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El Salvador en perspectiva
Sistemas obsoletos que paga el pueblo

Los métodos de fabricación de productos y prestación de servicios comenzaron a cambiar radicalmente durante la Revolución Industrial (1700/1800) y lo siguen haciendo casi todos los días.

Publicada 30 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Según los economistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, El Salvador pertenece al tercer mundo y es una nación en desarrollo. Estas instituciones recetan crecimiento económico para salir de la pobreza, pero la realidad es que vivimos con un pie en el Siglo XIX y el otro en la edad de la automatización, en la que cinco obreros con máquinas pueden producir lo que antes necesitaba cien.

El tema es enorme y estamos obligados en el tercer mundo a tolerar muchas operaciones molestas y obsoletas, y a soportar el costo alto, porque muchos que prestan servicios gubernamentales o poseen licencia oficial o son contratados por los gobiernos, no dan el mejor precio al público, sino el más alto. Comentaremos un solo servicio que cae en esta categoría.

Nos referimos a los servicios de transporte público, urbano y suburbano, por ser altamente politizados y abusar con impunidad, al arriesgar las vidas de los pasajeros y cometer violaciones de tránsito que nunca pagan. Según cálculos de los banqueros, son un buen riesgo crediticio, siempre tienen una línea asegurada.

La utilidad que se logra con relación a la cantidad de capital invertido es mayor que cualquier otro negocio en pequeño y menos sacrificado. No objetamos en absoluto que este negocio sea una buena inversión, cuando las altas ganancias se deben a que se violan con impunidad las leyes de trabajo, el Reglamento de Tránsito y se arriesgan las vidas de los pasajeros, además de mantener operando equipos obsoletos y un sistema que sólo se encuentra en los países más pobres y atrasados del mundo, que no ceden nada al progreso y la modernización por motivos políticos que favorecen a pequeños grupos, pero que perjudican al pueblo.

Los métodos de fabricación de productos y prestación de servicios comenzaron a cambiar radicalmente durante la Revolución Industrial (1700/1800) y lo siguen haciendo casi todos los días, como la forma de vivir y de trabajar de la mayor parte de los habitantes del mundo. La introducción de maquinaria y la construcción de fábricas concentró el trabajo en sitios lejos de los hogares, donde antes familias enteras laboraban sin problemas de transporte.

En los países adelantados el problema dio lugar a la creación de grandes empresas de transporte urbano, muchas veces por gobiernos municipales. Pero en El Salvador fue al revés, las pocas empresas de transporte que había desaparecieron. No sabemos cómo se desarrolló el sistema actual, pero podemos decir que creemos que es uno de los menos eficientes y más costosos del mundo. Esto perjudica los intereses del público, que no tiene más alternativa que usar los servicios urbanos y suburbanos de microempresas, que ganarían mucho si se modernizaran y se despolitizaran.

El colmo de la situación provocada por la “gremial” de los transportistas de pasajeros ha sido (que se comporta como un movimiento anarquista, que se considera por encima de las leyes y reglamentos en que descansa la organización social) la amenaza (más tarde negada) de interrumpir el servicio al estilo de las huelgas de los sindicatos radicales si no les autorizan los aumentos de los pasajes.

Es cierto que un “gremio”, que por razones políticas maneja a su antojo un monopolio sobre un servicio vital e imprescindible para la economía nacional como lo es el transporte público, del cual dependen el comercio, la industria y todas las otras actividades de la sociedad, tiene gran influencia sobre su reglamentación y operación, pero no por eso se debe tolerar que las prácticas totalitarias anulen la protección y justicia que los ciudadanos deben gozar en una república representativa.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

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