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La nota del día
Se construyó sobre lo destruido

La presidencia de Flores deja un buen terreno sobre el cual cada individuo podrá labrar su propio bienestar

Publicada 30 de mayo 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Es visible el gran progreso realizado por El Salvador durante el gobierno del Presidente Flores, lo que continúa el esfuerzo que se inicia en 1989. Queda mucho por hacer y hay sectores de la población que sufren de pobreza y carencia de servicios básicos, pero lo críticamente importante es que estamos creciendo, que cada día hay menos pobreza, que nos vamos globalizando y que vivimos en libertad.

En los últimos cinco años se ha podido reconstruir la mayor parte de lo destruido por la guerrilla, como también levantar lo que echaron abajo los dos graves terremotos de 2001.

Se han superado los efectos de una recesión mundial, de los ataques terroristas a nivel internacional, de dos guerras, de la caída de los precios del café y del alza en los precios del petróleo. Tenemos una moneda fuerte y los más bajos niveles de intereses financieros en Hispanoamérica.

El progreso es importante y visible. El enorme flujo de vehículos por nuestras calles y carreteras, la afluencia tan grande de compradores a los centros comerciales, el millón seiscientas mil líneas telefónicas, las excelentes carreteras que cruzan el territorio, son señales palpables y emocionantes.

El setenta y cinco por ciento de la población dispone de servicio de electricidad y vive en casas con piso de cemento. Es rara la comunidad que no cuente con escuela, con centro de salud y con accesos a buenos caminos y carreteras.

La mayoría de salvadoreños es dueña de una vivienda propia, por más humilde que ésta sea. Varios grandes proyectos, incluyendo la construcción del Puerto de La Unión, han reactivado la zona oriental. Además hay municipios en el país cuyo ingreso por habitante los ubica en el primer mundo.

Llegar a este punto no ha sido fácil. Hasta ahora, en 2004, El Salvador recuperó el nivel de ingreso per cápita que tuvo en 1978, un significativo logro considerando la parálisis de la década perdida y lo mucho que fue necesario reconstruir de las devastaciones causadas por el enloquecido ataque comunista. De no haber sido por la guerra y por los duartistas, el país estaría ubicado sólidamente en el primer mundo, con niveles de bienestar comparables al de Grecia y Portugal. 

La responsabilidad final es de cada uno

La pobreza que el país sufre es la nefasta herencia de la guerra y del desgobierno democristiano. Pero a Dios gracias las sensatas políticas implantadas por los tres gobiernos de ARENA han conseguido recuperar buena parte del ritmo previo, aunque quedan la crónica crisis del agro derivada de las reformas de 1980, y la confusión moral que afecta a grandes sectores de la población.

La excelente labor realizada por el gobierno de Flores requiere, para alcanzar su pleno beneficio, una contrapartida de parte de la gente. Las buenas carreteras y los servicios públicos, como toda infraestructura, deben usarse con prudencia, cuidando lo que es de todos.

Cada persona y cada familia tiene que esforzarse para ser más productiva, para convivir pacíficamente con sus semejantes, para cumplir con la ley y capacitarse en su trabajo. Todos estamos en el deber de cuidar el medio ambiente, de mantener limpios los hogares y los vecindarios, de sostener a nuestras familias y educar a nuestros hijos. La presidencia de Flores deja un buen terreno sobre el cual cada salvadoreño podrá labrar su propio bienestar.


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