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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Esas máscaras vivientes que merodean la urbe de todos los días.
De la voz griega hupokrisis deviene hipocresía. Un
vicio que consiste en suplantar nuestros verdaderos sentimientos, intenciones
e identidad. La diplomacia, por ejemplo, sería una forma de refinada
hipocresía. Las sofisticadas normas de conducta producen esas extrañas
máscaras humanas, que se esconden en el antifaz para engañar
u ocultar su verdadera moral.
Hipocresía es equivalente a falta de autenticidad. Gramaticalmente
es un vicio que consiste en la afectación de una virtud o
cualidad que no tiene uno. Se decía antiguamente que hipocresía
era un homenaje que tributaba el vicio a la virtud.
Y a fuerza de fingir y fingir en el amor, en los negocios, en público,
ante nosotros mismos, ante el mismo Dios vamos olvidando lo que
es auténtico y lo que es fingido; lo que es real y lo ficticio.
Lo que somos y lo que no somos o que pretendemos hacer creer que somos
ante los demás.
Entonces el individuo que se esconde en la máscara griega va convirtiéndose
mediante una desconcertante metamorfosis en una mentira, en
un personaje más del drama teatral de su existencia.
Día a Día
Resentimiento
Con la mentalidad del resentimiento
y la carga de ignorancia que agobia a los ñurdos en esta tierra,
pensarán que Bill Gates, el hombre más rico del mundo, llegó
donde está a base de privilegios.
Hay fortunas amasadas a base de peculado, actividades criminales, golpes
de suerte. Por lo general se van con igual ligereza como llegan, como
sucedió a los corruptos de la década perdida, que en su
mayoría están en dificultades financieras, para diversión
de sus víctimas.
Más de alguna de esas fortunas sobrevive pero eso es más
por falla del sistema de justicia en un país, que por otra cosa.
Ninguna persona sensata defiende capitales formados en violación
a la ley y la moral.

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