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Analizando
Grandes expectativas

Dios quiera y les ayude a que con su buen ejemplo, probidad, constancia y transparencia, junto con nuestra responsabilidad y trabajo honrado como ciudadanos, hagamos de este pequeño un gran país.

Publicada 30 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Pedro Roque*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Faltan menos de dos días para el cambio de Presidente y pasar una página más del libro donde se escribe la historia de las cosas buenas y menos buenas del gobernante saliente e iniciar, con lo que dentro de cinco años, será la historia del nuevo mandatario.

Esta es la primera y más importante reflexión que pensando y escribiendo, me gustaría mandar al nuevo Presidente: Sólo tiene 1825 días para hacer lo que se propone y, cada día que pasa, si se avanza, es día ganado; si se pierde, es un día irrecuperable, y si se cometen errores, en vez de avanzar, el país se estancará o retrocederá. No será fácil andar siempre hacia delante, por las circunstancias que ya estamos observando, pero el compromiso debe ser, si no se avanza lo previsto en un día, el siguiente avanzar por dos.

Hablando con gente que, como yo, augura un buen futuro, sobre las “grandes expectativas”, que expresadas sentimentalmente son “deseos” y en términos medibles “mejoras para la sociedad”, que se esperan del nuevo Presidente, entre otras, estarían las siguientes:

Esperamos que los “sistemas” que conforman el Estado funcionen de forma coordinada, y que las “instituciones” que los supervisan y controlan desempeñen su trabajo en defensa de la ciudadanía. Los sistemas de abastecimientos de agua y energía a todas las comunidades grandes y pequeñas, urbanas y rurales deben funcionar continuamente.

En El Salvador existe ahora más “inseguridad” que “seguridad”, tanto si anda uno por la calle como en una carretera. Nuestro sistema de tránsito requiere de una mejor educación, supervisión y control para reducir la tasa de accidentes y reorientarlo hasta el nivel de un país civilizado.

El sistema de adquisiciones y contrataciones del Estado debe ser un modelo de promoción de la competencia leal entre los proveedores de la multiplicidad de productos y servicios que el gobierno compra para cuidar la salud, mejorar la educación, promover el crecimiento económico e incentivar a los sectores a un trabajo y desempeño con más calidad y rentabilidad.

Es muy importante hacer de El Salvador un país sano, educado y rentable para que mejore la calidad de vida de los salvadoreños, expresada en empleos remunerados adecuadamente, que se realizan en un ambiente de buenos hábitos y cordialidad.

La defensa y la institucionalidad de la familia es una expectativa que cubre a los diferentes estamentos de la pirámide social. Se debe preparar a todos los niños y jóvenes para que sean buenos ciudadanos, independientemente de si manejan un carro a toda velocidad por donde no se puede hacer, como si están trabajando en el campo y se les enseña a amar la tierra y cosechar sus frutos, alejados de los vicios y del crecimiento poblacional desmesurado, o bien, si están en la ciudad, estudiando o aprendiendo un oficio.

Continuar desarrollando sistemas y programas preventivos para que se mantengan alejados de la delincuencia permitirá, dentro de cinco años, medir el progreso en el decrecimiento de los jóvenes y niños, que en lugar de la calle o las maras, están en sus casas preparándose para ser buenos ciudadanos.

El desarrollo del crecimiento de las Pymes y microempresas debe ser un “gran programa” que mejore el conocimiento, las habilidades directivas y gerenciales de los empresarios, para que sus esfuerzos sean eficientes y que las Pymes se transformen en la gran promotora del crecimiento de la nación.

No hay que confundir entre dar dinero y subvenciones para formación y otras cosas, con proporcionar la ayuda que cada uno necesita para hacer crecer su negocio. La implantación de sistemas de mejora de la gestión empresarial subvencionados por el gobierno, debe ser serio para que su mantenimiento y certificación sea consistente y sostenible.

Como éstas, muchas más expectativas que tenemos los salvadoreños que aspiramos a una mejor calidad de vida, en un medio ambiente urbano y rural más limpio de montones de basura por doquier y abusos de los recursos naturales.

El respeto de los empleados y funcionarios públicos hacia los ciudadanos debe ser ejemplar, transparente y honrado. Hay que redefinir y promocionar la asunción de nuevos hábitos por los ciudadanos para el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones.

Nada es fácil y habrá grandes resistencias, visibles y ocultas, pero el compromiso hacia el progreso debe mantenerse, y estoy seguro de que se mantendrá.

Ningún Presidente del mundo ha sido y es actualmente del todo bueno o del todo malo, siempre hay circunstancias nacionales e internacionales que no permiten hacer bien todo lo comprometido.

Sin embargo, quiero desear, por el bien de todos los salvadoreños, que el nuevo gobernante pueda cumplir todo lo que se propone y que dentro de cinco años, en el balance del cumplimiento de las grandes expectativas, sean mucho más las cumplidas que las que no fueron posibles, y que El Salvador sea entonces un país más seguro, donde todos los que hemos nacido y preferimos vivir aquí nos sintamos más felices.

Se terminó el tiempo de las promesas y los programas, ahora vienen los “momentos de la verdad” para el Presidente y su equipo de gobierno, a quienes desde aquí les deseo el mayor de los éxitos.

Dios quiera y les ayude a que con su buen ejemplo, probidad, constancia y transparencia, junto con nuestra responsabilidad y trabajo honrado como ciudadanos, hagamos de este pequeño un gran país.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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