyección principal
la cercanía a las necesidades del ciudadano común, que sea
tolerante en el buen sentido de la palabra y ejerza la voluntad solidaria
para entender y atender las exigencias y las aspiraciones populares.
Como Presidente, recibo y asumo ese mensaje, y me comprometo solemnemente
a impulsar un gobierno entregado al bienestar de la gente, atento a la
suerte de los más necesitados y decidido a trabajar en esa línea
de servicio, sin un solo minuto de descanso.
Los salvadoreños me verán constantemente cara a cara, brazo
a brazo, a lo largo y ancho del país, no en visitas de ocasión
sino llevando el gobierno a sus comunidades, para que los ciudadanos de
todas las condiciones sientan que el Estado existe, que trabaja para ellos
y que es capaz de responder a sus demandas más sentidas.
La pobreza es una condición a la que ningún salvadoreño
debe resignarse. Los que hemos recibido el encargo de conducir los destinos
del país debemos combatirla de manera frontal.
En tal sentido, nuestro gobierno iniciará de inmediato la construcción
de una red de bienestar social, que tendrá por objetivo ofrecer
los estímulos necesarios a todos aquellos compatriotas que se encuentren
en desventaja económica y marginación social, para incorporarlos
a la vida productiva.
Las prioridades hace 15 años respondían a un entorno difícil,
del que ya hemos salido. El debate económico mundial ahora replantea
una fórmula que priorice lo social sin abandonar la estabilidad
económica y el crecimiento sostenible. Va quedando claro que la
modernización económica no es sostenible sin el desarrollo
humano.
En países como el nuestro, la necesidad del énfasis en lo
social es más urgente.
En nuestro Gobierno, lo social no es un complemento de nada, sino la base
de todo.
A partir de esa filosofía elaboramos nuestra oferta electoral,
que hoy se convierte en proyecto de gobierno.
Voy a poner la agenda social en primer plano...Seremos un gobierno, ante
todo, con un profundo sentido humano.
Durante la campaña me comprometí a ser un Presidente concertador
y accesible. Esa promesa la voy a cumplir firmemente desde este mismo
momento.
Pero una cosa es un Presidente tolerante y abierto que busca entenderse
con la oposición constructiva, y otra muy distinta es que la oposición
intransigente quiera chantajear al Presidente.
No confundamos las demandas legítimas con los desmanes políticos...
No confundamos las necesidades con las necedades.
Tengo la sincera esperanza que mi disposición al diálogo
será correspondida por todos aquellos con quienes nos toque hacerlo.
Llego a la presidencia sin prejuicios ni reservas; pero sí con
principios y valores. Esos principios y esos valores nos dan la fortaleza
para sostener nuestras posiciones.
El pueblo salvadoreño, al que nos debemos, nos verá actuar,
y juzgará la transparencia de nuestras acciones. Si alguna cosa
no camina por falta de entendimiento, ese mismo pueblo sabrá dónde
están los obstáculos... ese mismo pueblo, sabio y prudente
como es, sabrá empujar a los que no quieran caminar, a los que
no quieran colaborar.
Haremos una gestión de valores. Y al mencionar valores me refiero
en especial a algunos que son esenciales: responsabilidad, solidaridad,
justicia, orden y libertad. Tales valores se asientan en tierra muy firme:
la fe en la divina providencia y la entereza moral.
Y los valores aludidos significan, en el ámbito institucional,
honestidad escrupulosa en el desempeño de la gestión, respeto
irrestricto a la legalidad en todas sus expresiones, apuesta a la superación
del ser humano y concordia social.
Nuestra Presidencia nace bajo el signo del entusiasmo por el progreso,
la fe en la democracia y la búsqueda de la unidad y la armonía.
La inmensa mayoría de los salvadoreños comparten estos valores
y acogen la convivencia pacífica.
