Pedro Roque*
El Diario de Hoy
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Faltan menos de dos días para el cambio de Presidente y pasar
una página más del libro donde se escribe la historia de
las cosas buenas y menos buenas del gobernante saliente e iniciar, con
lo que dentro de cinco años, será la historia del nuevo
mandatario.
Esta es la primera y más importante reflexión que pensando
y escribiendo, me gustaría mandar al nuevo Presidente: Sólo
tiene 1825 días para hacer lo que se propone y, cada día
que pasa, si se avanza, es día ganado; si se pierde, es un día
irrecuperable, y si se cometen errores, en vez de avanzar, el país
se estancará o retrocederá. No será fácil
andar siempre hacia delante, por las circunstancias que ya estamos observando,
pero el compromiso debe ser, si no se avanza lo previsto en un día,
el siguiente avanzar por dos.
Hablando con gente que, como yo, augura un buen futuro, sobre las grandes
expectativas, que expresadas sentimentalmente son deseos
y en términos medibles mejoras para la sociedad, que
se esperan del nuevo Presidente, entre otras, estarían las siguientes:
Esperamos que los sistemas que conforman el Estado funcionen
de forma coordinada, y que las instituciones que los supervisan
y controlan desempeñen su trabajo en defensa de la ciudadanía.
Los sistemas de abastecimientos de agua y energía a todas las comunidades
grandes y pequeñas, urbanas y rurales deben funcionar continuamente.
En El Salvador existe ahora más inseguridad que seguridad,
tanto si anda uno por la calle como en una carretera. Nuestro sistema
de tránsito requiere de una mejor educación, supervisión
y control para reducir la tasa de accidentes y reorientarlo hasta el nivel
de un país civilizado.
El sistema de adquisiciones y contrataciones del Estado debe ser un modelo
de promoción de la competencia leal entre los proveedores de la
multiplicidad de productos y servicios que el gobierno compra para cuidar
la salud, mejorar la educación, promover el crecimiento económico
e incentivar a los sectores a un trabajo y desempeño con más
calidad y rentabilidad.
Es muy importante hacer de El Salvador un país sano, educado y
rentable para que mejore la calidad de vida de los salvadoreños,
expresada en empleos remunerados adecuadamente, que se realizan en un
ambiente de buenos hábitos y cordialidad.
La defensa y la institucionalidad de la familia es una expectativa que
cubre a los diferentes estamentos de la pirámide social. Se debe
preparar a todos los niños y jóvenes para que sean buenos
ciudadanos, independientemente de si manejan un carro a toda velocidad
por donde no se puede hacer, como si están trabajando en el campo
y se les enseña a amar la tierra y cosechar sus frutos, alejados
de los vicios y del crecimiento poblacional desmesurado, o bien, si están
en la ciudad, estudiando o aprendiendo un oficio.
Continuar desarrollando sistemas y programas preventivos para que se mantengan
alejados de la delincuencia permitirá, dentro de cinco años,
medir el progreso en el decrecimiento de los jóvenes y niños,
que en lugar de la calle o las maras, están en sus casas preparándose
para ser buenos ciudadanos.
El desarrollo del crecimiento de las Pymes y microempresas debe ser un
gran programa que mejore el conocimiento, las habilidades
directivas y gerenciales de los empresarios, para que sus esfuerzos sean
eficientes y que las Pymes se transformen en la gran promotora del crecimiento
de la nación.
No hay que confundir entre dar dinero y subvenciones para formación
y otras cosas, con proporcionar la ayuda que cada uno necesita para hacer
crecer su negocio. La implantación de sistemas de mejora de la
gestión empresarial subvencionados por el gobierno, debe ser serio
para que su mantenimiento y certificación sea consistente y sostenible.
Como éstas, muchas más expectativas que tenemos los salvadoreños
que aspiramos a una mejor calidad de vida, en un medio ambiente urbano
y rural más limpio de montones de basura por doquier y abusos de
los recursos naturales.
El respeto de los empleados y funcionarios públicos hacia los ciudadanos
debe ser ejemplar, transparente y honrado. Hay que redefinir y promocionar
la asunción de nuevos hábitos por los ciudadanos para el
ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones.
Nada es fácil y habrá grandes resistencias, visibles y ocultas,
pero el compromiso hacia el progreso debe mantenerse, y estoy seguro de
que se mantendrá.
Ningún Presidente del mundo ha sido y es actualmente del todo bueno
o del todo malo, siempre hay circunstancias nacionales e internacionales
que no permiten hacer bien todo lo comprometido.
Sin embargo, quiero desear, por el bien de todos los salvadoreños,
que el nuevo gobernante pueda cumplir todo lo que se propone y que dentro
de cinco años, en el balance del cumplimiento de las grandes expectativas,
sean mucho más las cumplidas que las que no fueron posibles, y
que El Salvador sea entonces un país más seguro, donde todos
los que hemos nacido y preferimos vivir aquí nos sintamos más
felices.
Se terminó el tiempo de las promesas y los programas, ahora vienen
los momentos de la verdad para el Presidente y su equipo de
gobierno, a quienes desde aquí les deseo el mayor de los éxitos.
Dios quiera y les ayude a que con su buen ejemplo, probidad, constancia
y transparencia, junto con nuestra responsabilidad y trabajo honrado como
ciudadanos, hagamos de este pequeño un gran país.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.