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El gobierno que dolarizó al país

Balance. La administración de Francisco Flores le apostó al cambio del sistema monetario. En el comercio exterior los esfuerzos se centraron en los TLC.


Publicada 31 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Antonio Trujillo
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com

El máximo legado que la administración de Francisco Flores deja en la economía salvadoreña es la dolarización, una decisión controvertida que se puso en práctica desde 2001 y que sepultó al colón, la antigua moneda nacional.

Estudiada durante meses en secreto y anunciada al país por el propio Flores en noviembre de 2000, la dolarización se introdujo en la vida económica del país no como lo que en realidad era, sino como un sistema de “integración monetaria” en el que supuestamente coexistirían el colón y el dólar.

El Presidente aseguró que el nuevo sistema monetario traería la caída de las tasas de interés, para favorecer a los deudores de créditos de vivienda, y que además daría paso a la reactivación de la economía.

Lo primero se cumplió: las tasas aceleraron una caída que ya venían registrando desde el 2000, lo cual disminuyó las cuotas mensuales de pago de préstamos bancarios. Pero los intereses que el sistema financiero paga por los ahorros de los salvadoreños también se vinieron abajo, generando un serio desestímulo al ahorro.

La segunda promesa no se hizo realidad. La reactivación no sólo no llegó, sino que se demostró que un giro en la política cambiaria del país no es suficiente para impulsar todo el aparato productivo.

Así, el “golpe de timón a la economía” que Flores anunció el 22 de noviembre de 2000 se quedó limitado a un alivio en las cuotas hipotecarias de vivienda, muy bueno para los bolsillos de muchos salvadoreños, pero insuficiente para las necesidades de una economía estancada.

Ese estancamiento se reflejó en el Producto Interno Bruto que entre 2000 y 2003 osciló en cifras cercanas al 2%.

Apostando a los TLC

En el podio de las estrategias del gobierno saliente, a la dolarización le sigue el reordenamiento de la política de comercio exterior, a través de los acuerdos de libre comercio.

A ese objetivo se le dedicaron los mayores esfuerzos de la cartera de Economía, que logró concretar tratados con cinco países: México, Chile, República Dominicana, Panamá y Estados Unidos.

El de Estados Unidos, el proyecto estrella, empezó a tomar forma en enero de 2002, cuando el presidente de ese país, George Bush, anunció que negociaría con Centroamérica. La fase de negociación se llevó todo el 2003. Ya en 2004 se firmó y quedó en poder del Congreso de Estados Unidos. Y en 2005, si el optimismo oficial se hace realidad, deberá entrar en vigencia.

El impacto del TLC deberá sentirse en las exportaciones. Con una preocupante tendencia de declive en los dos últimos años, reflejada en un déficit comercial de más de $2,600 millones al cierre de 2003, las exportaciones tendrán que ganar terreno y volver a poner en tinta azul el saldo comercial, si aprovechan la apertura del mercado estadounidense.

El reto no es nada fácil, si se tiene en cuenta que con las preferencias arancelarioas del TLC no basta, sino que las mercancías salvadoreñas se tendrán que posicionar con base en su calidad, puesto que en el gran mercado estadounidense competirán con las originarias de otros 200 países. El gobierno de Flores deja el mecanismo abierto, pero la responsabilidad de aprovecharlo será del sector privado.

El TLC tiene su lado controversial en las cuotas de importación que se abren a productos de alta sensibilidad en el país. Lácteos, arroz, maíz y porcinos son los rubros que deberán soportar competencia de Estados Unidos, aunque el gobierno asegura que las cuotas pactadas responden a cantidades que el mercado nacional puede asimilar sin golpear al productor local.

En el campo fiscal el quinquenio pasó apurado por la necesidad de aumentar la recaudación y contener los gastos. Al final de su mandato, Flores entrega el país con un déficit fiscal de 1.3%, que exigirá del nuevo gobierno un esfuerzo enorme por elevar los ingresos del fisco, para no afectar las necesidades de inversión.

La situación de las finanzas estatales es precisamente el punto sobre el cual han girado las mayores preocupaciones de las calificadoras internacionales, que han señalado repetidamente la debilidad del país en ese aspecto.

Empero, de esos exámenes la administración Flores sale con la frente en alto, puesto que El Salvador mantiene la calificación de grado de inversión, que le ha facilitado sus programas de colocación de deuda externa.

Pero en ese campo, el gobierno entrante tendrá que extremar los cuidados, dado que la deuda externa roza el 40% del PIB, un nivel alto de acuerdo con los estándares internacionales. Al inicio de la administración Flores la proporción era del 20% del PIB.

Se estremece el fisco

Las finanzas del Estado y la capacidad de adecuar los recursos a necesidades urgentes fueron puestas a prueba con los terremotos del 2001, que cambiaron muchos planes de inversión para dedicar esos dineros a la inaplazable reconstrucción. Entre 2001 y 2004, el Gobierno invirtió $1,690 millones en reconstrucción.

Las obligaciones de esa reconstrucción se unieron a los programas anuales de inversión, de tal manera que ésta llegó a niveles nunca conocidos. En 2003 alcanzó los $628 millones, algo más del 4% del PIB.

Para invertir en la red vial del país, cuya recuperación no daba tregua, el gobierno acudió a la creación del Fovial que, acudiendo a una sobretasa de 20 centavos en la gasolina, generó los recursos que de ninguna manera el Presupuesto ordinario podía suministrar.

Las remesas que envían los salvadoreños residentes en el exterior pasaron de $1,374 millones en 1999 a $2,105 millones en 2003, un crecimiento del 53%. A pesar de convertirse en el factor de mayor generación de divisas, no hubo una estrategia para la canalización productiva de esos dineros, que se siguen yendo en su mayor parte a consumo.

En materia de desempleo, las cifras oficiales muestran un nivel estable durante todo el quinquenio, cercano al 7%.

El renglón más golpeado fue el agro, que vio salir en desbandada a cientos de personas ante la depresión en que entró la caficultura. Por el lado de la creación de empleo, el sector favorecido fue la industria de la maquila, que al cierre del gobierno genera 95,000 puestos de trabajo.

El agro es el sector que sale más mal librado. La caída internacional de los precios del café golpeó la actividad a tal punto que el PIB sectorial fue negativo en dos de los últimos cinco años.

El gobierno se vio enfrentado a una coyuntura internacional sobre la que no tenía influencia y que golpeó de tal manera al campo que los programas crediticios no dieron el resultado esperado.

Crecimiento
Inflación
2%
11.7%
fue el promedio de aumento del PIB entre 2000 y 2003.
fue la inflación promedio en el período 2000-2003



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