A los que están aquí y a los que no están aquí,
a los que comparten nuestro ideario y a los que no lo comparten, a los
que le apuestan al futuro y a los que están atados al pasado, a
todos les digo: tendrán en mí un interlocutor dispuesto
a abrir brecha para que el país siga adelante.
A los diputados y a los alcaldes que nos acompañan y a los que
están ausentes les invito a que nos comprometamos en un proceso
de entendimientos sostenibles, para dar a los salvadoreños soluciones
coherentes y consensuadas.
Los salvadoreños merecemos una clase política constructiva,
seria y responsable...Lograrlo es tarea de todos.
A los diputados y alcaldes que, superando consignas o mandatos partidarios,
están aquí con nosotros, los saludamos con respeto, reconocimiento
y admiración.
Este día invito a los diputados, alcaldes y al sector privado a
que, en compañía del gobierno central, conformemos una Comisión
de Entendimientos.
Propongo que abordemos, cuanto antes, puntos críticos de la agenda
nacional, como el municipalismo, la descentralización, el desarrollo
rural y el financiamiento de los gobiernos locales.
Ahora, quiero presentarles las grandes líneas de mi Plan de Gobierno,
País Seguro. En los próximos días, con el equipo
de trabajo que este día se constituye, haremos el lanzamiento oficial
de muchas de las medidas que desarrollaremos dentro de los próximos
cinco años.
País Seguro es un proyecto con auténtico sentido humano,
que ha nacido de las entrañas mismas del sentir nacional. Es un
programa que no tiene precedentes, porque es el resultado de la gira Hablemos
con Libertad, que nos permitió tener contacto directo con
las personas, sus necesidades y anhelos.
Aquella gira, que nos llevó a cada uno de los 262 municipios del
país, fue solo el comienzo de lo que vamos a hacer y que marca
un nuevo estilo de gobierno.
Nuestro despacho será el país...Nuestra oficina es la casa
de todos.
Desde hoy anuncio que estaré en giras periódicas y sistemáticas,
para mantener vivo y fresco el pacto permanente que nos permitió
llegar a la voluntad y al corazón de nuestros compatriotas.
Aquella primera gira era para convencer...las que hoy emprenderemos son
para cumplir.
País Seguro refleja lo que los salvadoreños me han pedido.
Un gobierno democrático siempre debe responder a las necesidades
del ciudadano.
Estaremos al lado de la gente.
No estamos inventando fórmulas, imaginando paraísos, ni
ofreciendo magia. Venimos de la realidad, vivimos en ella, nos debemos
a ella. Soñamos, desde luego, con un país mejor, pero con
los pies en la tierra. Pondremos la imaginación, el ingenio y la
audacia al servicio de la realidad que queremos transformar para bien
de todos.
En ese ejercicio de escuchar a los salvadoreños de todos los niveles
y condiciones, uno de los clamores más sentidos es la seguridad
ciudadana. Como hombre de trabajo y de familia, me he unido a ese clamor
desde hace mucho tiempo. Hoy cuento con las herramientas gubernamentales
para trabajar en serio y a fondo por la seguridad.
Estoy convencido de que la calidad de vida de la familia salvadoreña
mejorará sustancialmente cuando logremos romper la espiral de la
violencia, en todas sus manifestaciones. Problemas como el crimen organizado
y la delincuencia de las maras deben ser extirpadas de nuestra sociedad.
Lograrlo no puede ser sólo responsabilidad de las instituciones:
tiene que participar activamente la ciudadanía.
Formaremos un equipo de seguridad ciudadana que combatirá la delincuencia
en todas sus facetas.
Aplicaremos Súper Mano Dura para llevar a los delincuentes ante
la ley, pero a la vez tendremos la Mano Extendida para evitar que los
que están en riesgo delincuencial caigan en él y para rescatar
y rehabilitar a aquellos que buscan reinsertarse en la sociedad.
