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Dalila, el premio de la vida

Esperanza. Año y medio después de que le practicaran un trasplante de hígado, el único que se ha realizado en el país hasta la fecha, Giselle es una niña feliz y amante de Bartney.

Publicada 30 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Ronald Jovel
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

En un país como el nuestro, hablar de vida y felicidad, y no de muerte y dolor, resulta cuanto menos un poco extraño.

La familia Argueta sabe mucho de lo primero, aunque lo aprendiera a base de esfuerzo, dolor y mucho sufrimiento. Tanto así que, en los peores momentos, su hija Dalila Giselle estuvo a punto de perder la última batalla.

Hoy, esta pequeña de dos años y medio es el símbolo más claro de la comunión entre la fe en Dios, la solidaridad con los Argueta y el esfuerzo de la comunidad médica.

Dalila nació con una obstrucción de las vías biliares, una enfermedad que no tiene cura y cuya única solución es un trasplante de hígado.

Después de tocar cientos de puertas, escribir miles de e-mail y pasar en vela noches y noches, la pequeña recibió una parte del hígado de su madre en noviembre de 2002, en una operación que duró diez largas horas.

Una intervención de trasplante de donante vivo, la primera en el país, que pasó a ser parte de la historia de la medicina salvadoreña.
Año y medio después, Dalila es una niña como cualquier otra de su edad.

“No es fácil enfrentar un experiencia así, hemos quedado cansados, pero satisfechos. La recompensa ha sido ver a nuestra niña bien, caminando...”, manifiesta su madre, Dalila Nohemí.

Wilfredo Argueta, padre de la pequeña, expresa que “nos ha demostrado ser muy fuerte, tuvo que vivir una experiencia sometida a muchos esteroides y medicamentos. El trasplante fue un riesgo, pero valió la pena”.

La cámara de fotos le hace sentir algo incómoda, pero sus padres hablan de la afición de Dalila por el programa de Barney, tanto así que hasta canta y baila al compás de las acciones de ese personaje.

Una niña con gran fortaleza y afortunada, dadas las condiciones del país y la dificultad de crear un programa de trasplante hepático. Cada año nacen 15 niños con el mismo problema que ella y a los cuales no se les puede dar el tratamiento adecuado.

Órgano trasplantado funciona normal

El pediatra gastroenterólogo Dr. Roberto Zablah ha seguido el desarrollo de Dalila desde que nació. Él le diagnóstico la atresia (cierre del conducto) de las vías biliares y estuvo presente en la intervención del trasplante de hígado.

Hoy, año y medio después de la operación, es el único médico que le atiende y sigue el control de la pequeña.

Zablah admira la fortaleza de Dalila. En todo este tiempo, el hígado trasplantado ha crecido lo suficiente y hoy es un órgano que funciona normal. Su madre le donó el 20 por ciento de su órgano.

El experto dice que es una experiencia singular al tratarse de la única intervención hecha en el país y, posiblemente, en Centroamérica.

Momentos en la corta historia de Giselle
Mayo/ Siempre con su padre - Con sus dos años y medio cumplidos, Dalila disfruta con su hermano jugando a la pelota y viendo la televisión. Eso sí, nunca se separa de Wilfredo. Mayo/ Protegida - Tras la operación, los Argueta acudían dos veces por semana al Bloom para continuar con el tratamiento y control de la pequeña.
Agradecimientos

La familia agradece a Dios por ese milagro y la fortaleza que le dio.

- A los médicos, a Kin Chappell, que fue como un hada madrina. Al Bloom, a la familia Bahaia, al Club 20-30 y al Dr. Zablah.
Diciembre/ Primera Navidad - La niña fue intervenida en noviembre de 2002. Ese fin de año fue muy especial en la familia Argueta, después de tantas contrariedades.


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