Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
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Hace menos de dos meses, la Congregación para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos, en colaboración con la Congregación
para la Doctrina de la Fe (ambas, altas instituciones vaticanas), prepararon
a instancia y pedido del propio Juan Pablo II lo que se denomina
una instrucción, con el nombre de Redemptionis Sacramentum, para
ser leída en complemento con la encíclica reciente, denominada
Ecclesia de Eucharistía. Firman el documento el cardenal Arinze,
en su calidad de Prefecto, y el Arzobispo Sorrentino, secretario.
Todo ello previene de la justa preocupación papal, externada en
forma amplia, clara y específica, en relación a ...
sombras... abusos gravísimos en contra de la naturaleza de la liturgia...
la tradición y la autoridad de la iglesia, agregando que
en algunos lugares los abusos litúrgicos se han convertido
en una costumbre, lo cual no se puede admitir y debe terminarse.
Se especifica que más que novedades se brindarán
aclaraciones, para ... retomar la normativa litúrgica...
(y)... reforzar el sentido profundo de las normas.
Aunque esta extraordinaria noticia no pudo soslayarse y apareció
en las principales agencias de prensa mundiales, localmente (pese a la
trascendencia del caso) a nadie se le ocurrió recoger opiniones
ni investigar al respecto. Desde entonces hasta la fecha, en lo que hemos
podido observar (varias personas), no se ha hecho el menor caso de lo
que las normas referidas indican. Por la seriedad de tales implicaciones
es que escribo estas líneas, tratando de sintetizar lo más
posible y atenerme a lo más importante de la casuística,
ya que son abundantes y precisas, a través de 59 páginas
de enjundiosas instrucciones.
Finalmente indican los documentos, los abusos se fundamentan
con frecuencia en la ignorancia... no siendo extraño... que
los abusos tengan su origen en un falso concepto de libertad...,
puesto que la de Cristo no es una falsa libertad para hacer lo que
queramos, sino la libertad para que podamos realizar lo que es digno y
justo. El proemio es duro y se refiere a actos arbitrarios,
escándalo, violenta repugnancia que confunde y aflige, ambiente
de secularización, derecho eclesiástico y más...
Aclarando que la esencia de la misa es el sacrificio de la eucaristía
(y no otra cosa), y que a la Iglesia le corresponde velar por su adecuada
y digna celebración. Puntualicemos algunas de sus instrucciones,
sin comentarios.
Recuerda deberes y respeto jerárquico. Puntualiza la importancia
de todas y cada una de las posiciones, desde el obispo diocesano, la Conferencia
Episcopal, los diáconos, presbíteros, hasta los mismos laicos,
exigiendo el cumplimiento de sus propias funciones y recordando que el
obispo es el responsable de vigilar, controlar y mandar lo conducente
para que no se abuse ni se permitan experimentos litúrgicos con
la celebración de la misa, tal cual se mandó interrumpir
de inmediato por primera vez en 1970 y luego en 1988.
En abundantes mandatos y recomendaciones prescribe, desde el volver al
sano establecimiento de niños como monaguillos hasta la enfatización
del carácter eminentemente sacrificial del misterio de la eucaristía,
por lo que no cabe ningún tipo de concelebración con el
pueblo presente, recalcando que ninguna asamblea tiene el don radical
que sólo posee un sacerdote ordenado, para realizar el rito. Cuidado
con clericalizar a los laicos, advierte, entre otras instrucciones.
En la celebración de la misa. Desde el cuidado de las características
exactas de las sustancias utilizadas (pan y vino tal cual se prescriben);
el hecho de dar la paz sólo a los que se encuentren cerca; el cuidar
que la música sea idónea, sacra y adecuada... hasta asuntos
de gran delicadeza, como son el partir la hostia en la consagración
(siendo éste un abuso contra la tradición, que debe
corregirse con urgencia, según el documento) y aquellos derivados
de encargar funciones a otros que no son el sacerdote, como es la plegaria
eucarística, la lectura del Evangelio, la prédica y la homilía,
que jamás le puede corresponde a un laico, ya que éste sólo
puede excepcionalmente, distinguiéndose bien que no es la homilía
y sin que se vuelva costumbre, dirigirse a los reunidos en calidad testimonial.
De la homilía insiste la instrucción hay que
cuidar que se vacíe el contenido de misterio salvífico que
conduce a Cristo, que es el eje central de su contenido, con temas políticos,
profanos o ideas seudo religiosas, que aparten del significado genuino
de la palabra de Dios.
* Lic. en Ciencias Políticas.