A nivel institucional, seguiremos fortaleciendo nuestra corporación
policial, para que cumpla sin reservas su delicada misión dentro
de la dinámica democrática.
Otro gran compromiso de nuestro gobierno con sentido humano es la generación
de empleo. A lo largo de nuestro recorrido por las comunidades del país,
la petición más común era oportunidad de trabajo.
Por lo tanto, multiplicar el empleo es el principal desafío nacional.
Y sólo enfrentaremos con éxito ese desafío si creamos
y consolidamos las condiciones para ser un país cada vez más
productivo y más competitivo.
Vamos a seguir abriendo las fronteras y dándole mayor fluidez al
intercambio comercial, buscando así hacer más competitivos
a nuestros empresarios.
Con el mismo propósito, impulsaremos la asociatividad de empresas
medianas y pequeñas--, y la agilización y simplificación
de trámites burocráticos.
Lanzaremos además un ambicioso programa internacional destinad
a multiplicar la inversión extranjera. Estamos dispuestos a estructurar
un adecuado sistema de incentivos, que se maneje con transparencia y efectividad,
a fin de animar a los inversionistas nacionales y extranjeros a poner
sus recursos al servicio del desarrollo nacional.
El Salvador tiene un amplio potencial para la inversión en turismo.
Convertir a nuestro país en un verdadero destino turístico
implica, en primer término, que los salvadoreños valoremos
las grandes oportunidades en este campo.
Tenemos que apostarle en grande al turismo.
Una de las grandes ventajas del turismo es que hace posible que participen
desde la grande hasta la microempresa.
Nuestro gobierno dará la pauta, y mejorará la infraestructura
básica para facilitar la inversión privada.
La primera prueba de ello es que por primera vez en nuestra historia habrá
un Ministerio de Turismo, cuya misión es impulsar esta actividad
para convertirla en uno de los motores del desarrollo nacional.
Estoy decidido a encontrar y activar las herramientas legales e institucionales
para proteger el bolsillo de los salvadoreños.
Con ese fin, crearemos la Defensoría del Consumidor, que será
autónoma y que protegerá los derechos de los consumidores.
Debemos proteger la economía familiar, sabemos que existen abusos...
y nuestro gobierno no los permitirá más.
En nuestro gobierno con sentido humano, la educación será
prioritaria. El reto es ampliar la cobertura, y sobre todo mejorar la
calidad.
Los salvadoreños que se eduquen en el sistema deben estar capacitados
no solo para el trabajo, sino fundamentalmente para la vida, tal como
lo exigen los tiempos modernos.
Incluiremos en nuestra gestión educativa un ambicioso programa
de rescate de la Universidad de El Salvador. La Universidad estatal debe
estar preparada en todas sus dimensiones para atender la demanda educativa
de amplios sectores nacionales.
Queremos que El Salvador se convierta en la capital del conocimiento en
Centroamérica.
La Salud será otra área que atenderemos con especial dedicación.
Como lo dije durante la campaña, nuestro Gobierno no privatizará
la salud pública. Impulsaremos una reforma integral del sistema,
para lo cual existen ya múltiples insumos técnicos.
Desarrollaremos el Seguro Social, garantizando honestidad y transparencia
en el servicio y manteniendo las cotizaciones tal como están.
Dicha reforma pondrá al ser humano por encima de cualquier otra
consideración, y estará basada en el entendimiento con todos
los sectores que participan en esta tarea de servicio tan esencial.
Nuestro gobierno tomará en serio al medio ambiente. Vamos a fortalecer
el Ministerio encargado de esa problemática a través de
la revisión de los marcos legales, y lanzaremos una campaña
masiva para la preservación y recuperación de nuestros cada
vez más escasos recursos naturales.
Aprovecharemos las fuentes de apoyo internacional, que son muchas y muy
variadas. Trabajaremos en un proyecto nacional para el desarrollo hídrico;
defenderemos el bosque cafetalero; y fomentaremos la educación
ambiental, indispensable para que los salvadoreños reconozcamos
que la naturaleza, así como la historia, es responsabilidad de
todos.
