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Antonio
Trujillo
El Diario de Hoy
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El máximo legado que la administración
de Francisco Flores deja en la economía salvadoreña es la
dolarización, una decisión controvertida que se puso en
práctica desde 2001 y que sepultó al colón, la antigua
moneda nacional.
Estudiada durante meses en secreto y anunciada al país por el propio
Flores en noviembre de 2000, la dolarización se introdujo en la
vida económica del país no como lo que en realidad era,
sino como un sistema de integración monetaria en el
que supuestamente coexistirían el colón y el dólar.
El Presidente aseguró que el nuevo sistema monetario traería
la caída de las tasas de interés, para favorecer a los deudores
de créditos de vivienda, y que además daría paso
a la reactivación de la economía.
Lo primero se cumplió: las tasas aceleraron una caída que
ya venían registrando desde el 2000, lo cual disminuyó las
cuotas mensuales de pago de préstamos bancarios. Pero los intereses
que el sistema financiero paga por los ahorros de los salvadoreños
también se vinieron abajo, generando un serio desestímulo
al ahorro.
La segunda promesa no se hizo realidad. La reactivación
no sólo no llegó, sino que se demostró que un giro
en la política cambiaria del país no es suficiente para
impulsar todo el aparato productivo.
Así, el golpe de timón a la economía
que Flores anunció el 22 de noviembre de 2000 se quedó limitado
a un alivio en las cuotas hipotecarias de vivienda, muy bueno para los
bolsillos de muchos salvadoreños, pero insuficiente para las necesidades
de una economía estancada.
Ese estancamiento se reflejó en el Producto Interno Bruto que entre
2000 y 2003 osciló en cifras cercanas al 2%.
Apostando a los TLC
En el podio de las estrategias del gobierno saliente, a la dolarización
le sigue el reordenamiento de la política de comercio exterior,
a través de los acuerdos de libre comercio.
A ese objetivo se le dedicaron los mayores esfuerzos de la cartera de
Economía, que logró concretar tratados con cinco países:
México, Chile, República Dominicana, Panamá y Estados
Unidos.
El de Estados Unidos, el proyecto estrella, empezó a tomar forma
en enero de 2002, cuando el presidente de ese país, George Bush,
anunció que negociaría con Centroamérica. La fase
de negociación se llevó todo el 2003. Ya en 2004 se firmó
y quedó en poder del Congreso de Estados Unidos. Y en 2005, si
el optimismo oficial se hace realidad, deberá entrar en vigencia.
El impacto del TLC deberá sentirse en las exportaciones. Con una
preocupante tendencia de declive en los dos últimos años,
reflejada en un déficit comercial de más de $2,600 millones
al cierre de 2003, las exportaciones tendrán que ganar terreno
y volver a poner en tinta azul el saldo comercial, si aprovechan la apertura
del mercado estadounidense.
El reto no es nada fácil, si se tiene en cuenta que con las preferencias
arancelarioas del TLC no basta, sino que las mercancías salvadoreñas
se tendrán que posicionar con base en su calidad, puesto que en
el gran mercado estadounidense competirán con las originarias de
otros 200 países. El gobierno de Flores deja el mecanismo abierto,
pero la responsabilidad de aprovecharlo será del sector privado.
El TLC tiene su lado controversial en las cuotas de importación
que se abren a productos de alta sensibilidad en el país. Lácteos,
arroz, maíz y porcinos son los rubros que deberán soportar
competencia de Estados Unidos, aunque el gobierno asegura que las cuotas
pactadas responden a cantidades que el mercado nacional puede asimilar
sin golpear al productor local.
En el campo fiscal el quinquenio pasó apurado por la necesidad
de aumentar la recaudación y contener los gastos. Al final de su
mandato, Flores entrega el país con un déficit fiscal de
1.3%, que exigirá del nuevo gobierno un esfuerzo enorme por elevar
los ingresos del fisco, para no afectar las necesidades de inversión.
La situación de las finanzas estatales es precisamente el punto
sobre el cual han girado las mayores preocupaciones de las calificadoras
internacionales, que han señalado repetidamente la debilidad del
país en ese aspecto.
Empero, de esos exámenes la administración Flores sale con
la frente en alto, puesto que El Salvador mantiene la calificación
de grado de inversión, que le ha facilitado sus programas de colocación
de deuda externa.
Pero en ese campo, el gobierno entrante tendrá que extremar los
cuidados, dado que la deuda externa roza el 40% del PIB, un nivel alto
de acuerdo con los estándares internacionales. Al inicio de la
administración Flores la proporción era del 20% del PIB.
Se estremece el fisco
Las finanzas del Estado y la capacidad de adecuar los recursos a necesidades
urgentes fueron puestas a prueba con los terremotos del 2001, que cambiaron
muchos planes de inversión para dedicar esos dineros a la inaplazable
reconstrucción. Entre 2001 y 2004, el Gobierno invirtió
$1,690 millones en reconstrucción.
Las obligaciones de esa reconstrucción se unieron a los programas
anuales de inversión, de tal manera que ésta llegó
a niveles nunca conocidos. En 2003 alcanzó los $628 millones, algo
más del 4% del PIB.
Para invertir en la red vial del país, cuya recuperación
no daba tregua, el gobierno acudió a la creación del Fovial
que, acudiendo a una sobretasa de 20 centavos en la gasolina, generó
los recursos que de ninguna manera el Presupuesto ordinario podía
suministrar.
Las remesas que envían los salvadoreños residentes en el
exterior pasaron de $1,374 millones en 1999 a $2,105 millones en 2003,
un crecimiento del 53%. A pesar de convertirse en el factor de mayor generación
de divisas, no hubo una estrategia para la canalización productiva
de esos dineros, que se siguen yendo en su mayor parte a consumo.
En materia de desempleo, las cifras oficiales muestran un nivel estable
durante todo el quinquenio, cercano al 7%.
El renglón más golpeado fue el agro, que vio salir en desbandada
a cientos de personas ante la depresión en que entró la
caficultura. Por el lado de la creación de empleo, el sector favorecido
fue la industria de la maquila, que al cierre del gobierno genera 95,000
puestos de trabajo.
El agro es el sector que sale más mal librado. La caída
internacional de los precios del café golpeó la actividad
a tal punto que el PIB sectorial fue negativo en dos de los últimos
cinco años.
El gobierno se vio enfrentado a una coyuntura internacional sobre la que
no tenía influencia y que golpeó de tal manera al campo
que los programas crediticios no dieron el resultado esperado.
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Crecimiento
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Inflación
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2%
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11.7%
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fue el promedio de aumento del
PIB entre 2000 y 2003.
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fue la inflación promedio
en el período 2000-2003
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