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La columna nacional
¿Está la curia dispuesta a obedecer al Papa?

De la homilía —insiste la instrucción— hay que cuidar que se vacíe el contenido de misterio salvífico que conduce a Cristo, que es el eje central de su contenido, con temas políticos, profanos.

Publicada 1 de junio 2004, El Diario de Hoy

Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Hace menos de dos meses, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en colaboración con la Congregación para la Doctrina de la Fe (ambas, altas instituciones vaticanas), prepararon —a instancia y pedido del propio Juan Pablo II— lo que se denomina una instrucción, con el nombre de Redemptionis Sacramentum, para ser leída en complemento con la encíclica reciente, denominada Ecclesia de Eucharistía. Firman el documento el cardenal Arinze, en su calidad de Prefecto, y el Arzobispo Sorrentino, secretario.

Todo ello previene de la justa preocupación papal, externada en forma amplia, clara y específica, en relación a “... sombras... abusos gravísimos en contra de la naturaleza de la liturgia... la tradición y la autoridad de la iglesia”, agregando que “en algunos lugares los abusos litúrgicos se han convertido en una costumbre, lo cual no se puede admitir y debe terminarse”. Se especifica que más que “novedades” se brindarán aclaraciones, para “... retomar la normativa litúrgica... (y)... reforzar el sentido profundo de las normas”.

Aunque esta extraordinaria noticia no pudo soslayarse y apareció en las principales agencias de prensa mundiales, localmente (pese a la trascendencia del caso) a nadie se le ocurrió recoger opiniones ni investigar al respecto. Desde entonces hasta la fecha, en lo que hemos podido observar (varias personas), no se ha hecho el menor caso de lo que las normas referidas indican. Por la seriedad de tales implicaciones es que escribo estas líneas, tratando de sintetizar lo más posible y atenerme a lo más importante de la casuística, ya que son abundantes y precisas, a través de 59 páginas de enjundiosas instrucciones.

Finalmente —indican los documentos—, los abusos se fundamentan con frecuencia en la ignorancia... no siendo extraño... “que los abusos tengan su origen en un falso concepto de libertad...”, puesto que la de Cristo “no es una falsa libertad para hacer lo que queramos, sino la libertad para que podamos realizar lo que es digno y justo”. El proemio es duro y se refiere a “actos arbitrarios, escándalo, violenta repugnancia que confunde y aflige, ambiente de secularización, derecho eclesiástico” y más... Aclarando que la esencia de la misa es el sacrificio de la eucaristía (y no otra cosa), y que a la Iglesia le corresponde velar por su adecuada y digna celebración. Puntualicemos algunas de sus instrucciones, sin comentarios.

Recuerda deberes y respeto jerárquico. Puntualiza la importancia de todas y cada una de las posiciones, desde el obispo diocesano, la Conferencia Episcopal, los diáconos, presbíteros, hasta los mismos laicos, exigiendo el cumplimiento de sus propias funciones y recordando que el obispo es el responsable de vigilar, controlar y mandar lo conducente para que no se abuse ni se permitan experimentos litúrgicos con la celebración de la misa, tal cual se mandó interrumpir de inmediato por primera vez en 1970 y luego en 1988.

En abundantes mandatos y recomendaciones prescribe, desde el volver al sano establecimiento de niños como monaguillos hasta la enfatización del carácter eminentemente sacrificial del misterio de la eucaristía, por lo que no cabe ningún tipo de concelebración con el pueblo presente, recalcando que ninguna asamblea tiene el don radical que sólo posee un sacerdote ordenado, para realizar el rito. Cuidado con clericalizar a los laicos, advierte, entre otras instrucciones.

En la celebración de la misa. Desde el cuidado de las características exactas de las sustancias utilizadas (pan y vino tal cual se prescriben); el hecho de dar la paz sólo a los que se encuentren cerca; el cuidar que la música sea idónea, sacra y adecuada... hasta asuntos de gran delicadeza, como son el partir la hostia en la consagración (“siendo éste un abuso contra la tradición, que debe corregirse con urgencia”, según el documento) y aquellos derivados de encargar funciones a otros que no son el sacerdote, como es la plegaria eucarística, la lectura del Evangelio, la prédica y la homilía, que jamás le puede corresponde a un laico, ya que éste sólo puede excepcionalmente, distinguiéndose bien que no es la homilía y sin que se vuelva costumbre, dirigirse a los reunidos en calidad testimonial.

De la homilía —insiste la instrucción— hay que cuidar que se vacíe el contenido de misterio salvífico que conduce a Cristo, que es el eje central de su contenido, con temas políticos, profanos o ideas seudo religiosas, que aparten del significado genuino de la palabra de Dios.
* Lic. en Ciencias Políticas.

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