Los caminos hacia el progreso y la modernización pasan necesariamente
por una gestión ambiciosa y efectiva en el área de infraestructura
física. Vamos a consolidar la conectividad interna del país
para avanzar nuestro liderazgo en el proceso de integración regional.
Fomentaremos los sistemas de ciudades intercomunicadas, poniendo énfasis
en la comunicación vial de las pequeñas poblaciones, muchas
de las cuales están hoy prácticamente incomunicadas.
La infraestructura del país debe ser la mejor palanca para el desarrollo
nacional. Una herramienta para combatir la pobreza es integrar las comunidades
aisladas al progreso.
Nuestro Gobierno trabajará sin descanso a favor de la estabilidad
y bienestar de las comunidades de salvadoreños en el exterior.
Trataremos este tema como lo que es: una parte importante de la vida nacional.
Para ellos realizaremos un agresivo cabildeo a favor del TPS y otros instrumentos
legales para favorecer su estatus migratorio en Estados Unidos.
Este día juramentaré a una nueva funcionaria, con rango
ministerial, que se dedicará, a tiempo completo, a velar por los
intereses de nuestros hermanos cercanos.
Vamos a proteger sus remesas y buscar mecanismos que permitan reducir
los costos de envío.
Durante la campaña, prometí que las mujeres ya no estarán
solas.
Trabajaremos por el desarrollo integral de la mujer, sobre todo por aquellas
miles de salvadoreñas que son papá y mamá a la vez,
que tienen que enfrentar la vida solas y sudar más de lo debido.
Para ello, facilitaremos la llegada de créditos y asistencia técnica
a aquellas mujeres que quieren salir adelante con su microempresa.
Buscaremos la participación del sector productivo para establecer
más guarderías y centros de bienestar infantil.
Las mujeres que trabajan y que no tienen dónde dejar a sus hijos,
ya no estarán desamparadas.
La mujer será el eje principal de nuestro proyecto social. Por
eso les reitero que la mujeres en El Salvador ya no estarán solas.
El futuro de El Salvador está en los jóvenes. No podemos,
no debemos desatenderlos. No puede haber mejor inversión en una
sociedad que apostarle al desarrollo integral de la juventud. La Secretaría
de la Juventud tendrá como misión fundamental garantizar
el futuro de nuestra juventud.
A los agricultores también quiero decirles que no los dejaré
solos.
Este día me comprometo con ustedes que buena parte de mi tiempo
como Presidente estará dedicado a encontrar soluciones a sus problemas.
Vamos a encontrar la manera de proveerlos de insumos agrícolas
más accesibles. Y tendremos a un Banco de Fomento Agropecuario
más cercano a ustedes.
Crearemos el programa presidencial PROAGRO, que en forma complementaria
a las acciones realizadas por el Ministerio de Agricultura y Ganadería,
buscará soluciones ingeniosas y de corto plazo a problemas estructurales
que propicien la reconversión productiva del sector.
Finalmente, no podemos permitir que los agricultores se vean amenazados
por la inseguridad. Por eso, crearemos la Policía Rural que, juntamente
con la Fuerza Armada, llevará seguridad al campo.
Este es sólo un esbozo de lo que nos proponemos emprender a partir
de este día. Nuestra voluntad, nuestra convicción y nuestra
energía están ya al servicio del país.
Necesitamos que el país nos acompañe.
Ninguna iniciativa de gobierno prospera si no tiene el respaldo ciudadano.
Y, además, son vitales el respaldo legislativo y el respaldo político
de sectores claves de la vida nacional. Nuestra tarea es construir desde
el primer día todos esos respaldos. Ganamos ampliamente el voto
popular, y eso nos da una plataforma extraordinaria para construir gobierno.
El pueblo tiene el poder; nosotros sólo somos sus representantes.
