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Ángel de Luz

Un exponente del rock nacional espera que los diputados le tiendan la mano

Publicada 27 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Vicente Sibrián, conocido como "Chente", como se le conoce, es un grande que pese a su tragedia humana se encargó de llevar la identidad nacional fuera de las fronteras.
Foto EDH / Herbert Saravia

Carmen Elena Linares
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com

El talento, el mérito y los logros alcanzados son criterios suficientes para calificar a un artista como un digno representante de su país. El nombre del compositor y músico Vicente Sibrián lleva, desde hace muchos años, impreso ese calificativo a nombre de El Salvador.

Chente, como se le conoce, es un grande. Un grande que pese a su tragedia humana se encargó de llevar la identidad nacional fuera de las fronteras y hoy, de formar futuras generaciones de artistas.

Un grande que está enfermo y muy necesitado de ayuda. La parálisis física que padece (sólo mueve con cierta dificultad las manos) le impidió ser un contribuyente al Estado, por lo que hoy, a sus 56 años, vive al pendiente de que Asamblea Legislativa, por decreto, le establezca una pensión.
“Lo hice porque (...) creo que me lo merezco”, comentó.

Triste espera


En marzo de 2003, la petición de Chente se convirtió en un expediente más de la Comisión de Hacienda.

La misma, que fue respaldada por el diputado de ARENA, Roberto d’Aubuisson, se envió a consulta al Ministerio de Hacienda.

La respuesta fue negativa. Las prioridades de esa cartera eran el “fortalecimiento de la educación, el apoyo a los servicios integrales de salud y la construcción (...) y mantenimiento de la infraestructura vial”.

Los diputados, sin embargo, son los que tienen la última palabra, la cual -es más que obvio- no han pronunciado.

Es más, el presidente de la Comisión y efemelenista, Gerson Martínez, se comprometió a promover entre sus colegas la creación de una partida dentro del Presupuesto General de la Nación para atender casos similares a los de Chente Sibrián.

¿Y mientras tanto? El icono del rock salvadoreño, a través del grupo Los Thorns y luego, Bronco en los 80 y 90 seguirá dependiendo de los pocos centavos que obtiene por enseñar el oficio que su padre le heredó: tocar la guitarra con un estilo muy propio.

Un estilo que le llevó a recorrer Centroamérica y a grabar, en 1996, un CD con el entonces grupo B-rock, convirtiendo en éxito la canción Cielo sobre Cielo y Ángel de Luz. Luz que él se esfuerza por irradiar.


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