En esa línea, con la participación de las distintas fuerzas
del país, nuestro Gobierno impulsará un Acuerdo Nacional
que habrá de buscar, entre otras cosas, una inaplazable Reforma
del Estado que nos lleve a una profunda Reforma Electoral cuyo objetivo
será fortalecer nuestra democracia.
En el mismo espíritu, convencido de que no hay atajos fáciles
ni fórmulas mágicas para alcanzar el desarrollo, quiero
convocar a la empresa privada de todos los niveles a que juntos construyamos
un gran Pacto por el Empleo.
A los empresarios del país, que son millones de salvadoreños
emprendedores, les insto a continuar creando riqueza, comprometiéndose
con un futuro de estabilidad, solidaridad y desarrollo integral.
Para poder gobernar hay que saber escuchar.
Esa es la sencilla pero vital clave del éxito en el desempeño
de la gestión pública.
Yo estoy acostumbrado a escuchar, porque vengo de la escuela de la vida.
Sería incomprensible que al asumir esta investidura creyera ser
el dueño de la verdad. La realidad del país la vamos a vivir
y a resolver juntos.
Quiero una vez más hacer mía la frase de San Agustín:
No busques qué dar; date a ti mismo.
Este sabio pensamiento espiritual, que ha guiado constantemente mis acciones
personales, hoy inspira el Proyecto Social del Gobierno que estamos iniciando.
El corazón de nuestro Plan de Gobierno es el Proyecto Social, y
el corazón del Proyecto Social es el ser humano.
Nace y tiene su motivación en las personas, no en las estadísticas.
Mi Gobierno estará siempre con los salvadoreños, allí
donde ellos sufren, allí donde ellos necesitan sentir que alguien
comprende sus adversidades y sus necesidades. Y también allí
donde ellos sueñan y confían en una vida mejor.
El Estado no puede ni debe abandonar a los más desafortunados.
El Estado no puede ni debe desentenderse de la marginalidad, que es una
de nuestras fallas históricas.
Nuestro Proyecto Social responde a una realidad difícil, compleja
y desafiante. Es importante, entonces, dejar claro que, como Presidente,
voy a mantenerme siempre en contacto con la realidad, con los pies en
la tierra y la mirada puesta en el horizonte de lo que queremos y merecemos
llegar a ser como pueblo y como país.
Hoy les reitero mi compromiso de escuchar con humildad y paciencia, trabajar
con seriedad, buscar respuestas con sensibilidad humana, y actuar siempre
como lo que soy...
Un ciudadano más que tiene hoy una responsabilidad trascendental:
trabajar al servicio de los demás.
No voy a permitir que los espejismos del cargo que hoy ostento me roben
la naturalidad, la humildad y el buen juicio. No voy a dejar que las frivolidades
del poder me alejen de la misión principal que he asumido... hacer
que el poder sirva como palanca eficaz de la felicidad colectiva.
Hoy los invito a caminar juntos hacia un País Seguro. Hacia un
país más cálido, más humano y, por consiguiente,
más convivible.
Les invito a fortalecer la confianza en nosotros mismos. No podemos aceptar
el chantaje de la violencia ni los estribillos del desaliento.
Caminemos con entusiasmo y gallardía, porque esa es nuestra naturaleza.
Siempre optimistas, siempre viendo al futuro, siempre creyentes en nuestra
fuerza fundamental, que es la voluntad de seguir adelante.
Caminemos juntos porque El Salvador vale la pena.
Mi mandato es seguir construyendo un país donde sea normal tener
oportunidades... un país donde ya no se repita el círculo
vicioso de la pobreza estructural... un país donde haya trabajo
suficiente para todos y espacios abiertos para el talento e ingenio individual.
Pero que nadie espere de nuestro Gobierno prebendas, privilegios ni ventajas
irresponsables.
No vamos a regalar lo que no tenemos, somos conscientes de nuestras posibilidades
y limitantes.
Actuaremos con plena conciencia de nación, dentro de las disciplinas
de decisión y trabajo público que demanda el sano ejercicio
de la responsabilidad democrática.
Actuaremos con prudencia fiscal para asegurar la sostenibilidad de las
finanzas públicas.
No verán en mi Gobierno dogmatismo económico ni veneración
desproporcionada a la lógica del mercado. Tenemos un rumbo económico,
fundado en las libertades, y esa es la ruta que vamos a seguir.
Pero seremos capaces, desde luego, de ejercer la función estatal
vigilante, para que el interés público y el interés
privado se potencien mutuamente.
Esperen de mi Gobierno firmeza, pero también flexibilidad.
Estaremos siempre atentos a tenderle una mano solidaria a quien la necesita
para superarse. Me identifico con las dificultades y los desafíos
que enfrentan el pequeño empresario, el profesional, el obrero,
el ciudadano común.
Estén seguros de encontrar en mi Gobierno solidaridad efectiva
con el agricultor, con el comerciante, con el maestro; en fin, con todos
aquellos que luchan diariamente por salir adelante.
Estimados compatriotas:
Como Presidente, voy a velar porque todos los salvadoreños encuentren
las condiciones favorables de superación que casi nunca encontré
durante los años más duros de mi lucha por construir una
vida propia.
Las circunstancias que tuve que enfrentar como salvadoreño emprendedor
fueron difíciles, como lo son para casi todos los que están
en la situación en que yo estuve. El reto es cambiar las condiciones,
para cambiar las vidas.
Yo hice realidad mi propio sueño salvadoreño con trabajo
y sacrificio, con limitaciones y angustias. Ese esfuerzo lo pongo hoy
al servicio del país.
Vengo de trabajar, y voy a trabajar.
Mucha gente me dio consejos, me abrió puertas, confió en
mis capacidades. Tuve una suerte extraordinaria. Y tuve fe, en Dios y
en mí mismo.
Hoy es mi turno de extenderle la mano motivadora y comprensiva al que
lucha por ser mejor, al que trabaja doble turno, al que suda bajo el sol,
a la que transita por las calles vendiendo lo que puede, a los que se
quiebran la espalda para sobrevivir.
Es mi turno de corresponder...Quiero corresponder...Voy a corresponder.
Hoy dedico mi Presidencia a los miles de salvadoreños que, sin
alarde vanidoso ni reclamo estéril, hacen de El Salvador una fuente
de riqueza moral y de conciencia verdaderamente patriótica. Por
aquellos que hacen de El Salvador el ejemplo de espíritu y de carácter
que despierta la admiración del mundo.
Tal como prometí hace un año en Usulután, mi tierra
natal, el día que anuncié mi candidatura, quiero pagarle
a mi país la deuda que le tengo pendiente. Nunca podré pagar
del todo esa deuda, pero la suerte me ha otorgado la inmensa oportunidad
de hacer un abono sustancial.
Quiero entregarme por completo a El Salvador, porque a mi país
y a mi gente les debo todo lo que soy.
A partir de este instante, coloco mi Presidencia en las manos de Dios,
para que inspire cada una de mis decisiones y cada uno de mis actos. Sé
que Él ha puesto en mis manos este encargo trascendental.
Salvadoreños, amigos y compatriotas todos: soy Tony Saca... su
Presidente, y seguiré siendo el mismo, porque el poder no me cambiará.
Seguiré siendo el mismo que conocen, el que viene de ustedes, el
que pertenece a ustedes.
Hoy inclino mi frente ante Dios todopoderoso para rogarle los dones de
la sabiduría y la humildad. Lo hago con la plena certeza de que
con mi trabajo y el trabajo de todos los salvadoreños, lo mejor
está en nuestras manos... lo mejor empieza hoy a ser realidad.
MUCHAS GRACIAS.